Me adhiero a una hipótesis que no
por especulativa es improbable: Fidel Castro ha muerto.
Cuba forma parte de la amplísima
cultura dictatorial, específicamente en su rama soviética. En las grandes
dictaduras, alguien muere cuando a la nomenklatura le conviene. La más obvia forma de morirse es
la directa, dictada por el dictador (vía paredón –método Castro–
o piolet –método Stalin–).
Otra forma de muerte también le conviene a una dictadura: la fecha en que ésta
revela la defunción de un patriarca (Stalin mismo
murió bastante antes de que el Politburó anunciara tal suceso).
Los intereses del poder ordenan que noticias así, se divulguen a conveniencia de esos intereses.
No importa a un régimen autoritario la verdad; la transparencia interesa al
ciudadano, pero bajo el poder popular, ciudadanos no hay. Lo dice Gabriel Zaid: cuando el pueblo está en el poder no hace falta
consultar al pueblo; basta consultar al poder.
Los ratones hacen fiesta cuando sale
el gato. Si Fidel realmente ha muerto, su cadáver estará a buen recaudo,
esperando que la clase política acabe de acomodarse y darse golpes bajos,
patadas bajo la mesa y demás lindezas. Y si no ha muerto (muerto del todo),
está agónico e inconsciente, o duramente sedado; inconscientizado,
pues. A sus leales y atribulados colaboradores, les da lo mismo muerto que mortecino.
Poco habrá tenido uso de razón Fidel
desde octubre, en que por ultima vez apareció con
traje rojo y con su pupilo Hugo Chávez. Si bien ya había cedido “temporalmente”
el poder en la isla-prisión al oscuro Raúl, difícilmente se habrá enterado de
que el 2 de diciembre, ese hermano ahora incómodo declaró llegado el tiempo de
hacer algunas modificaciones en la relación de Cuba con… ¡¡¡¡ Estados Unidos!!!!
Dijo tan preclaro sustituto:
“Sentarse a negociar con la administración estadounidense será posible (sic)
siempre que acepten nuestra condición de país que no tolera sombras a su
independencia (!!!), y sobre la base de los principios de igualdad,
reciprocidad, no injerencia y respeto mutuo… Sirva la oportunidad para
nuevamente (sic) declarar nuestra disposición a resolver en la mesa de
negociaciones el prolongado diferendo entre Estados Unidos y Cuba… Estamos
dispuestos a esperar el momento en que se imponga el sentido común en los
círculos del poder en Washington”. But of course!
Fidel se moriría de nuevo –de
soponcio o patatús– si supiese que pisó su isla una
delegación de 10 legisladores gringos, que propusieron aliviar el “bloqueo”. No
necesitaron tan avisados congresistas hablar con Raúl; poco relevante es,
aunque proclame que el sucesor de su hermano es nada menos que ¡
Esté o no vivo en cuerpo el
comandante, Cuba ha entrado en la era postfideliana.
Quién sabe si sea de veras libre o sólo se reviva el 1957; lo cierto es que en
el 2007 se acabará la discriminación antigringa del
turismo sexual cubano.