12/27/2006
Juárez el “represor”
Fernando Amerlinck

Benito Juárez, restaurador de la República, emitió una memorable pieza oratoria en la Cámara de Diputados, el 29 de marzo de 1868. Su sucesor Calderón podría, dentro de 9 meses, informar parecidamente ante el moderno Congreso si (y sólo si) se atreviese a actuar con carácter y sin remilgos. Agrego comentarios en paréntesis para actualizar las expresiones juaristas a lo que enfrenta Felipe en 2006-2007:

 

“Ciudadanos diputados: Termináis ahora el primer periodo de vuestras sesiones, para volver a consagraros dentro de muy pocos días a vuestras importantes tareas. Vengo con grande satisfacción a felicitaros en estos actos, que presentan un testimonio solemne de la marcha regular de los poderes públicos. Es grato observar que, apenas pasados los conflictos de la guerra, se ha planteado de nuevo, sin muchos embarazos, el régimen normal de nuestras instituciones. (Que desde hacía años se habían ido al diablo.) Está disfrutando de ellas el pueblo, que combatió sin tregua para defenderlas, porque le aseguran todos sus derechos y le procurarán grandes bienes, siendo fielmente respetadas.” (Eso esperamos tras la actual guerra, no ya contra franceses, sino contra delincuentes y traidores.)

 

“De los disturbios ocurridos en algunos lugares, han concluido rápidamente unos y debemos confiar en que los otros serán pronto sofocados.” (No le hace que sea pronto, señor presidente Calderón.)

 

La República quiere gozar de paz, bajo el amparo de la Constitución y de las leyes. Para reprimir a los que pretendan sobreponerse a ellas, no debe ni puede dudar el gobierno de que cuenta con la opinión y el apoyo de la inmensa mayoría de los ciudadanos.” (Léalo bien: el Estado tiene el monopolio de la represión bajo Constitución y a las leyes, contra quien pretenda sobreponerse a ellas. ¡No dude usted, ni tema que lo acusen de represor!)

 

“Una guerra dilatada deja un legado inevitable de elementos que por algún tiempo se agitan por perturbar la sociedad. Podemos congratularnos de que no sean muchos, ni causen hasta ahora grave peligro. Sin embargo, deben servirnos las elecciones del pasado para precaver que ocasionen progresivamente mayores males en el porvenir.” (Las elecciones del pasado reciente, y la guerra contra delincuentes y traidores impunes, se han dilatado en todos los sentidos; hasta en el “juarista”.)

 

“El gobierno se esforzará en cumplir el primero de sus deberes, que (¡ojo!) es mantener la paz con toda la energía de los medios de acción que tenga en su mano (¡reojo!) y con toda la confianza que deben inspirarle la voluntad y el derecho del pueblo,recontraojo!)  para que sus mandatarios le den perfecta seguridad en todos los intereses sociales superrecontraojo!).”

 

“La primera prenda de paz es la armonía de los poderes públicos. El gobierno está lleno de gratitud por la confianza que le ha dispensado el Congreso y procurará siempre merecerla, acatando las decisiones que con su patriotismo y sabiduría dicten los representantes del pueblo.” (Esto va para los que el nuevo presidente tendrá enfrente; faltará ver si hay, entre ellos, algo remotamente parecido al Legislativo que así escuchaba a Juárez en el siglo XIX.)

 

Salvo que provoca nostalgia la elegancia del lenguaje, ¿qué más se puede decir hoy?



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