Quienes atestiguamos los estragos
causados por el irresponsable populismo de gobiernos que endeudaron al país,
como ocurrió durante la docena trágica cuando la deuda externa de México pasó
de 4 mil millones de dólares en
Vale la pena recordar que la orgía
de endeudamiento externo que culminó con la quiebra del país al anunciar su
imposibilidad de seguir dando servicio a sus compromisos financieros externos
en 1982, sumió a México en una profunda crisis y en un estancamiento económico
que habría de durar casi una década.
Con tales experiencias en mente, la
secretaría de Hacienda siguió a partir de 2001 una sistemática política de
remplazar deuda pública externa con pasivos domésticos a plazos cada vez
mayores, hasta conseguir la colocación de bonos a tasa fija con vencimientos a
30 años, un hecho sin precedente en la historia.
Aprovechando que los mercados no
estaban valorando apropiadamente los bonos Brady –con
los que en 1990 se dio solución final a la deuda pública impagada de 1982-, la
autoridad hacendaria procedió discretamente a
retirarlos a un precio perceptiblemente por debajo de su valor, hasta lograr su
completo retiro, con un ahorro apreciable para el país.
Con tales políticas y estrategias se
consiguió que la proporción del endeudamiento externo neto del sector público
respecto al PIB llegara a sólo poco más del 5% mientras que la cifra comparable
en 1982 alcanzó el 80%.
De igual manera, la deuda pública total
también ha disminuido respecto al tamaño de la economía a niveles de alrededor
del 20%, casi la quinta parte de lo que representaba en los ochenta, y aún al
sumarse todos los pasivos que no se contabilizan oficialmente como deuda
pública –IPAB, Pidiregas, banca de desarrollo y
fideicomisos- la deuda total es inferior al 40% del PIB.
El reemplazo de pasivos foráneos con
deuda interna es reflejo también de la creciente confianza que generó la sólida
situación fiscal y monetaria del país al grado que los ahorradores, que suelen
votar con los pies ante situaciones de incertidumbre, han descartado lo
probabilidad de sobresaltos financieros y disparos inflacionarios insólitos e invierten
en papel del gobierno a 30 años.
Ha crecido la credibilidad de México
en los mercados internacionales lo que, a su vez, ha elevado su calidad como
deudor. Las principales calificadoras de riesgo no sólo le otorgaron el grado de inversión sino que han ido alzando
dicha calificación paulatinamente. Además, el llamado riesgo-país llegó y se mantiene cerca de su nivel mínimo histórico
debajo de 100 puntos base.
El costo financiero neto total del
gobierno federal promedió alrededor de 2.5% del PIB en el periodo 2001-06, un
ahorro acumulado de casi 400 mil millones pesos, 5% del PIB, que hoy están a
disposición de la sociedad. En adición, se fortaleció el “blindaje” financiero
del país al adquirir los recursos para hacerle frente a todos los vencimientos
de deuda externa hasta finales del 2007.
Al requerir menores recursos de los
mercados crediticios el sector público, los dejó a disposición de las personas,
y a un menor costo que en el pasado al haber caído las tasas de interés. En el 2000
el gobierno requería del 66% del total disponible para financiamiento mientras
que hoy sólo demanda 14%.
El éxito de la política de deuda de