David Ricardo (1772 – 1823), cuya teoría de
las ventajas comparativas es una de las aportaciones más importantes que economista
alguno haya hecho a la ciencia económica, afirmó que “Inglaterra sería la
nación más feliz del mundo”, y que “su progreso hacia la prosperidad estaría
más allá de los poderes de la imaginación, si lográramos deshacernos de dos
grandes males: la deuda nacional y las leyes de granos”. La deuda nacional, es
decir, la deuda pública, es decir, la deuda del gobierno. Las leyes de granos,
es decir, la prohibición de importar granos, es decir, el mercantilismo, es
decir, el proteccionismo. Grandes males - proteccionismo y deuda gubernamental
- que impiden un mayor progreso económico, grandes males que siguen estando
presentes. Centro la atención en el segundo de ellos.
A lo largo del sexenio foxista
(a octubre del 2006) la deuda externa neta del gobierno se redujo 24 mil 437
millones de dólares, el 31.5 por ciento, al pasar de 77 mil 661 millones a 53
mil 224 millones. Por su parte la deuda interna neta (también a octubre del
2006) aumentó 132.8 por ciento, 761 mil
981 millones de pesos, y pasó de 573 mil 788 millones a 1 billón 335 mil 769
millones. Obviamente que el aumento (132.8 por ciento) en la deuda interna
contrarrestó la disminución (31.5 por ciento) en la externa, razón por la cual
la deuda total (interna más externa), medida en pesos, pasó de 1 billón 327 mil
100 millones a 1 billón 915 mil 378 millones, un aumento de 588 mil 278
millones de pesos, equivalente al 44.3 por ciento. ¿Qué diría, al respecto,
David Ricardo? Que en México sigue presente, y agravándose, el mal.
Independientemente de la opinión que al
respecto tendría Ricardo, hay quienes, ante mis críticas a la evolución de la
deuda gubernamental, sobre todo de la interna, me señalan que, como porcentaje
del PIB, del Producto Interno Bruto, es decir, de la producción de bienes y
servicios, la deuda total, al inicio del sexenio foxista,
fue del 22.9 por ciento y, al final, bajó a 20.9, lo cual es cierto, ¿pero de
qué sirve calcular la deuda, cualquiera que sea, como porcentaje del PIB, es
decir, como proporción del total de bienes y servicios producidos en el país?
No cualquier comparación con el PIB es relevante.
Lo correcto es calcular la deuda como
porcentaje de los ingresos del deudor. Si así lo hacemos obtenemos los
siguientes resultados: en el 2000 la deuda total del gobierno representó el 111
por ciento de sus ingresos presupuestarios: impuestos, derechos, aportaciones
de seguridad social, derechos, productos, aprovechamientos y otros. En el 2006
(hasta el mes de octubre) la proporción fue del 103 por ciento, menor que la
del 2000 pero todavía muy elevada. ¿Cuál debería ser esa proporción? Cero.
Para el año entrante el Ejecutivo Federal ha
propuesto un desendeudamiento externo neto de por lo
menos 500 millones de dólares, y un endeudamiento interno neto de 240 mil
millones de pesos. Suponiendo que así sea, en el 2007 la deuda total del
gobierno, como porcentaje de sus ingresos presupuestarios, rondará el 100 por
ciento, porcentaje menor que el del 2006, pero no porque se vaya a reducir la
deuda total, sino porque aumentarán los ingresos presupuestarios. ¿Cuál debe
ser el porcentaje de deuda con relación a los ingresos, sobre todo en el caso
del gobierno? Cero, algo que explicaré en la segunda parte de esta serie.
Continuará.