Hoy es una fecha propicia para reflexionar y, lo más
importante, para, a partir de esa reflexión, mejorar. El ser humano no es
perfecto, pero sí es perfectible: cada día puede ser mejor, en todos los
ámbitos de su vida. El reto es ser mejor en cuanto ser humano. ¿Qué quiero
decir? Para responder no encuentro mejor ejemplo que Jean Valjean,
el personaje principal de Los Miserables, la novela de Víctor Hugo, quien, a
partir de su encuentro con Monseñor Myriel, decide
ser un hombre bueno, lo cual supone, uno, hacer el bien y deshacer el mal y, dos,
no traicionar sus principios, es decir, no traicionarse a sí mismo. Para
entender qué quiero decir al afirmar que el reto es ser mejor en cuanto ser
humano hay que leer Los Miserables.
Enfrentar con éxito el reto de ser mejores en cuanto
seres humanos supone reconocer que la economía, importante, no lo es todo. Supone
aceptar que si la economía es el cimiento, algo más debe ser la cúspide. Supone
estar consciente de que si no nos preocupamos por esa cúspide no pasaremos de
los cimientos, quedándonos a ras del suelo. Supone admitir que lo que hay que
hacer es elevar la actividad económica al nivel de la dignidad humana, no
rebajar la dignidad humana al nivel de la mera eficacia económica.
¿Cuál debe ser el punto de partida? Reconocer que, de
la misma manera que nos esforzamos por producir los bienes materiales que nos
permiten mantener la vida, debemos esforzarnos por adquirir aquellos valores
culturales, morales y espirituales que hagan que nuestra vida sea digna de
mantenerse.
Hoy, como nunca antes en su (¿larga o corta?)
historia, el ser humano es capaz de hacer más y hacer mejor y, por ello, de
tener más y tener mejor. Hoy, como nunca antes, el ser humano es capaz de ir
más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas para lograr más
seguridad económica (producción e ingresos superiores a los requeridos para la sobrevivencia diaria), y mayor bienestar material (bienes y
servicios más eficaces). El ser humano ha sido capaz de hacer más y mejor, y de tener
más y mejor, y la pregunta es si a la par de todo ello ha sido capaz de ser mejor, y de serlo, precisamente, en
cuanto ser humano.
¿Qué responde la mayoría si le decimos que la vida
propiamente humana supone conocer la verdad, hacer el bien, y contemplar la
belleza? ¿Qué responde la mayoría si le decimos que la vida propiamente humana
supone no solamente lograr la satisfacción de las necesidades básicas,
conseguir seguridad económica y lograr bienestar material, sino la adquisición
de los valores culturales, morales y espirituales que hagan que la vida de cada
quien sea digna de mantenerse?
¿Qué responde la mayoría a tales preguntas? Muy
probablemente que es cierto: que la vida propia del ser humano supone conocer
la verdad, hacer el bien, y contemplar la belleza, así como ir más allá de la
satisfacción de las necesidades básicas, de la seguridad económica y del
bienestar material, con el fin de lograr los valores culturales, morales y
espirituales que hacen que la vida sea digna de mantenerse. Que no todo se
reduce a cuestiones económicas, que se encuentran a nivel de los cimientos,
habiendo cúspides en las que encontramos los valores culturales, morales y
espirituales, aquellos que nos distinguen del resto de los seres vivos,
aquellos que hacen que nuestra vida sea digna de mantenerse.
¿Qué responde la mayoría a tales preguntas? Muy
probablemente que es cierto. La pregunta es si están dispuestos a actuar en
consecuencia.
Vale la pena recordar cuáles fueron las última palabras de Valjean, antes de morir, dichas a Cosette y a Mario: “Muero dichoso…”, muerte ante la cual Hugo escribió lo siguiente: “Sin duda en la sombra algún ángel inmenso, de pie y con las alas desplegadas, estaba esperando el alma”.