Un lector
nos hizo llegar la siguiente observación: que ya no critiquemos tanto al
sistema y privilegios fiscales en México y nos dediquemos a hacer más bien
propuestas para el cambio. Bueno, a este estimado lector debemos decirle que no
ha leído todos nuestros artículos (no me refiero sólo a este servidor, sino al
resto de los colaboradores de la página) en donde continuamente ofrecemos las
propuestas y sugerencias para que de una vez por todas se eliminen los
privilegios fiscales, así como llegar a un sistema fiscal sencillo,
transparente y justo.
A
propósito de este inquieto lector y de la intención (por lo menos así lo han
expresado en los distintos medios) de los legisladores, de ya, de una vez en
enero, comenzar a recopilar propuestas para que, a la brevedad posible (ahora
más que nunca tal vez obligados por el derrumbe en el precio del petróleo), se
realice al fin la reforma fiscal, a continuación enumeraremos algunas de las propuestas
fiscales que ya han sido instrumentadas con éxito en otros países (no estamos
inventando el “hilo negro”) y que por supuesto, sería deseable aplicar en
nuestro país. La caída reciente en el precio del petróleo hace urgente la
aplicación de estas propuestas fiscales.
Impuesto flat tax (impuesto
único). A este impuesto también se le denomina en castellano
impuesto lineal de Hall y Rabushka (en virtud de los
economistas que lo propusieron, Robert Hall y Alvin Rabushka) y que fue
propuesto (al menos una parte de la propuesta original de sus creadores) en la
campaña presidencial del candidato Steve Forbes. La idea original se basaba en dos instrumentos
recaudatorios: un impuesto sobre las empresas y otro sobre las retribuciones
individuales. El cálculo de la base imponible del impuesto sobre las empresas
sería inicialmente al del IVA (impuesto al valor agregado ó impuesto al
consumo). La principal diferencia es que la empresa deduciría los salarios
pagados a sus trabajadores. La base del impuesto individual estaría constituida
por los ingresos obtenidos por las personas. En la propuesta de Hall y Rabushka los ingresos de capital quedaban libres de
gravamen en la esfera individual. En principio, a esta base se le podría
aplicar cualquier tarifa, proporcional ó “progresiva” (si se establece un
mínimo de exención), pero ya no habría ninguna otra deducción (este esquema
acabaría en México con las múltiples tasas y exenciones que dan pie a numerosos
privilegios fiscales). Hall y Rabushka propusieron
que el impuesto fuera del 19% para todos, empresas e individuos (bueno, al
final detrás de las empresas hay individuos). En este sentido, la propuesta del
impuesto flat tax es
similar a la de un impuesto al consumo. ¿Por qué? Ya dijimos que la propuesta
original era gravar con una tasa de 19% a empresas y asalariados (sin
deducciones). Hay que recordar que en el IVA, la base imponible de la empresa
es igual a sus ventas, menos las compras a otras empresas. Los pagos salariales
no son deducibles, por lo que los ingresos de las personas quedan también
gravados con un 19%. Bajo la propuesta de Hall y Rabushka,
los ingresos salariales son deducibles en el impuesto sobre la renta de las
empresas, pero están gravados en lo individual. Así pues, la cantidad de
impuesto pagada es exactamente la misma que en un IVA. Ese es lo atractivo del flat tax; al equivaler a un
impuesto al consumo, distorsiona en menor medida los precios relativos (lo que
elimina el exceso de gravamen sobre las empresas y personas), lo que implica
que este impuesto sería neutral y no tendría efecto alguno sobre las decisiones
de ahorro e inversión de los agentes económicos. En versión moderna, el flat tax ha sido aplicado incluso
a una menor tasa de la que sus creadores propusieron. Ha sido exitoso en países
de Europa del Este como Estonia. México daría un gran avance en materia
tributaria si, además de hacer sencillo el pago de impuestos (pensando en los
contribuyentes), lo hace aplicando una tasa única (ya los tecnócratas de
Hacienda fijarían la tasa, pero tendría que ser muy menor al actual ISR) que
elimine todo tipo de exenciones y privilegios que en general dominan a nuestro
sistema impositivo.
Presupuesto
multianual. Es
necesario que en México el presupuesto de ingresos egresos de la federación se
diseñe con criterios estrictamente técnicos. No es posible que siga imperando
el capricho y el “me late” en los políticos mexicanos para asignar dinero del
contribuyente a tal ó cual partida. Asimismo, es necesario que las dependencias
de todos los niveles de gobierno implanten de una vez por todas
criterios de costo-beneficio para evaluar el éxito ó fracaso de sus programas.
