Quizá nosotros no nos hayamos dado cuenta, pero los primeros años de
este siglo XXI han sido excepcionalmente buenos para la economía mundial. Hasta
este momento se ha registrado una tasa de crecimiento de más del 3.5 por ciento
al año. De continuar este promedio, la primera década de este siglo habrá sido
la mejor -escuche usted- no sólo de los tiempos recientes sino de toda la
historia registrada de la humanidad.
Ahora bien, quizá no nos hayamos dado cuenta, porque en México nos estamos
quedando apartados de esta bonanza. Mientras que países como China y
Lo peor de todo es que la situación no va a mejorar, a menos de que
tomemos medidas en serio para transformar la economía. El gobierno mexicano ha
estado postergando las reformas fundamentales que necesita el país debido a que
ha podido recurrir al ingreso petrolero. No hemos hecho ni la reforma fiscal,
ni la energética, ni la laboral, ni otras que nos permitirían ser más
competitivos.
El problema es que el petróleo ya se nos está acabando. En este año no
sólo se espera una reducción de los precios del crudo sino también, y por
primera vez en mucho tiempo, una disminución en la producción. El gran
yacimiento de Cantarell, en la sonda de Campeche, el
cual ha sostenido las finanzas públicas desde fines de los años setenta, se
está agotando. Y no hay ningún indicio de que podamos sacarnos nuevamente esa
lotería geológica que implicaría encontrar un yacimiento similar, especialmente
cuando hemos limitado de manera artificial la inversión en exploración y
desarrollo.
Mucho tendremos que meditar sobre el desperdicio de la riqueza generada
por Cantarell. Pero la verdad es que ya, aunque nos
lamentemos, no podremos resolver nada de lo que ya ocurrió. Tenemos la
responsabilidad, sin embargo, de mirar hacia adelante y empezar a construir un
nuevo futuro. A fines de este sexenio México podrá ser un importador neto de
petróleo. Si no hacemos una reforma fiscal que, a falta de petróleo, le permita
al gobierno vivir de los impuestos, y si no hacemos reformas legales que
permitan aumentar la inversión pública y privada de manera muy significativa,
nos seguiremos quedando rezagados en un mundo que está viviendo su mejor
momento.
Nuestros políticos deberían entender
esta situación. Este año, el primero de un nuevo gobierno, puede ser crucial.
Si empezamos a hacer las reformas, México tendrá un futuro más próspero. Si no,
nos estaremos condenando a nosotros mismos a seguir siendo pobres por lo menos
dos generaciones más.