Ciudad de Guatemala (AIPE)- Las naciones no se vuelven ricas por
accidente. La prosperidad económica depende en gran parte de las ideas y
decisiones de individuos con respecto a la organización política y a las
políticas económicas de sus países. Si los próceres fundadores de Estados
Unidos no hubieran aprendido de las ideas de John Locke, David Hume, Adam Smith y otros, su diseño del
gran experimento americano hubiera sido menos perfecto y, por consiguiente,
hubiera tenido menos posibilidades de éxito. Si no hubiera sido por F. A. Hayek y Milton Friedman, Ronald Reagan y Margaret Thatcher no hubieran gozado
de gran parte de la base intelectual requerida para revitalizar las economías
de EEUU y del Reino Unido.
Ningún país es inmune a malas políticas económicas porque ignorancia
económica existe en todas partes. Las encuestas indican que muy pocos
candidatos ganaron en las recientes elecciones en EEUU por favorecer políticas
dañinas como el proteccionismo o salarios mínimos más altos. Felizmente, en países
como EEUU y Suiza hay suficiente conocimiento de economía entre la ciudadanía,
la prensa y la clase política para que no se adopten políticas realmente destructivas
que tanto daño hacen en otras naciones.
Hace más de medio siglo, luego de regresar de EEUU con un título de
ingeniería, un joven guatemalteco llamado Manuel Ayau
se extrañaba que hubiese tan poca demanda por ingenieros en su país. En lugar
de impacientarse, decidió averiguar la causa del problema, lo cual lo condujo a
leer y aprender economía. Los grandes economistas austriacos, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, le dieron las
explicaciones y los remedios que Ayau buscaba.
En 1958, Manuel Ayau estableció la primera
fundación de estudios económicos en Guatemala. Pero él y sus colegas pronto se
dieron cuenta que con una pequeña fundación era muy difícil mejorar el nivel de
conocimientos económicos y sobre la sociedad civil para lograr el cambio requerido
por Guatemala. Las universidades, que eran estatales, habían sido tomadas por
los comunistas y socialistas, por lo que eran parte del problema y no de la
solución.
Jefferson sostenía con razón que las
democracias difícilmente triunfan sin un electorado educado. Guatemala tenía
una historia de disturbios políticos y de deficiente sistema educacional. Ayau y sus colegas se dieron cuenta que sin una universidad
de calidad que enseñara la economía real, en lugar de ideología de izquierda,
junto con los clásicos del derecho y de la política, Guatemala jamás contaría
con gente calificada y capaz de conducirlos hacia una sociedad y democracia
exitosas.
Así fue que Ayau fundó en 1971 una universidad
privada con la misión de “enseñar y diseminar los principios éticos, legales y
económicos de una sociedad de gente libre y responsable”.
Ayau, además de ser el primer
rector y también profesor de economía, se convirtió en un exitoso empresario,
encontrando suficiente tiempo para ser congresista y presidente de
Como era de esperarse, crear una universidad privada cuyos estudiantes
aprenden las virtudes del estado de derecho, sociedad civil y libre mercado no
gustó a la élite estatista
guatemalteca. Más sorprendente fueron los ataques en
Ayau sabe por qué Guatemala es
pobre. Pero a lo contrario de los burócratas nacionales y extranjeros que lo
critican, ha logrado mucho en su difícil trabajo de establecer las bases
necesarias de una sociedad libre y próspera.
Los académicos de UFM comprenden que toman muchos años formar bases
sólidas para la libertad. Pero actualmente a la economía guatemalteca le va
mejor y parece que una mejor democracia se está afianzando. La vida mejor de
futuras generaciones de guatemaltecos se deberá en parte a que se habrán podido
parar sobre los hombros de este extraordinario ingeniero, economista, filósofo,
empresario, hombre de estado y maestro, Manuel Ayau.
___* Director
general del Center for Economic Growth y académico asociado de Cato Institute.