Es necesario acabar con los actuales criterios de asignación de recursos en
donde una dependencia que obtuvo “economías” y por tanto no gastó todo lo
asignado, se le acusa de realizar “subejercicios” y
se le “castiga” con menores recursos para el próximo año. No, eso sólo genera
incentivos perversos al derroche de los recursos escasos del contribuyente. El
presupuesto de base cero perseguía eliminar esto, pero no ha pasado de
aplicarse en unas cuantas dependencias. Es necesario implantar criterios
técnicos de asignación de recursos en todas las dependencias del gobierno, para
que los proyectos que se realizan con dinero del contribuyente se hagan con
estrictos esquemas de costo-beneficio (que monitoreen la efectividad de sus
programas, cancelando a los programas que no obtienen buenos resultados) que
premien a las dependencias que mejor gastan (y que lo justifican con
evaluaciones serias a sus programas) y sancionen a aquellas que no justifican
con buenos resultados el buen ejercicio de los recursos públicos. La
implantación de criterios de costo-beneficio permitiría diseñar presupuestos multi-anuales, con fórmulas preestablecidas que no podrían
ser cambiadas por criterios políticos. Así se hace en otros países más
avanzados, en donde el presupuesto se ejerce con criterios técnicos y no está
sujeto a la presión de los grupos de interés. En México, la politización en la
asignación del gasto sólo genera excesos que afectan los niveles de producción
de la economía. Cuando hay ingresos altos en las arcas del gobierno, por
petróleo por ejemplo, los políticos asignan dinero en exceso a diversos
programas, lo que hace que el PIB se vea afectado (el PIB se expande por encima
de lo técnicamente deseable, resultado del abultado gasto del gobierno). Y
viceversa, cuando los ingresos de las arcas gubernamentales caen, entonces los
recortes al presupuesto afectan muy negativamente al producto de la economía (el
PIB se contrae por debajo de lo técnicamente deseable resultado de depender en
exceso del gasto público). Al momento de leer este artículo amigo lector, ya el
precio del petróleo que los diputados estimaron en el presupuesto está en su
límite (para cuando se publique este artículo, a lo mejor ya el precio del
petróleo que fijaron los diputados, quedó por encima del estimado en los
mercados internacionalmente; ojalá no sea así), pues
el precio del petróleo internacional se está derrumbando. Esto podría obligar a
que el gobierno haga recortes presupuestales que afecten seriamente a la
actividad económica. Claro, hace unas semanas para sacar el presupuesto
adelante, a los políticos se les hizo fácil “mocharle” al fondo petrolero cerca
de 20 mil millones de pesos (además de subir “unos centavos de más” el precio
del barril del petróleo, para poder gastar, sin justificación alguna, otros
milloncitos de pesos más). Como siempre, el criterio político se impuso al
económico. Es de vital importancia acabar con estas prácticas perversas en el
ejercicio del presupuesto que sólo vuelven más profundas las alzas y caídas del
PIB (una acentuación innecesaria y dañina del ciclo económico). Necesitamos un
gobierno que gaste menos, con criterios de eficiencia y cuyo ejercicio de gasto
sea neutral en las decisiones de ahorro, inversión y producción de los agentes
económicos. A ver qué dicen ahora los diputados que “apostaron” a que el precio
del petróleo no caería (usando una metodología cuestionable). Son los costos de
que el presupuesto dependa excesivamente del petróleo. Son los costos de que
nuestros políticos sean ingenuos e irresponsables.
Corresponsabilidad fiscal de los Estados. El gobierno federal debe insistir
en compartir mayores responsabilidades de recaudación con los estados y
municipios; que el federalismo no sólo incluya mayores transferencias de
recursos del gobierno federal, sino también que los gobiernos locales asuman
mayores responsabilidades de recaudación. Si los gobiernos locales dependen de
manera excesiva de las transferencias del gobierno nacional se pueden generar
una serie de distorsiones como el uso ineficiente de los recursos públicos al
no enfrentar las autoridades locales los costos de generar ingresos. Ya en el
actual presupuesto, los gobernadores le mocharon más de 17 mil millones de
pesos y quieren más. Gastar y gastar; claro, a los gobernadores les tiene sin
cuidado sus finanzas si sus ingresos provienen en su mayoría de
Rendición de cuentas. La población que paga impuestos en México tiene la
percepción de que sus impuestos no son bien empleados. Y tienen razón. Pagamos
impuestos, y los servicios públicos son muy malos. Esto está asociado a los
criterios de eficiencia arriba señalados. Además de los excesos presupuestales,
los mexicanos tenemos la percepción de que hay toda una mafia de corruptelas
que termina apropiándose de nuestros impuestos. Para verdaderamente vigilar al
gobierno y los grupos del interés que le rodean, proponemos eliminar a la
actual Secretaría de
La instrumentación de las anteriores medidas, apenas serían
un comienzo para modernizar a México, pero constituiría también el primer gran
paso para hacerlo de manera sólida y sostenida. Tal vez la caída en el precio
del petróleo nos obligue de una vez por todas a realizar la reforma fiscal
necesaria. Tienen la palabra los políticos.