12/4/2006
Cuatro minutos
Cristina Massa

Fueron cuatro minutos los que duró la accidentada toma de protesta de Felipe Calderón. Cuatro minutos cruciales para la vida política, jurídica e institucional del país, porque ilustran claramente el estado de las cosas. El nuevo Presidente, rodeado de un gabinete sujeto a fuertes cuestionamientos, enfrenta a un Congreso dividido, agraviado, inmaduro e irresponsable. Invitados incómodos presenciando un espectáculo triste, un inicio de funciones por la puerta de atrás, resguardada por legisladores instalados desde 68 horas antes para abrirle paso. Un Palacio legislativo rodeado de la fuerza pública, manifestantes (aunque relativamente pocos) en las calles. De esos cuatro minutos, sigue el alivio: un evento entre simpatizantes, con pancartas de apoyo y aplausos, discursos y propuestas.

 

Existen tantas lecturas como agravios infligidos entre los partidos desde el inicio de las campañas federales. Para cada una de las partes, escuchar sólo los vítores de los partidarios es tan equivocado como proferir sólo expresiones de denuesto. Ignorarse, el principio del fracaso. Los errores de los lopezobradoristas son tema recurrente, por lo que no les dedicaremos espacio hoy.

 

Los llamados a la concordia, al trabajo conjunto, a empujar una agenda común, están a la orden del día del lado de los “oficialistas”, como se ha dado en llamar en la prensa internacional a Felipe Calderón y al PAN. Pero, por loables que sean, no se perciben pruebas que los respalden. El nombramiento de los miembros del nuevo y flamante gabinete son una clara muestra: un equipo que confirma el “continuismo” en lo económico y en lo social, y mano dura en lo político. Independientemente de la posible idoneidad de sus integrantes para lograr el programa de gobierno de Calderón, es indudable que no pueden leerse como pruebas de reconciliación.

 

A nadie puede habérsele ocurrido que el nombramiento de Ramírez Acuña en Gobernación fuera a complacer a la izquierda ni a ninguno de los grupos en conflicto con el gobierno. Insistimos, no ponemos aún en duda que pueda ser efectivo en sus funciones de manejo de la política interior. Lo que sostenemos es que no es una señal de interés genuino en un pacto político que pudiera incluir al Frente Amplio Progresista.

 

Lo mismo puede decirse del gabinete económico. Seguramente Agustín Carstens tiene la formación y la experiencia para encabezar exitosamente la Secretaría de Hacienda y mantener el rumbo de una sana macroeconomía. Tal vez incluso pueda lograr un crecimiento económico mejor que el de este sexenio. Pero ciertamente es cuestionable que sea un hombre decidido a “rebasar a la izquierda por la derecha”. Y así podríamos seguir.

 

Se puede también inferir de los nombramientos la retribución de lealtades, el cumplimiento de compromisos y la cesión a presiones. Los espacios a los foxistas, quienes fueron en el mejor de los casos tibios en su apoyo a Felipe, son ejemplo de lo último. Un gabinete azul, que no busca combinación alguna con los colores de los otros partidos.

 

Aparentemente, pues, la apuesta de Calderón es buscar un acercamiento con los suyos para conseguir en primer lugar su apoyo incondicional y gobernar a su manera. Lo que se tiene que ver con claridad es que esto no va a resultar en un acercamiento con la oposición, en particular con los partidos del FAP. No los necesita para aprobar iniciativas, ciertamente, pero no podrá llamarse a engaño si los quince millones de votantes que apoyaron a la Coalición por el Bien de Todos en las urnas, más muchos otros mexicanos que se vieron en la prioridad de la agenda económica y social de López Obrador, se sienten excluidos por este motivo.

 

Cuatro minutos que marcan el inicio de largos seis años.



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