12/26/2006
Algún ángel inmenso...
Arturo Damm

Hoy es una fecha propicia para reflexionar y, lo más importante, para, a partir de esa reflexión, mejorar. El ser humano no es perfecto, pero sí es perfectible: cada día puede ser mejor, en todos los ámbitos de su vida. El reto es ser mejor en cuanto ser humano. ¿Qué quiero decir? Para responder no encuentro mejor ejemplo que Jean Valjean, el personaje principal de Los Miserables, la novela de Víctor Hugo, quien, a partir de su encuentro con Monseñor Myriel, decide ser un hombre bueno, lo cual supone, uno, hacer el bien y deshacer el mal y, dos, no traicionar sus principios, es decir, no traicionarse a sí mismo. Para entender qué quiero decir al afirmar que el reto es ser mejor en cuanto ser humano hay que leer Los Miserables.

 

Enfrentar con éxito el reto de ser mejores en cuanto seres humanos supone reconocer que la economía, importante, no lo es todo. Supone aceptar que si la economía es el cimiento, algo más debe ser la cúspide. Supone estar consciente de que si no nos preocupamos por esa cúspide no pasaremos de los cimientos, quedándonos a ras del suelo. Supone admitir que lo que hay que hacer es elevar la actividad económica al nivel de la dignidad humana, no rebajar la dignidad humana al nivel de la mera eficacia económica.

 

¿Cuál debe ser el punto de partida? Reconocer que, de la misma manera que nos esforzamos por producir los bienes materiales que nos permiten mantener la vida, debemos esforzarnos por adquirir aquellos valores culturales, morales y espirituales que hagan que nuestra vida sea digna de mantenerse.

 

Hoy, como nunca antes en su (¿larga o corta?) historia, el ser humano es capaz de hacer más y hacer mejor y, por ello, de tener más y tener mejor. Hoy, como nunca antes, el ser humano es capaz de ir más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas para lograr más seguridad económica (producción e ingresos superiores a los requeridos para la sobrevivencia diaria), y mayor bienestar material (bienes y servicios más eficaces). El ser humano ha sido capaz de hacer más y mejor, y de tener más y mejor, y la pregunta es si a la par de todo ello ha sido capaz de ser mejor, y de serlo, precisamente, en cuanto ser humano.

 

¿Qué responde la mayoría si le decimos que la vida propiamente humana supone conocer la verdad, hacer el bien, y contemplar la belleza? ¿Qué responde la mayoría si le decimos que la vida propiamente humana supone no solamente lograr la satisfacción de las necesidades básicas, conseguir seguridad económica y lograr bienestar material, sino la adquisición de los valores culturales, morales y espirituales que hagan que la vida de cada quien sea digna de mantenerse?

 

¿Qué responde la mayoría a tales preguntas? Muy probablemente que es cierto: que la vida propia del ser humano supone conocer la verdad, hacer el bien, y contemplar la belleza, así como ir más allá de la satisfacción de las necesidades básicas, de la seguridad económica y del bienestar material, con el fin de lograr los valores culturales, morales y espirituales que hacen que la vida sea digna de mantenerse. Que no todo se reduce a cuestiones económicas, que se encuentran a nivel de los cimientos, habiendo cúspides en las que encontramos los valores culturales, morales y espirituales, aquellos que nos distinguen del resto de los seres vivos, aquellos que hacen que nuestra vida sea digna de mantenerse.

 

¿Qué responde la mayoría a tales preguntas? Muy probablemente que es cierto. La pregunta es si están dispuestos a actuar en consecuencia.

 

Vale la pena recordar cuáles fueron las última palabras de Valjean, antes de morir, dichas a Cosette y a Mario: “Muero dichoso…”, muerte ante la cual Hugo escribió lo siguiente: “Sin duda en la sombra algún ángel inmenso, de pie y con las alas desplegadas, estaba esperando el alma”.



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