1/18/2007
El mito mundial de los subsidios agrícolas
Ricardo Medina

En varios estados de la Unión Americana existe la pena de muerte. En muchos de los países islámicos está prohibido el consumo de alcohol y las mujeres no sólo son discriminadas sino que se les obliga a ocultar su rostro. Sería ridículo que alguien esgrimiera estos ejemplos para “argumentar” que en México debemos instaurar la pena de muerte o que en México debe prohibirse la fabricación, la distribución y el consumo de bebidas alcohólicas o que debemos instaurar el uso obligatorio de la burka para las mexicanas y prohibirles el ingreso a las universidades.

 

Así de ridículos son los alegatos de quienes dicen que México debe subsidiar a sus productores agrícolas porque eso mismo hacen los gobiernos de la Unión Europea y de Estados Unidos.

 

Detrás de ese alegato existe la presunción –totalmente errónea– de que sin subsidios la producción agrícola y pecuaria es inviable. Existe también un reflejo de imitación extra-lógica, de mimetismo bobalicón: “Si lo hacen en Estados Unidos o en Europa debe ser bueno también para nosotros”. (No es “bueno”, ¡es malo!).

 

Y en el fondo existe la torcida idea –totalmente injusta– de que un grupo de productores (por definición minoritario frente a la totalidad de la población) es más importante que los consumidores y que es correcto, por tanto, que los más –los consumidores y contribuyentes- subsidiemos a los menos.

 

Esta “sabiduría convencional”, que proclama que los subsidios a los productores agrícolas son necesarios, es desmentida todos los días en todo el mundo con numerosos ejemplos de exitosos productores agrícolas (digamos, quienes cosechan pepinos o tomates en México) que prosperan sin subsidios.

 

Recomiendo al lector visitar este sitio de Internet: Farming whitout subsidies? Some lessons from New Zealand, para ver el mejor ejemplo de que no sólo sí hay vida una vez que se eliminan los subsidios, sino que es una mejor vida para todos.

 

Así, a los defensores oficiales y oficiosos de los cazadores de subsidios agrícolas, les devuelvo su “argumento”: Nueva Zelanda tiene una próspera y competitiva industria agrícola y pecuaria y NO subsidia a los productores del campo, ¿por qué no imitamos mejor a los neozelandeses?

 

Sólo un dato, de entre el cúmulo de hechos y argumentos que el lector podrá encontrar en el sitio recomendado: La industria láctea neozelandesa es probablemente la más competitiva del mundo, tiene los precios más bajos, exporta leche, mantequilla y otros derivados prácticamente a todo el mundo y, ojo, es más próspera hoy –sin subsidios- que antes con subsidios.

 

Mañana: Siete razones para detestar los subsidios a los productores agrícolas. Y por qué nos beneficiaría más abolir unilateralmente subsidios y protecciones al campo, que esperar a que otros países lo hagan.



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