Benito Juárez, restaurador de
“Ciudadanos
diputados: Termináis ahora el primer periodo de vuestras sesiones, para volver
a consagraros dentro de muy pocos días a vuestras importantes tareas. Vengo con
grande satisfacción a felicitaros en estos actos, que presentan un testimonio
solemne de la marcha regular de los poderes públicos. Es grato observar que,
apenas pasados los conflictos de la guerra, se ha planteado de nuevo, sin
muchos embarazos, el régimen normal de nuestras instituciones. (Que desde hacía años
se habían ido al diablo.) Está
disfrutando de ellas el pueblo, que combatió sin tregua para defenderlas,
porque le aseguran todos sus derechos y le procurarán grandes bienes, siendo
fielmente respetadas.” (Eso esperamos tras la actual guerra, no ya contra
franceses, sino contra delincuentes y traidores.)
“De los disturbios
ocurridos en algunos lugares, han concluido rápidamente unos y debemos confiar
en que los otros serán pronto sofocados.” (No le hace que sea pronto, señor
presidente Calderón.)
“
“Una
guerra dilatada deja un legado inevitable de elementos que por algún tiempo se
agitan por perturbar la sociedad. Podemos congratularnos de que no sean muchos,
ni causen hasta ahora grave peligro. Sin embargo, deben servirnos las
elecciones del pasado para precaver que ocasionen progresivamente mayores males
en el porvenir.” (Las elecciones del pasado reciente, y la guerra contra delincuentes
y traidores impunes, se han dilatado en todos los sentidos; hasta en el
“juarista”.)
“El
gobierno se esforzará en cumplir el primero de sus deberes, que (¡ojo!) es mantener la paz
con toda la energía de los medios de acción que tenga en su mano (¡reojo!) y con toda la confianza que deben
inspirarle la voluntad y el derecho del pueblo, (¡recontraojo!) para que sus mandatarios le den perfecta seguridad en todos
los intereses sociales (¡superrecontraojo!).”
“La
primera prenda de paz es la armonía de los poderes públicos. El gobierno está
lleno de gratitud por la confianza que le ha dispensado el Congreso y procurará
siempre merecerla, acatando las decisiones que con su patriotismo y sabiduría
dicten los representantes del pueblo.” (Esto va para los que el nuevo
presidente tendrá enfrente; faltará ver si hay, entre ellos, algo remotamente
parecido al Legislativo que así escuchaba a Juárez en el siglo XIX.)
Salvo que provoca nostalgia la
elegancia del lenguaje, ¿qué más se puede decir hoy?