Tal como comentábamos la
semana pasada (en materia del presupuesto que regirá el próximo año), el
recorte salarial al Presidente y a altos funcionarios del gabinete, fiscalmente
es un recorte ínfimo (para el tamaño del presupuesto). Representa alrededor de
100 millones de pesos. De cualquier manera, no deja de ser una buena señal de
que el gobierno también asumirá sacrificios. Sin embargo, el anuncio de
austeridad fiscal está lejos de serlo. Se trata en todo caso de un mayor
control en los gastos operacionales del gobierno y de un ajuste en algunos de
los servicios personales que se prestan en las dependencias gubernamentales.
Con esto, el ahorro que obtiene la administración actual ronda los 25 mil
millones de pesos. Empero, estos recursos no serán canalizados a pagar deuda,
sino reorientados a gasto social y protección ecológica.
Por otro lado, el gobierno
calderonista otorgará recursos sin precedentes al seguro universal, subsidio a
vivienda, seguro infantil, apoyo a pequeñas y medianas empresas y a
infraestructura. Para ello se planea complementar recursos con la cancelación
de algunas tradicionales deducciones fiscales. Ojalá que estos recursos se
ejerzan con estricto criterio de costo-beneficio. Si no, será nuevo derroche.
Aunque entendemos lo
complicado que es políticamente para el Presidente Calderón negociar un
verdadero presupuesto austero, creemos que no se están sentando las bases para
de una vez por todas desaparecer con el despilfarro gubernamental.
Un verdadero plan austero
incluiría el cierre de varias secretarías de Estado que año con año sólo
engordan al presupuesto público. Esto incluiría, por supuesto, a las numerosas
comisiones al interior de estas secretarías que sólo sirven para inhibir a la
actividad económica vía regulaciones onerosas y numerosos trámites
burocráticos. En fin que, con el riesgo de parecer aguafiestas, tenemos que
decirlo: un verdadero presupuesto austero incluye un recorte serio del
aparato burocrático que es aún gigantesco. Una auténtica austeridad pasaría por
recortar también a la mitad el número de diputados y senadores y también la
reducción de sus cuantiosas dietas. Un verdadera austeridad implicaría
cuantiosas reducciones presupuestales dirigidas a los partidos políticos (ya el
Presidente Calderón hizo un llamado a los partidos para reducir lo oneroso del
sistema político mexicano; esto se tendría que hacer el próximo año, pero falta
ver si hay verdadera voluntad de los políticos para hacerlo). Una autentica
austeridad significaría que los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial ya no
recibieran un solo centavo para hacerse publicidad radio-televisiva (que sólo
les sirve para justificar su ineficiencia). Una auténtica austeridad implicaría
un superávit presupuestario, una reducción de la deuda interna y la creación de
un fondo petrolero que ya no se despilfarre entre los distintos niveles de
gobierno. Una auténtica austeridad implicaría un gobierno más pequeño que
implique por tanto una menor regulación e impuestos para los particulares. Una verdadera
austeridad implicaría mayor libertad económica para que los agentes económicos
creen mayor riqueza. Una auténtica austeridad implica menor cantidad de
políticos y burócratas.
En fin que, lo
único aplaudible es la determinación del Presidente Calderón de no romper con
el equilibrio presupuestal y de seguir reduciendo paulatinamente el impuesto
sobre la renta. Ni modo, tenemos que conformarnos con lo posible sin alcanzar
lo deseable.
Bueno, por lo menos el
Presidente Calderón está consciente que la salida no es el derroche fiscal, y
al menos, emite señales de que hay que gastar mejor, más en la gente y menos en
el gobierno.
Los que francamente dan vergüenza son los
legisladores del Congreso de la Unión y el nuevo Jefe de Gobierno del DF,
Marcelo Ebrard. Los primeros, contrario a las señales de austeridad emitidas
por el Presidente, ya se aprobaron un presupuesto millonario para aumentar sus
dietas y hacer posible la construcción de una nueva sede de la Cámara de
Senadores. Puro cinismo, ya llevan 5 meses sin legislar nada importante, y ya
quieren un nuevo elefante público para habitar.
En cuanto a Marcelo Ebrard,
reiteramos, pobres defeños. Ya anunció su gabinete. Los defeños quedaremos en
poder de los Batres y los Bejaranos (y por supuesto de López otra vez).
Asimismo, tendremos que enfrentar mayores impuestos futuros para hacer frente a
la nueva burocracia onerosa y parasitaria que creará Ebrard. Ojo amigo
contribuyente defeño, Ebrard ya decidió
integrar tres nuevas áreas al gabinete: la Procuraduría Social, el
Instituto de las Mujeres y el de Ciencia y Tecnología. Asimismo, planteó la
creación de cuatro nuevas secretarías: Protección Civil y Previsión,
Protección y Fomento al Empleo, Educación Pública y la de Equidad y Comunidades
Étnicas (sí, aunque no lo crea amigo lector, una dependencia indigenista en el
DF), así como la constitución de una Coordinación del Centro Histórico. ¿Qué
tiene que ver esto con la filosofía de ataque a la pobreza de la dizque “nueva
izquierda”?. Nada, se trata otra vez del viejo populismo priísta setentero de
crear grandes pulpos burocráticos para “hacer política social”. No es más que
creación de burocracia para incrustar a los “cuates”, para que usted y yo,
amigo lector, sostengamos con nuestros impuestos a estos parásitos. La pobreza
es lo que menos le importa al gobierno perredista del DF.
Ebrard,
al igual que Alejandro Encinas, será un lacayo de López, y ojo, estamos seguros
que usará impuestos de los defeños para financiar las actividades ilícitas del
mesías tropical. Pobre DF.
Ya es hora de entender que la falsa
austeridad sólo beneficia a los gobiernos (de todos los poderes), nunca a los
ciudadanos. El día en que haya una verdadera planeación estratégica en el gasto
de gobierno, la mayoría de los programas burocráticos (y los burócratas por
supuesto) no tendrían razón de existir. De ahí la reticencia de políticos y
burocracias para ser evaluados con criterios rigurosos de costo-beneficio. Hay
que recordarle continuamente al gobierno, que vive de los impuestos producto
del trabajo productivo de los ciudadanos. Es hora de que los ciudadanos le
exijamos seriedad a los gobiernos.
Apenas
está iniciando, y ya está cometiendo errores garrafales Marcelo Ebrard. Ya
amenazó con “arreglar” la escasez de agua en el DF en algunas delegaciones,
quitándole el flujo de agua a otras (a las delegaciones panistas Miguel Hidalgo
y luego previsiblemente a Benito Juárez). Vaya frivolidad e ignorancia del Sr.
Ebrard. Que se deje de demagogia y entienda que la solución a la escasez de
agua pasa por privatizar su servicio y dejar que los precios que reflejen el
costo real de traerla al DF. Hay que exigirle a Ebrard que se ponga a trabajar
en serio, lo que implica que no sea lacayo político de López y que de una vez
por todas deje ya de amagar a los ciudadanos de las delegaciones que no votaron
por él.