¿Qué
tienen en común bienes el azúcar, el gas natural, la gasolina, el diesel, la
electricidad, el combustóleo, los productos
petroquímicos, las comisiones bancarias y de las Afores, la leche Liconsa, el transporte público, las telecomunicaciones, la
caña de azúcar, el maíz, la educación, los servicios médicos, el trabajo, la
investigación científica, la ganadería, los árboles, la pesca y el agua? Que en
la economía mexicana la formación de precios en los mercados de los bienes
mencionados está distorsionada por la intervención intensa del gobierno, lo que
es la causa de su mal funcionamiento.
Cómo
queremos un azúcar barato (como está en los mercados internacionales) si los
legisladores impusieron toda una serie de impuestos internos y aranceles para
proteger a los ineficientes productores de este bien a costa de expoliar al
consumidor. Cómo queremos comisiones bancarias bajas si la regulación
gubernamental es costosa e implica fuertes barreras a la entrada de nuevos
participantes y además el gobierno sigue siendo el principal prestatario de los
recursos financieros de los bancos. Cómo queremos leche baja para todos los
mexicanos si existen programas populistas como Liconsa
que, además de distorsionar los precios, sólo beneficia a los productores de
leche que le surten a este organismo, productores que además están protegidos de
la competencia de productores externos de leche por aranceles impuestos también
por el gobierno (más beneficiaria a los pobres y enriquecería a la economía en
general terminar con este subsidio y dejar que los productores nacionales
compitan libremente con los productores extranjeros-adelantarse a la liberación
arancelaria del 2008- para ganarse al consumidor con precios bajos; se liberarían
además recursos destinados al subsidio y se cancelaría la erogación que
significa sostener a los poco más de 4 mil burócratas empleados en Liconsa y que podrían dedicarse a emplearse en mercados más
productivos, lo que implicaría mayor formación de riqueza para la economía).
Cómo queremos comisiones bajas y rendimientos de las Afores, si hasta hace poco
sólo se les permitía adquirir para sus clientes bonos de deuda del gobierno, y
últimamente a las Siefore no se les deja escoger
libremente sus portafolios de inversión, sino sólo ciertos instrumentos
privados indexados y escogidos por el gobierno. Cómo queremos que la economía
mexicana forme el número de empleos necesario para la población si el gobierno
se ha entrometido y obliga a las empresas a hacer pagos que no existen en otras
partes del mundo (aguinaldo y reparto de utilidades), además de una serie de
leyes que por la vía sindical estorban la contratación y el despido de
trabajadores. Cómo queremos precios competitivos en bienes energéticos y
petroquímicos si sólo el gobierno tiene el monopolio de producirlos y además
año con año demanda recursos del contribuyente para mantener a la asfixiante
burocracia que maneja a las paraestatales energéticas. Cómo queremos servicios
médicos eficientes y a bajo costo para los usuarios si el gobierno obliga a las
empresas a contratar única y exclusivamente los servicios de salud producidos
por el Estado. Cómo queremos servicios de telecomunicaciones eficientes y
baratos si el gobierno a incentivado mediante regulaciones complejas (y a veces
mediante funcionarios capturados y comprados) un mercado con pocos
participantes donde empresas como Telmex, Televisa y TV Azteca imponen las
tarifas que quieren. Cómo queremos una educación e investigación eficiente si
el gobierno se ha convertido en el principal oferente de estos bienes y si
además los sindicatos y burócratas educativos (y los incrustados en organismos
como CONACYT) chupan año con año gigantescas sumas de dinero para mantener sus
privilegios. Cómo queremos suficiente oferta de agua si el gobierno la subsidia
y sólo beneficia a los más ricos (que son los que más usan agua). Cómo queremos
bienes agrícolas buenos y a precios competitivos si el gobierno distorsiona los
precios por la vía del subsidio aciertos grupos de productores disfrazados de
pobres. Cómo queremos una pesca y sector alimentario eficiente si ya el nuevo
secretario del ramo del régimen calderonista está
hablando de subsidios, y ”ayudas” a los productores de
estos sectores; claro, a nuestros políticos les gusta ganar eficiencia no por
la vía de la competencia sino a través del bolsillo del contribuyente. Cómo
queremos un gobierno eficiente si se la pasa distorsionando los precios
metiendo las narices en los mercados de bienes privados y expoliando el bolsillo
de los contribuyentes.
