12/26/2006
¿Fidel vivo?
Fernando Amerlinck

Me adhiero a una hipótesis que no por especulativa es improbable: Fidel Castro ha muerto.

 

Cuba forma parte de la amplísima cultura dictatorial, específicamente en su rama soviética. En las grandes dictaduras, alguien muere cuando a la nomenklatura le conviene. La más obvia forma de morirse es la directa, dictada por el dictador (vía paredón –método Castro– o piolet –método Stalin–). Otra forma de muerte también le conviene a una dictadura: la fecha en que ésta revela la defunción de un patriarca (Stalin mismo murió bastante antes de que el Politburó anunciara tal suceso).

 

Los intereses del poder ordenan que noticias así, se divulguen a conveniencia de esos intereses. No importa a un régimen autoritario la verdad; la transparencia interesa al ciudadano, pero bajo el poder popular, ciudadanos no hay. Lo dice Gabriel Zaid: cuando el pueblo está en el poder no hace falta consultar al pueblo; basta consultar al poder.

 

Los ratones hacen fiesta cuando sale el gato. Si Fidel realmente ha muerto, su cadáver estará a buen recaudo, esperando que la clase política acabe de acomodarse y darse golpes bajos, patadas bajo la mesa y demás lindezas. Y si no ha muerto (muerto del todo), está agónico e inconsciente, o duramente sedado; inconscientizado, pues. A sus leales y atribulados colaboradores, les da lo mismo muerto que mortecino.

 

Poco habrá tenido uso de razón Fidel desde octubre, en que por ultima vez apareció con traje rojo y con su pupilo Hugo Chávez. Si bien ya había cedido “temporalmente” el poder en la isla-prisión al oscuro Raúl, difícilmente se habrá enterado de que el 2 de diciembre, ese hermano ahora incómodo declaró llegado el tiempo de hacer algunas modificaciones en la relación de Cuba con… ¡¡¡¡ Estados Unidos!!!!

 

Dijo tan preclaro sustituto: “Sentarse a negociar con la administración estadounidense será posible (sic) siempre que acepten nuestra condición de país que no tolera sombras a su independencia (!!!), y sobre la base de los principios de igualdad, reciprocidad, no injerencia y respeto mutuo… Sirva la oportunidad para nuevamente (sic) declarar nuestra disposición a resolver en la mesa de negociaciones el prolongado diferendo entre Estados Unidos y Cuba… Estamos dispuestos a esperar el momento en que se imponga el sentido común en los círculos del poder en Washington”. But of course!

 

Fidel se moriría de nuevo –de soponcio o patatús– si supiese que pisó su isla una delegación de 10 legisladores gringos, que propusieron aliviar el “bloqueo”. No necesitaron tan avisados congresistas hablar con Raúl; poco relevante es, aunque proclame que el sucesor de su hermano es nada menos que ¡la Asamblea del Partido! Todos. Es decir, ninguno. Es decir, no Raúl.

 

Esté o no vivo en cuerpo el comandante, Cuba ha entrado en la era postfideliana. Quién sabe si sea de veras libre o sólo se reviva el 1957; lo cierto es que en el 2007 se acabará la discriminación antigringa del turismo sexual cubano.



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