Como consecuencia de los kafkaianos eventos
políticos sucedidos durante los últimos meses, finalmente podemos declarar
ganadores y perdedores. Sin lugar a dudas el gran triunfador se llama Felipe
Calderón. El presidente debutante, sin dejarse intimidar por los neandertales perredistas apostados en el congreso, tampoco por los
corteses envíos de los priístas, penetró galantemente la jaula de los rabiosos
changos para cumplir el mandato de la constitución que juró respetar.
Pero el premio al perdedor se debe compartir entre
el PRD, la tribu de caníbales propietarios de la violencia y del absoluto
desprecio por la ley, y AMLO que se devela como un sicótico, irresponsable y
megalómano por lo que el simple pensamiento de entregarle las riendas del país,
baste para estremecer la conciencia de los mexicanos. También debe servir como
señal de alarma ante el precipicio por el cual México estuvo a punto de rodar,
y preguntarnos ¿Por qué?
Pero aun ante el bochornoso espectáculo que
proyectamos ante el mundo, quiero ahora concentrarme en lo positivo del evento.
Yo pienso que tanta barbarie exhibida en el Congreso, en parte se diluye con el
mensaje dirigido por el ya ungido Presidente Calderón.
Ante una eufórica multitud congregada en el
auditorio nacional, el nuevo presidente inicia con el “sí se pudo y sí se
puede.” Corta frase pero de un sabio y profundo significado. La noche del
pasado 2 de Julio, ante el resultado de la elección y los primeros escalofríos
cerebrales de AMLO, infinidad de expertos afirmaban que un México a la deriva,
sin liderazgo, sin instituciones y con una esquelética democracia, no
resistiría el proceso que iniciaba para culminar el 1 de Diciembre, pero sí se
pudo.
Calderón procedió luego a dibujar el mapa de lo que
será su mandato. Abre reafirmando lo que recién hubiera jurado: “hacer guardar
Con gran asertividad,
continúa aceptando el cáncer de los grados de criminalidad que azotan a la
sociedad. Recuerdo entonces las palabras de San Agustín: “En ausencia de la
ley, soberanía no es mas que pillaje organizado.” Es cuando hace su segundo
enunciado liberal afirmando la responsabilidad básica del gobierno es proteger
vida, libertad y propiedad de sus ciudadanos. Procede entonces con su
compromiso para encabezar una administración que verdaderamente cumpla con esa
responsabilidad.
Identifica luego el gran flagelo de la nación, la
pobreza, pero lo hace de forma diferente al resto de los demagogos. La define
como consecuencia de los virus que han azotado al país durante siglos. La pobreza
no es sólo la conocida y vergonzosa concentración de riqueza cortesía de
nuestro mercantilismo. En gran parte es consecuencia del raquítico crecimiento
económico que hemos experimentado, y así desenfunda lo revelador de su mensaje.
Debemos seguir apoyando a los desposeídos mediante el gasto social, pero para
que haya caldo de pollo, primero debemos conseguir el pollo y se solicita
ayuda.
Continúa, “la pobreza sólo se podrá conquistar a
base de crecimiento económico para lo cual—y emerge la sabiduría del mensaje—el
gobierno debe remover los obstáculos al nacimiento y desarrollo de medianos y
pequeños negocios, que son los que más aportan a la construcción del PIB de la
nación y los verdaderos creadores de empleo.” Prosigue; “como parte fundamental
de ello, debemos perder el ancestral miedo a la competencia en un mundo cada
vez mas competido.” Es decir, se atrevió a mencionar, promover, llegando hasta
exigir el contenido de esa palabra tan odiada por los empresarios
mercantilistas: ¡competencia!
Llegan a mi mente las palabras de Reagan: “La estrategia de los gobiernos siempre ha sido; si
se mueve, grávalo. Si continúa moviéndose, regúlalo. Si deja de moverse,
subsídialo.”
Pasa ahora a desmantelar otro mito: “No debemos
seguir dependiendo de las exportaciones,” y yo pienso en la afirmación de Adam Smith: “la única razón para
exportar, debe ser el tener divisas para poder importar.” Es decir, Calderón,
en coro don Adam Smith,
señalaba la importancia del mercado interno coincidiendo con el maestro, Art Laffer, cuando asegura una de
las señales en economías saludables es el déficit de sus balanzas comerciales.
Pero el mercado interno sólo se podrá desarrollar liberando la economía, y aquí
le mando una pista al presidente. En el índice mundial de libertad económica,
entre 100 países, México ocupa el lugar #68.
Los objetivos del presidente riman bellamente. El
crecimiento económico, elemento base para erradicar la raíz de la pobreza, se
logrará liberando el aparato productivo para hacernos competitivos, y se
prepara para iniciarlo. De esa forma deba emerger un robusto el mercado interno
que genere los empleos demandados, y los mexicanos no se vean obligados a
emigrar. Para ello, subraya con fuerza, “debemos construir un entorno adecuado
para los negocios que provoque una competencia justa. México tiene que competir
para ganar,” afirmaba casi gritando.
Al final de su mensaje, Calderón toca el pestilente
tumor que ha cargado el país desde su nacimiento: una ley pervertida que ha
desvirtuado su propósito para convertirse en instrumento de lo que debe
combatir. Si algo caracteriza a México a través del mundo, es una cultura de
ilegalidad e impunidad y AMLO, con su fiera pandilla de Mao
Maos, representaron el mejor ejemplo. Es cuando
Calderón, como el abogado que es, asume el serio compromiso de establecer un
verdadero estado de derecho, recogiendo la afirmación de Bulnes
en 1903: “México quiere que el sucesor del Gral. Díaz se llame… la ley.”
El mapa está trazado y yo le digo al presidente: Tu
lucha es grande Felipe, es David contra Goliat, pero tienes el arma más
poderosa, la verdad y la ley. Esa ley que es justicia y solo bajo su amparo,
bajo el reino de lo justo; bajo el amparo de la libertad, seguridad con
responsabilidad, es como cada quien logrará su merecida recompensa y la
dignidad de su persona. Es solamente bajo el amparo de esa ley, la forma en que
los mexicanos serán capaces de lograr el ordenado, justo y pacífico progreso de
nuestra agraviada patria.
“El respeto al derecho ajeno es la paz, el crecimiento
de la industria y el progreso de los pueblos.”