Cuando los
gobiernos no distorsionan los precios, entonces los mercados funcionan
adecuadamente y emiten las señales e incentivos adecuados a los agentes
económicos lo que garantiza que la asignación de los recursos escasos será la
óptima. Un precio es una señal de qué tan escaso ó abundante es un bien. Así,
si un bien es escaso (como lo es un diamante), su precio será alto. Obvio, a
mayor escasez, mayor precio. Viceversa, cuando hay abundancia de un bien (como
podría ser el agua), su precio puede ser relativamente bajo. Ojo, los precios
no me dicen si un bien es más valioso que otro (es obvio que el agua es más
importante para la supervivencia humana que un diamante), sólo me indican la
disposición a pagar de los consumidores dada la oferta y la demanda de millones
de compradores y vendedores en el mercado. Así las cosas, los precios
constituyen una señal esencial para productores y consumidores sobre qué tanto
cuidar los bienes escasos ó qué métodos productivos menos costosos adquirir
para producir dichos bienes. Cuando los mercados funcionan libremente, los
consumidores se acostumbran a ver alzas y bajas en los precios. Si los precios
son bajos, entonces se benefician. Si los precios son altos, entonces el
consumidor puede decidir, ó bien reducir su consumo, ó bien buscar bienes
sustitutos. Sin querer, con esa conducta, el consumidor incentiva que los
precios nuevamente bajen.
Recientemente
el gobierno federal decidió subir el precio de algunos combustibles. La
decisión es económicamente correcta, pues en los últimos meses el alza en el
petróleo-insumo esencial para obtener otros energéticos- ha ocasionado que el
costo de producir combustibles como la gasolina y el diesel suban. Esto
implicaba que se estaba dando una especie de subsidio a los usuarios de
gasolina y diesel, brecha presupuestal que además se agrandaba por que México
importa aproximadamente el 30% de combustibles como el gas y gasolina. Pero,
¿Por qué esto molestó a los consumidores? Por dos razones. La primera es que el
consumidor mexicano de combustibles no tiene forma de escaparse del alza, pues Pemex es el único y omnipresente monopolio que produce
productos energéticos. La segunda, cuando los precios del petróleo bajan, el
consumidor no ve ningún beneficio en su cartera, pues el monopolio de Pemex ya no ajusta sus precios a la baja, como si lo haría
en un mercado libre. Ojo, precios altos del petróleo benefician al gobierno, no
a los consumidores. Además los ajustes en los precios lo realizan burócratas no
en el momento económico adecuado (como se haría en un mercado eficiente), sino
en el momento político adecuado, lo que origina ajustes abruptos que molestan y
hacen desconfiar a los consumidores.
Es
el mecanismo de precios el que, cuando funciona eficientemente, constituye la
mano invisible que ya el gran economista liberal Adam
Smith, vislumbró como el sistema que coordinaba a
millones de personas que, sin conocerse, diariamente realizan transacciones en
los mercados.
En
México debemos entender que sólo el funcionamiento adecuado de los precios hará
que los mercados funcionen adecuadamente. La intervención gubernamental sólo
acaba empeorando la asignación de los recursos. No se confunda amigo lector. No
se deje llevar por rollo de políticos ignorantes. La ineficiencia de los
mercados arriba señalados no es culpa del “capitalismo salvaje”, ó del
“neoliberalismo”, ó de la “globalización”, ó del “imperialismo yanqui” y
tonterías como esas que a los políticos mexicanos les gusta repetir como
pericos. Sólo son pretextos para revivir al viejo modelo estatista
que tanto ha costado a México y que aún no se acaba de extirpar. No, la causa
de que los mercados no funcionen bien es la intromisión del gobierno en los
millones de decisiones que diariamente tomamos los consumidores por la vía de
los precios.
Son los
precios formados libremente los que coordinan de manera eficiente a los
millones de consumidores. Este mecanismo siempre será superior a los precios
que arbitrariamente fije un burócrata. Esta lección ya nos la dieron gigantes
como Milton Friedman, Friedrich
Hayek y Von Mises. Ojalá no la olvidemos. Si fuera cierto que el gobierno debe
intervenir todos los mercados, entonces el socialismo no se habría derrumbado y
sería hoy el sistema económico que generaría más riqueza. Si México quiere ser
un país de primer nivel, entonces debemos empezar por dejar que los mercados
funcionen libremente. No hacerlo, implicará mercados deficientes que asignan
mal los recursos escasos y por supuesto, millones de consumidores y contribuyentes
más pobres a costa de pequeños grupos de productores enriquecidos.