El
viernes pasado la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas
Carbonatadas A.C., que representa los intereses de esa poderosa industria,
informó a los diputados y “a la opinión pública” que de aprobarse un impuesto
de cinco por ciento a los refrescos la demanda por esos productos disminuiría
en 638 millones de litros. Eso significa, para quien sabe algo del devastador
efecto que tiene el alto consumo de azúcar refinada sobre la salud, especialmente
sobre la salud de niños y jóvenes ávidos consumidores de refrescos, que tal
impuesto será una excelente medida de salud pública que deberíamos aplaudir con
entusiasmo.
(Lo chistoso es que los productores de refrescos ofrecen esa y otras proyecciones sobre los efectos que causará ese gravamen en la demanda de refrescos y azúcar, ¡para oponerse al impuesto!).
México
es el segundo país de la OCDE con mayor número de obesos y personas con
sobrepeso, sólo superado por Estados Unidos en ese vergonzoso campeonato.
Tenemos 62.3 por ciento de adultos con sobrepeso y 24.2 por ciento de adultos
obesos. Como concentración urbana con mayor número de personas obesas o con
sobrepeso, la Ciudad de México tiene el campeonato mundial.
Para
combatir las graves enfermedades derivadas del sobrepeso y de la obesidad
México ha gastado en los últimos siete años alrededor de cinco mil millones de
dólares. Parece mucho más inteligente prevenir esas enfermedades, disminuyendo
el consumo de azúcar, mediante un impuesto, que gastar toneladas de dinero
público para paliar el mal cuando ya está hecho y los daños son probablemente
irreversibles.
Los
productores de refrescos advierten que son los hogares de ingresos más bajos
los principales consumidores de este producto. Cierto. Lo que no se entiende es
por qué proponen, entonces, seguir alentando entre los más pobres los peores
hábitos alimenticios, la malnutrición y la obesidad. ¿Tienen alguna
inconfesable aversión por los pobres?
El
consumo diario de un refresco azucarado de 355 mililitros aumenta en 60% el
riesgo de que un niño padezca obesidad.
Además,
hay sólidas evidencias de daños a la salud mental provocados por el alto
consumo de azúcar. Es una sustancia con efectos psicológicos adictivos: Provoca
una leve y temporal euforia, seguida por estados de leve depresión. Conforme
aumenta el consumo y la frecuencia estas oscilaciones tanto la euforia como la
depresión se hacen más graves.
Si damos por bueno el cálculo de los productores de refrescos acerca de la elasticidad con que reaccionará la demanda de refrescos ante un leve aumento en el precio, tenemos que exigir que ese gravamen se apruebe. Digo, si en algo nos interesa la salud de los hogares más pobres de México, y de los niños que crecen, y engordan, en esos hogares.