Sostengo que en su primer encuentro frontal con
alguno de los “poderes fácticos” de México, el Presidente Felipe Calderón ganó
la partida en forma contundente.
Pero para evitar que por ahí salga algún “vocero”
oficioso que sentencie: “Lo que Roiz quiso decir es
que…”, parece necesario precisar de qué estamos hablando.
Empecemos por la definición. ¿Qué diablos es eso de
“los poderes fácticos” tan de moda en los sesudos análisis y en los discursos
políticamente correctos?
Cada cual usa la etiqueta “poderes fácticos” a su
gusto. Lo que nos deja, a los pobrecitos mortales, un tanto desconcertados. Mi
amiga Clotilde, por ejemplo, asegura que no ha conocido “poder fáctico” más
terrible que la señora que fue otrora su suegra o madre política. Otros hablan
de los “poderes fácticos” como si se tratase de una entidad sin rostro, ubicua,
desde luego casi omnipotente, que nos amenaza embozada desde una oscuridad
indefinible. La ventaja de esta descripción “mágica” de los “poderes fácticos”
es que, dada su ambigüedad, lo mismo sirve para un barrido que para un fregado.
Es una etiqueta para todo uso en el discurso como lo fueron hace décadas las
etiquetas del “imperialismo”, “la reacción”, “las fuerzas oscuras del mal”, “la
derecha”, “los poderosos”, “los de arriba”… Sin nombres, ni apellidos.
En situaciones como esta demuestran su utilidad los
académicos de la lengua que, bien que mal, se ven obligados –ante la aparición
de neologismos que hacen fortuna, por su uso y abuso- a precisar los términos
de una definición. De ahí que se agradezca a los señores de
“Poder fáctico
es el que se ejerce en la sociedad al margen de las instituciones legales, en
virtud de la capacidad de presión o de autoridad que se posee; por ejemplo: la
banca,
Si esto es así, ¿y quién es uno para negarle
autoridad definitoria a los académicos de la lengua?, resulta que Clotilde, al
motejar a la señora que fue su suegra como terrible “poder fáctico”, no anda
tan desencaminada. Pero yo tampoco estoy errado, porque el viernes primero de
diciembre Felipe Calderón enfrentó con singular éxito los amagos de unos
señores y de unas señoras que, alentados por las órdenes de su líder y caudillo
de apellido López, buscaron romper –tal vez irremediablemente- el orden
constitucional, impidiendo que el Presidente rindiese su protesta ante el
Congreso, tal cual señala
Que esos señores y esas señoras ostenten el fuero de
legisladores no les autoriza en forma alguna a proponer una flagrante violación
a
Es decir, se trata de un “poder fáctico”, al margen
de la ley, que creció al amparo de la irresponsabilidad con que algunos medios
de comunicación y presuntos “líderes de opinión” trataron a ese “poder fáctico”
cual si tuviese autoridad moral, legal o constitucional
para transgredir la moral republicana, la ley y
También fue fertilizado este “poder fáctico” por la
indolencia que manifestaron el expresidente Vicente
Fox y su escudero, Carlos Abascal, para cumplir y hacer cumplir la ley en lugar
de andar montando vistosas e inútiles mesas de negociación –costosas
y dañinas para la vida institucional de una República- en las cuales se le
otorgó a ese “poder fáctico” (desbocado e insolente) alguna suerte de autoridad
–por encima del resto de los ciudadanos- de la que a todas luces carecen.
Dicho lo anterior, y librada la primera batalla con
éxito contra un “poder fáctico”, el Presidente Felipe Calderón habrá de seguir
librando batallas contra muchos otros de esos “poderes” al margen de la
legalidad que pretenden imponernos sus convenencieras
reglas del juego despreciando la supremacía de la ley escrita y consagrada.
Sería divertido que en las secciones de “sociales” o
de “gente bonita” de los periódicos empezasen, para variar, a llamar por su
nombre a otros de estos “poderes fácticos”. Por ejemplo: “En la gráfica vemos
departiendo amablemente a don Fulano y a don Perengano con uno de los
principales poderes fácticos de México, el ingeniero Carlos Slim
Helú”. O también: “El aguerrido poder fáctico
conocido como Ricardo Salinas Pliego festejó por todo lo alto los 100 primeros
años del imperio de negocios que heredó y acrecentó hasta confines
sorprendentes”. O quizá: “Ejerciendo con total impunidad su poder fáctico, la
corporación Televisa se ha dado a la noble tarea de destrozar ante el público
la reputación de Isaac Saba, quien ha tenido la
insolencia de querer competir con esa querida televisora”. Otra opción: “El
sindicato de los petroleros, poder fáctico si los hay, vio con desdén el
nombramiento de Jesús Reyes Heroles como nuevo
director de Pemex”. Y una más: “Hablando como vocero
de uno de los más temibles poderes fácticos de México, la maestra Gordillo, el
líder formal del sindicato de maestros vituperó a la nueva Secretaria de
Educación Pública”.
Digo, para que nos vayamos entendiendo.