En la etnia de los comentaristas sabelotodos tenemos
un pésimo récord de bateo. Salvo excepciones, nos fallan los pronósticos y los
augurios. Tal vez por eso cada día son más frecuentes, en los púlpitos virtuales
de los comentaristas –que se llaman periódicos, radio, televisión, mesa redonda,
conferencia-, las diatribas contra la realidad que, terca, no se acomoda a
nuestras “sabias” reflexiones. Peor para la realidad…
Pongo un ejemplo. El jueves un prestigiado diario en
su sección de Negocios publicaba: “Para sorpresa de todos, 38 mil trabajadores
sindicalizados de Ford aceptaron el plan de
jubilación adelantada propuesto por la compañía…”
A pesar de los datos duros –como ahora se dice– las cuatro primeras palabras de la “información”
matan cualquier objetividad: “Para sorpresa de todos”. Si esto fuera cierto, si
todos –absolutamente todos- NO esperaban ese resultado, la información debería
narrarnos algunos fenómenos milagrosos, por ejemplo: El trabajador
sindicalizado Fulano sigue sin entender qué pasó y declaró: “Llegué con la
firme convicción de que no aceptaría ese absurdo y ofensivo plan de jubilación
y de repente, no entiendo por qué, lo acepté, hice lo que no quería hacer; peor
todavía: Hice lo que todos –yo incluido- sabemos que no iba a hacer”. La clave
del asunto está en ese dogmático “todos”. ¿Quién es “todos”? “Todos” es quien
redactó la “información” y tal vez las fallidas fuentes –los expertos
comentaristas- en que abrevó para no tomarse la molestia de preguntarle a la
realidad.
Llegamos hoy en México al inicio de un nuevo gobierno.
La etnia de los comentaristas dispara los más alarmantes pronósticos. Menudean,
en los púlpitos de la falsa “opinión pública”, todo género de advertencias
sombrías y de anuncios catastróficos. Pero en realidad lo más probable es que
mañana, dentro de un año o dentro de seis años, nos “informen”: “Para sorpresa
de todos –es decir, del que lanzó los terribles malos augurios y de su cofradía-
las cosas no pasaron como era previsible que pasaran”. Es decir: No llegó la
catástrofe anhelada, la crisis tan predicada se desinfló, la realidad volvió a
burlarse del “destino”.
No hago augurios porque no creo en el destino, sino
en la libertad. No soy romántico y por eso no creo saber lo que nos depara un
destino inexorable. Vaya, detesto a tanto Víctor Hugo disminuido metido a
comentarista. Aunque se esfuerce la etnia de los comentaristas los medios
siguen siendo, para bien o para mal, pésimas imitaciones fallidas de “Los
Miserables”.
El futuro será lo que nosotros hagamos de él. La
mayoría de los mexicanos tenemos la suficiente generosidad e inteligencia para
que nos vaya bien. Empezando por el nuevo Presidente Constitucional, Felipe
Calderón Hinojosa.
Ya nos dirán, en 2012, que “para sorpresa de todos”
las cosas no fueron tan terribles como “todos” habían predicho.