12/26/2006
De nuestra pertinaz miopía
Ricardo Medina

En amplios e influyentes segmentos de la población en Estados Unidos ha resurgido un fuerte sentimiento contra el ingreso de inmigrantes –legales o no- al mercado laboral. Con un simplismo similar al que priva en varios países de Europa –especialmente en Francia- se juzga que la llegada de trabajadores no especializados de otros países contribuye a disminuir los salarios y, por ende, a mermar el bienestar.

 

De nueva cuenta hay que remitir a los políticos y a los líderes de opinión que sostienen y promueven esa visión miope –contra la evidencia histórica y contra el simple razonamiento- al magistral ensayo de Bastiat, sobre lo que se ve y lo que no se ve. Los malos economistas, advertía el genial ensayista, sólo atienden a lo que se ve de inmediato y ello les lleva a sostener tonterías tan monumentales como la de que la sociedad recibiría grandes beneficios si tuviésemos un ejército de jóvenes vándalos rompiendo ventanas; después de todo, ¿razonan?, de algo tienen que vivir quienes reponen ventanas rotas.

 

En el caso de la migración de trabajadores –haciendo a un lado los chocantes reflejos xenófobos cubiertos de hipocresía políticamente correcta- no se “ve” que gracias a los menores salarios de esos inmigrantes no calificados laboralmente, los precios disminuyen y se liberan recursos que se destinan a incrementar la productividad o a mejorar el bienestar. El trabajador nativo, que ve al inmigrante como una terrible amenaza, no percibe que él está pagando menos por su vivienda gracias a que la productividad introducida por los inmigrantes ha disminuido los costos de construcción; tampoco “ve” que sin el aporte de la migración sería imposible sostener los bajos precios que él paga por comer una hamburguesa.

 

Generalmente lo que no se “ve” –porque a los grupos de interés que se benefician del proteccionismo o de las barreras a la migración justamente no les interesa que se “vea”- es la perspectiva del consumidor y la del contribuyente. La miopía focaliza todo en la mezquina balanza de costos-beneficios de un productor o de un sector de los productores. El mundo lo reducimos a los fabricantes de ventanas y a quienes reparan ventanas rotas. No existe el fabricante de zapatos que venderá menos zapatos porque gastamos lo que teníamos en reponer ventanas rotas ¡y no existimos, para tal miopía, nosotros mismos que destinamos recursos escasos no a generar valor, sino a subsanar una pérdida neta, que es la ventana rota!

 

Esta miopía, pertinaz y arrogante, que se resiste a abandonarnos, también está presente en algunos cálculos alegres –pero miopes- que se hacen sobre el gasto público. De eso, si el paciente lector lo desea, hablaremos mañana.



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