Finalmente Felipe Calderón cumplió con el mandato constitucional de
prestar protesta como presidente de la república. Desde el primer minuto del 1
de diciembre se llevó a cabo la entrega formal del mando del ex mandatario
Vicente Fox. Tomaron protesta de sus cargos los titulares de defensa y marina a
la medianoche también, como lo establece la costumbre y para dejar en claro que
ni un minuto se pierde la continuidad del mando de las fuerzas armadas. El
presidente Calderón ofreció su primer mensaje a la nación apenas pasada la
media noche. Esto es algo que no se había hecho con anterioridad, pero fue una
manera de dejar en claro que el cambio de poder había ya tenido lugar.
En la mañana Calderón se dirigió al Palacio Legislativo, sede oficial
del Congreso de
El día transcurrió con una reunión política del nuevo presidente ante
un Auditorio Nacional repleto de sus simpatizantes y un desfile en el Campo
Marte con el que las fuerzas armadas le expresaron su lealtad al nuevo
presidente.
Al término de las ceremonias, sin embargo, quedaba claro que los retos
que enfrenta el nuevo gobierno no habían terminado. Por el contrario. Los
problemas del país adquirieron una vez más su real dimensión. Las protestas de
López Obrador y de los perredistas son, en este
sentido, de poca monta. No son realmente significativas las dudas sobre la
legitimidad del presidente Calderón. A pesar de la fuerte campaña del PRD para
levantar sospechas, las encuestas de opinión señalan que el 85 por ciento de
los mexicanos, incluyendo a muchos que votaron por López Obrador, consideran
que Calderón es el presidente constitucional y legítimo de la república. Sólo
un grupo pequeño, el cual está concentrado sobre todo en el Distrito Federal,
bastión del PRD, considera realmente que López Obrador sea el presidente
legítimo de México.
Los retos de López Obrador palidecen frente a los verdaderos problemas
del país. Mucho más difícil para el presidente Calderón que justificarse ante
los perredistas será enfrentar a los narcotraficantes,
que han llevado a cabo ejecuciones constantes en distintos lugares del país a
lo largo de los últimos dos años. Complicado también será promover una mayor
competitividad del país, que permita un más rápido crecimiento económico y, en
consecuencia, una mayor creación de empleos. Combatir la pobreza, que es uno de
los principales males de nuestra nación, será también un reto gigantesco. E
igualmente difícil será acostumbrar al país, y especialmente a los políticos y
a los empresarios poderosos, a aceptar la aplicación de la ley como una norma
para todos. Ante todos estos retos, realmente, los desplantes de López Obrador
y del PRD no son nada serio.
El sexenio apenas está comenzando.
Es muy temprano para ofrecer cualquier juicio acerca de él. Sus retos son ciertamente
enormes. Pero el que el presidente se haya atrevido a cumplir el mandato de