Niall Ferguson,
el brillante historiador escocés, acaba de publicar un ensayo en el que
extiende el análisis de su más reciente libro (The War of the World: Twentieth-Century Conflict and the Descent
of the West)
para explicar la aparición en la escena mundial de un crecido número de
demagogos.
Señala que los demagogos están de
regreso en muchos países, berreando sus consignas y señalando con dedos
flamígeros a los culpables de los desastres que aquejan a sus seguidores, que
casi siempre incluyen al imperio yanqui de satánica perversidad.
En América Latina el boliviano Evo Morales y el mexicano Andrés Manuel López Obrador se sumaron
al venezolano Hugo Chávez para
llenar de oprobio e insultos a los “diabólicos imperialistas gringos,” pero que
el florecimiento de la demagogia se extiende mucho más allá.
En el Cercano Oriente están Mahmoud Ahmadinejad
en Irán y el líder de Hezbollah en Palestina, Hassan Nasrallah,
que complementan su obsesión antiyanqui con un marcado sesgo antijudío, que llevó al líder iranio a negar que el
holocausto hubiera siquiera ocurrido que segó seis millones de vidas.
Ferguson advierte que Estados
Unidos no debe ignorar este surgimiento demagógico en el resto del mundo, a
pesar de ofrecer un discurso a todas luces absurdo. Ello se debe, a su juicio,
a la impopularidad y decreciente influencia de EU, lo que puede conducir a la
peor crisis de su política exterior desde los sonados fracasos de Jimmy Carter hace tres décadas.
La parte más interesante de la tesis
de Ferguson radica en explicar las causas que han alentado esta insólita aparición de
demagogos, entre las que destacan:
·
Guerras y revoluciones que les ofrecen un campo fértil para
su retórica, por lo que los conflictos en Irak y Afganistán son el equivalente
contemporáneo de la revolución fundamentalista islámica en Irán de los años
setenta.
·
Una volatilidad económica severa también genera condiciones
propicias para que la gente crea con mayor facilidad los cantos demagógicos. Resulta
significativo que el crecimiento económico en América Latina y el Cercano
Oriente hayan sido mucho más variables que en Estados Unidos. Apunta también que
cuando la población esta comprimida entre severas variaciones en sus ingresos y
en los precios, y confronta una inseguridad crónica en su empleo, es mucho más
susceptible de cuestionar el status quo
y de creer en promesas mesiánicas.
·
El nivel promedio del ingreso por habitante y su
distribución juegan también un papel de consideración. Hoy el ingreso per cápita en los países de América Latina
y el Cercano Oriente es similar al que tenía la población de Europa central en
el período entre la primera y la segunda guerras mundiales, pero con una peor
distribución. El caldo de cultivo ideal para el surgimiento de demagogos ocurre
justamente cuando hay hordas de gente de escaso nivel cultural que se debate
entre la más abyecta pobreza, característica del tránsito
entre sociedades rurales atrasadas a un medio urbano inhóspito que no tiene
trabajo que ofrecerles. Esa gente al mismo tiempo atestigua la riqueza increíble
de segmentos minoritarios de la sociedad.
Ferguson concluye que al igual
que en los años treinta surgieron en Europa central los grandes demagogos que
hundieron al mundo en
Apunta, además, que los demagogos de
hoy Ahmadinejad, Chávez y Correa en Ecuador,
controlan el 20% de las reservas probadas de petróleo del mundo, lo que a
precios como los actuales de alrededor de 60 dólares por barril, les otorga un
poder y una influencia enormes.
Este
análisis ofrece un contexto histórico y geográfico global muy útil, creo yo, para
ubicar a nuestros propios demagogos.