12/7/2006
Los retos de Calderón
Sergio Sarmiento

Atrás han quedado los tiempos de las campañas y las promesas. Ha llegado el momento de la verdad: de enfrentar los retos de gobierno.

 

Felipe Calderón se convierte en presidente de la república en un momento sumamente complejo de la historia reciente de nuestro país. La legitimidad de su triunfo ha sido cuestionada por el PRD; y si bien las encuestas de opinión señalan que la enorme mayoría de la gente está convencida de la limpieza del triunfo electoral del presidente, hay un 20 por ciento que le cree a Andrés Manuel López Obrador en sus afirmaciones de que fue víctima de un fraude. Por otra parte, Calderón se enfrenta en Oaxaca a un conflicto que en buena medida creció por la falta de atención del anterior gobierno federal.

 

El nuevo presidente toma posesión en un país en el que el crecimiento económico ha sido insatisfactorio durante años o décadas y que requiere de reformas profundas para lograr una mayor competitividad. La creación de empleos ha sido también muy lenta; en todo el sexenio de Vicente Fox se generaron menos de dos millones de empleos formales, cuando simplemente para ofrecer trabajo a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral habría sido necesario crear seis millones.

 

Quizá el mayor reto que enfrentará el nuevo presidente de México tiene que ver con la violencia del narcotráfico. Durante mucho tiempo los gobiernos mexicanos pudieron pretender que el comercio de las drogas no era realmente un problema de nuestro país. México era un trampolín, pero el consumo se hacía en Estados Unidos y no aquí.

 

Hoy ya no podemos cerrar los ojos a lo que está ocurriendo en nuestro territorio. Por una parte aumenta cada vez más el consumo de drogas en México. Pero más inquietante es el surgimiento de bandas organizadas de delincuentes que realizan ejecuciones constantes en distintos lugares del país, como Michoacán, Guerrero y Nuevo León, sin que las autoridades puedan detenerlas o castigar a los responsables.

 

México se encuentra en una posición muy curiosa. Los monopolios públicos y privados en la economía impiden una mayor competitividad y una mayor prosperidad. Pero al mismo tiempo, el Estado mexicano ha perdido o ha renunciado a ese monopolio de la fuerza que los teóricos afirman es condición indispensable para la existencia de un verdadero gobierno.

 

Felipe Calderón, el nuevo presidente de México, tendrá la responsabilidad de tratar de enderezar el rumbo del país. No es banal el propósito. No es mera propaganda el decir que México va mal. Se requiere de un enorme esfuerzo para enfrentar los retos que hoy detienen el desarrollo nacional. Esperemos que Calderón esté a la altura del momento que enfrenta nuestro país.



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