Uno de mis estimables lectores me
pregunta, con referencia a mi Aquelarre
Económico de ayer en el que citaba la influencia que tuvo el trabajo de mi
querido maestro, el recién fallecido Milton
Friedman, cuáles de las políticas públicas que él
propuso en su carrera profesional fueron trascendentes.
En mi texto me referí al impuesto de
tasa única que inspiró al líder de Estonia a adoptarlo. Friedman
propuso una tasa única de 20% en los Estados Unidos a principio de los años sesenta,
con objeto de remplazar al sistema de impuestos al ingreso vigente que entonces
llegaba a tasas marginales superiores al 90%.
El análisis teórico que se realizó sobre
tasas impositivas óptimas después de la propuesta original de Friedman, llegó a la conclusión que un gravamen parejo
sería deseable al permitir una mayor eficiencia económica y recaudatoria, con
la posibilidad de mejorar la distribución del ingreso, sobre todo al combinarse
con otra de sus propuestas, la de adoptar un impuesto negativo al ingreso, es
decir transferencias del gobierno, para los más pobres.
El atractivo del impuesto de Friedman se sustenta, como buena parte de sus iniciativas,
en su convicción que las personas reaccionan ante los incentivos que enfrentan
y que adoptan las necesarias estrategias para defender sus intereses.
En el caso que nos ocupa, argüía que
tasas impositivas de alta progresividad inducían a
los causantes a encontrar y explotar resquicios en las disposiciones
tributarias para omitir, legal o ilícitamente, el pago de impuestos al ocultar
sus ingresos o convertirlos en retribuciones exentas como las prestaciones.
Las ideas de Friedman
en los distintos ámbitos de la actividad humana en los que trabajó, se
sustentan en dos principios esenciales:
·
Los individuos conocen mejor que los burócratas o los intelectuales
qué les conviene más y cómo alcanzarlo.
·
Una intensa competencia entre oferentes de bienes y
servicios, incluidos quiénes proponen ideas y buscan cargos políticos, es la mejor
forma de satisfacer los intereses sociales e individuales, particularmente los de
los pobres.
Quizá una de las propuestas
prácticas más importantes de Friedman haya sido la de
sus vales educativos. La idea es que los padres de familia puedan seleccionar
libremente la escuela a la que desean enviar a sus hijos y que la pagarían con
los vales que para tal propósito les daría el gobierno.
En esta propuesta quedan de manifiesto
los dos principios enunciados: los padres de familia conocen mejor que los
burócratas educativos o el sindicato de maestros los intereses de sus hijos, y
la competencia entre escuelas es el mejor medio para elevar su calidad y servir
los intereses de los educandos.
Con los vales educativos hubo otra
visión de la mayor importancia: la conveniencia de separar el financiamiento
público de la educación, que él apoyaba, de la administración gubernamental de
las escuelas, pues el sistema de vales propuesto fuerza a los planteles
educativos, tanto públicos como privados, a competir por sus clientes.
Los vales educativos usados en todos
los niveles del sistema obligarían a mejorar el nivel pedagógico y permitirían
a muchos padres de familia ahorrase un gasto elevado, pues hoy en día pagan
impuestos que financian la educación pública pero mandan a sus hijos a escuelas
y universidades privadas.
Desde el punto de vista de justicia,
los vales educativos le permitirían a los estudiantes
más pobres acceder en igualdad de circunstancias con los demás, a las mejores
escuelas del sistema, y obligarían a usar racionalmente los recursos públicos
que se dedican a la educación pública de los ciudadanos.
El lunes seguiré enumerando las
políticas públicas propuestas por Milton Friedman que,
a mi juicio, lo hacen el economista más influyente del siglo XX.