12/22/2006
Impuestos a cigarros y refrescos (II)
Arturo Damm

¿Qué decir del impuesto (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios) del 140 por ciento con el que se gravarán los cigarros a partir del 2006, y que subirá al 150 y al 160 en 2007 y 2008? De entrada, y antes que cualquier otra consideración, propia del gobierno ángel de la guarda y del hada madrina, que el mismo es un robo con todas las de la ley. Cualquier impuesto, independientemente de qué grave, de qué gasto financie, de qué males evite y de cuáles bienes procure, repito: cualquier impuesto del ¡¡¡140 por ciento!!!, es un robo con todas las de la ley, y no digamos si la tasa es del 150 o del 160 por ciento. ¿De qué se trata? De expoliación legal.

 

Una vez expresado mi punto de vista, no faltarán quienes me digan, uno, que con ese impuesto se pretende, dado que el precio de las cajetillas de cigarrillos aumentará (será el consumidor, no el productor, quien pague el impuesto), reducir el consumo y, dos, utilizar parte de los recursos recaudados para atender a quienes padezcan alguna enfermedad consecuencia del consumo de tabaco. Quienes utilicen tales argumentos concluirán que ante los beneficios esperados (menos consumo de tabaco, efecto de las acciones del gobierno ángel de la guarda, y más dinero para atender a los enfermos, consecuencia del gobierno hada madrina), cualquier sacrificio de parte de los contribuyentes resulta poca cosa, aunque se trate de tasas impositivas del 140, 150 y 160 por ciento.

 

Al respecto las siguientes preguntas. ¿Le corresponde al gobierno evitar que nos hagamos daño a nosotros mismos, consumiendo, por ejemplo, tabaco? Si la respuesta es positiva, entonces ¿por qué no prohíbe el consumo del tabaco, calificando como delito el fumarse un cigarrillo? ¿Debe ser tarea del gobierno curar nuestras enfermedades, sobre todo aquellas producto del mal uso de la libertad, es decir, del vicio? Si la respuesta es positiva entonces estamos ante el más conspicuo caso de paternalismo gubernamental, cuyo principal defecto es divorciar la acción de la responsabilidad: yo fumo, lo cual puede enfermarme, pero el gobierno es el responsable de proporcionarme atención médica.

 

¿Y qué decir del impuesto del 5 por ciento a los refrescos? En primer lugar, que al haberse eliminado el impuesto del 20 por ciento a los refrescos producidos con fructuosa, impuesto con efectos proteccionistas a favor de los productores de azúcar, es una medida que apunta en la dirección correcta: impuestos parejos y, por lo tanto, no discriminatorios. En segundo término, que si el objetivo es desincentivar el consumo de refrescos la medida va a ser poco efectiva, por más que aumente el precio de los mismos. Y más allá del efecto que el impuesto tenga sobre la cantidad demandada, ¿le corresponde al gobierno evitar que nos hagamos daño a nosotros mismos, consumiendo, por ejemplo, refrescos? Y si por consumirlos enfermamos, ¿le corresponde curarnos? Vuelvo a la pregunta de fondo: ¿quién debe ser el responsable por las malas (y buenas) acciones de cada uno?

 

Los gobierno ángeles de la guarda, así como las hadas madrinas, no solamente violan la libertad y la propiedad de las personas, también promueven la irresponsabilidad y, por ello, un mal uso de la libertad y una mala asignación, de entrada, de los ingresos. Y así, así, no se puede economizar.

 

Por lo pronto ya veremos qué efecto tienen, sobre el consumo de cigarros y refrescos, los nuevos impuestos.

 



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