Chile, Irlanda, Nueva Zelanda,
Singapur, China, Japón, España y muchos de los países de
La epidemia o más bien la
endemia (enfermedad que afecta habitualmente a un País) de la peste roja seguirá perjudicando la
política y la economía nacionales, al
condicionar en los mexicanos una visión maniquea de la vida: buenos y
malos, ricos y pobres, blancos y negros, mexicanos y extranjeros, izquierda y derecha,
amigos y enemigos.
La llamada sociedad civil –que
existe sin tener conciencia de ello- continuará sobreviviendo a merced de la partidocracia y sin variaciones mínimas en su actitud
indiferente ante la política y la cosa pública; escéptica de su potencial
cívico; abúlica de participación ciudadana.
Esa misma sociedad civil
malgastará su tiempo y su vida pegada eternamente al televisor hartándose de
telenovelas idiotas, programas de concursos para imbéciles, reality shows para la basura, programas “cómicos”
que te hacen llorar por su vulgaridad y plena de anuncios repetitivos hasta el
hartazgo que mantienen poderoso y perverso al duopolio
de la televisión mexicana.
El gobierno de Felipe Calderón
intensificará su campaña publicitaria dirigida a ganar la simpatía de quienes
creyeron que un Mesías llegaría a presidente de la república, pero su esfuerzo
se centrará en el imperativo de la sobrevivencia y la
obtención del poder real, dejando para después las enormes tareas de la
transformación y el crecimiento.
Los monopolios gubernamentales
y privados se mantendrán prósperos y rozagantes aumentando las fortunas de unos
cuantos al tiempo que condenan al País a la incompetencia y la mediocridad
económica.
Los energéticos, combustibles
y electricidad, seguirán en poder de las mafias sindicales y burocráticas,
hundiéndose en el fango de la corrupción, la obsolescencia, la ineficiencia y
la ausencia total de productividad.
La elite académica e
intelectual de nuestro País persistirá en su actitud y conducta contestataria, pro
marxista, atrapada en el colectivismo de siglos anteriores, al tiempo que su
bienestar mejora dentro de las pautas del privilegio, la simulación, las altas
percepciones, la hipocresía y la ausencia de resultados.
Los partidos políticos prolongarán
un año más su desprecio a los intereses del desarrollo económico y su desdén a
los anhelos de trabajo y bienestar de los ciudadanos, al tiempo que aumentan su
habilidad para el contubernio, la complicidad y la negación de su misión
transformadora.
La llamada izquierda mexicana
buscará reacomodarse para las próximas pizcas, pero sin descuidar el suculento
pastel de prerrogativas y patrocinios provenientes del gobierno federal –al que
tanto odian y critican- y otorgadas a través del partido perdedor.
Una gran mayoría de las
juventudes proseguirá sus estudios dominada por la filosofía del hedonismo, la música
corriente, la pachanga y la falta de interés en el estudio y la preparación.
Los buenos estudiantes aumentarán sus posibilidades de alcanzar sus metas aun
en condiciones desventajosas creadas por malos compañeros y profesores
complacientes y conformistas.
La narcoeconomía
global, la informalidad y el mercado negro revalidarán su dominio sobre los
mercados formales, controlando las finanzas, la ocupación, los valores, la
conducta y hasta la vida de los mexicanos.