12/26/2006
Los “pecados” que oculta Esquivel o su fantasma
Juan Pablo Roiz

El doctor Gerardo Esquivel, del Colegio de México, o alguien que firma con su nombre, dice que mis datos sobre los salarios en la UNAM, publicados en este mismo sitio, son erróneos y que no debo escribir sobre asuntos que desconozco (supongo que el doctor dictamina, en su infinita sabiduría, quién sabe y quién no sobre tales o cuales materias, ya me lo imagino de gran censor en un desdichado gobierno de su amigo Andrés López Hablador).

 

Le he respondido al doctor Esquivel, o a su imitador, que si los datos que publiqué no corresponden a la realidad, entonces la página de Internet de la misma UNAM, en un apartado que pomposamente se llama “transparencia” nos está tomando el pelo; está mintiendo. Eso sería mucho más grave.

 

Mostrando una gran inteligencia –es sarcasmo- el doctor Esquivel, o su fantasma, me replica diciendo que lo que se informa en esa página de Internet se trata de “sueldos base” que no corresponden a lo efectivamente percibido. Pues qué bueno, pero en ninguna parte de la ¡transparente! información de la UNAM aparece tal aclaración, ni se menciona siquiera ese concepto tramposo de “sueldo base”. Además, ¿para qué poner, sin aclaración alguna, los “sueldos base” y no dar a conocer los sueldos verdaderos? Sólo hay una explicación: Para engañar al público, para darle atole con el dedo y hacerle creer que los pobrecitos unamitas ganan menos de lo que en realidad ganan. Sorprendentemente, el doctor Esquivel, o su sombra cibernética, no se percata de que lo que está afirmando es muchísimo más grave en contra de su querida UNAM que cualquier crítica de un “ignorante” como yo. Significaría, de ser cierto lo que ahora afirma Esquivel –o su Némesis-, que la UNAM miente en forma deliberada para ocultar su verdadera situación financiera y el manejo que hace del cuantioso subsidio federal que recibe y que pagamos con nuestros impuestos; significa que nada menos que la máxima y superlativa casota de estudios del país oculta la verdad y tiene, además, el descaro de presumir de una gran transparencia.

 

Y hay además otras cloacas que el doctor Esquivel –o algún epígono digital que se oculta con ese nombre- está destapando sin darse cuenta: Si eso son sólo sueldos base ¿cuánto gana en realidad el Rector?, ¿más que el Presidente de la República?, si esos son los sueldos base, ¿cuánto gana en realidad el secretario particular del señor Rector que sólo como sueldo base reporta una percepción neta mensual de más de 90 mil pesos?

 

Y falta lo último: Si el doctor Esquivel –o su espectro- sabe cuánto gana cada cual en la UNAM de a de veras –y no en falsas páginas de “transparencia”- ¿por qué no nos lo dice para terminar con  las especulaciones?, ¿por qué lo oculta?, ¿a qué le teme?, ¿qué datos vergonzosos o irritantes o indignantes quiere tapar para quedar bien con la cúpula unamita?, ¿por qué, si es tan perspicaz, el doctorcito no nos dice cuál es su fuente, y nos explica por qué los datos reales sobre percepciones en la UNAM no se dan a conocer?

 

Ojalá el doctorcito –o su fantasmita– siga enojándose con mis opiniones y contestando con la misma inteligencia (es sarcasmo, de nuevo, don Gerardo, no se emocione), para que sigamos enterándonos –así sea indirectamente- de algunos de los muchos pecados privados de esa universidad pública. No dudo que él sepa mucho mejor que yo de qué lado masca la iguana en la UNAM, él debe ser parte del negocio… o aspirante a serlo. Por eso lo calla.



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