Imaginemos un mercado de comidas en
restaurantes y centrémonos en un platillo especial: carne asada a la
tampiqueña. En este mercado hay varios vendedores de tampiqueñas por lo que el
bien que ofrece un restaurante particular es un sustituto muy cercano del que
ofrecen otros restaurantes. No son perfectos sustitutos ya que la calidad de la
carne y de los acompañantes tradicionales de este platillo (frijoles, rajas, guacamole, enchilada, etc.) puede ser diferente como también
es diferente el ambiente dentro del restaurante, la localización geográfica de
cada uno de los establecimientos, los complementos a este platillo como son las
bebidas, los tipos de comensales que asisten, etc. En consecuencia, el precio
de un mismo platillo varía de restaurante a restaurante. Dada esta diversidad
de restaurantes que ofrecen prácticamente el mismo platillo, los demandantes
pueden elegir libremente a cual asistirán en función de su ingreso, el precio
del bien, la localización geográfica y sus preferencias particulares como
pueden ser el tipo de restaurante del que se trate. Como puede verse de la
descripción, se trata de un mercado que opera en un contexto de competencia:
los diferentes restaurantes compiten entre sí para atraer a los demandantes de
carne asada a la tampiqueña y saben que, todo lo demás constante, si ofrecen un
bien y/o servicio deficiente relativo a sus competidores, la consecuencia es
una pérdida de clientes y una menor tasa de rentabilidad sobre su capital. En
este mercado, como en todos aquellos en los que rige la competencia, existe una
clara responsabilidad pública de los oferentes: si ofrecen un mal servicio los
consumidores no los reeligen.
Lo anterior viene a cuento por la diferencia que
existe en la rendición de cuentas de un proveedor privado de bienes y uno en
donde el proveedor es el gobierno, digamos servicios educativos en cualquiera
de sus niveles. Este mercado se caracteriza por un solo oferente, el gobierno;
para el oferente particular en una escuela determinada del sector
gubernamental, el maestro, su sueldo, la rentabilidad sobre su capital humano,
es independiente de la calidad del servicio que ofrece; los demandantes, los
estudiantes y los padres de familia, no pueden distinguir entre la calidad
ofrecida por los diferentes oferentes y estos se niegan vehementemente a ser
evaluados; los demandantes no pueden elegir libremente entre los diferentes
oferentes. Resultado: la ausencia de rendición de cuentas, de responsabilidad
pública, genera un pésimo servicio educativo provisto por el gobierno.
Uno más. Un solo oferente de energéticos, sea
electricidad o derivados de hidrocarburos; a la empresa proveedora no se le
exigen utilidades; el salario de sus directores y empleados es independiente de
su productividad y eficiencia; sus balances financieros son secreto de Estado,
por lo que no se trata de una empresa efectivamente pública es decir no existe
responsabilidad pública por sus actos; los usuarios no pueden elegir
libremente, excepto si están dispuestos a vivir sin este bien. Resultado:
bienes de mala calidad y excesivamente caros.
Vayamos ahora a las drogas. La sociedad gasta una
enorme cantidad de recursos en el combate a la producción y tráfico de drogas
en una batalla que no se puede ganar. Porqué no mejor que sea el propio
gobierno quién se encargue de la producción y distribución de este bien. Se
podrían crear Comisiones gubernamentales para determinar la cantidad que se
vaya a producir de cada tipo de droga así como los canales monopólicos,
obviamente gubernamentales, de distribución al mayoreo y al menudeo; además, se
podría crear una Comisión Coordinadora de las Comisiones para cada tipo de
droga, ente gubernamental que decidiría la política global sobre la drogas.
Resultado esperado: dada la notoria ineficiencia que caracteriza al gobierno,
agente que no rinde cuentas, sobre cuyos actos no existe la responsabilidad
pública, prácticamente se acabaría el problema de la producción y tráfico de
drogas. O porqué no mejor legalizarlas, regularlas y gravarlas y que sea el
propio mercado, a través de agentes económicos particulares interactuando en un
mercado competitivo el que decida qué drogas se producen, la cantidad
intercambiada de cada droga así como el precio al que se llevaría a cabo el
intercambio, en un sistema abierto en donde rija la rendición de cuentas. Todos
ganan excepto los actuales narcotraficantes.
Ineficiencia gubernamental, falta de responsabilidad
pública. Y planean gastar el próximo año 2.2 billones de pesos. Feliz Navidad.