Ayer el historiador Enrique Krauze publicó un excelente artículo recordándonos que el
próximo 5 de febrero se cumplirán 150 años de la promulgación de
El 11 de septiembre pasado publiqué en estas Ideas al vuelo (“Renovar el acuerdo
liberal”) lo siguiente:
“Necesitamos acercarnos más a
“México cuenta, en su tradición
liberal del siglo XIX, con la mejor fuente de inspiración para insertarse
plenamente en el siglo XXI, en el siglo de la globalización, que será también
en el siglo de las personas; no de las colectividades. Por ello, gran parte de
la modernización de México tiene mucho de restauración de los valores que inspiraron a
“Principios básicos del Estado de
Derecho liberal:
“1. Supremacía de
“2. Un concepto de justicia fundado en los
derechos individuales –y no en vagos y engañosos "derechos sociales",
que son de todos y de nadie- con énfasis en la adjudicación interpersonal
(propiedad privada). Una justicia sustentada en el cumplimiento de los
estándares y procedimientos establecidos por la misma Ley.
“3. Restricciones a todo poder
discrecional. La discrecionalidad más dañina es la del Poder Ejecutivo, porque
sus efectos sobre los ciudadanos son inmediatos e inciertos. Pero también hay
que combatir la discrecionalidad del Poder Legislativo, que si bien no siempre
genera un daño inmediato provoca incertidumbre, y la discrecionalidad del Poder
Judicial que si bien no es incierta, genera daños inmediatos sobre el ciudadano
afectado.
“4. Independencia judicial
efectiva, con certidumbre por la permanencia de la ley, independientemente de
coyunturas y circunstancias.
“5. Balances y contrapesos
efectivos entre los poderes, para que nadie pueda ceder a la tentación de la
arbitrariedad o del poder omnímodo. Todo poder debe estar restringido por
otros, y de esa forma el poder estará, en última instancia, en los ciudadanos y
no en los gobiernos.”
La más que lamentable confusión
del liberalismo clásico con las artimañas de la masonería y con un obtuso
anticlericalismo abonaron al desprestigio del término “liberal”. A ello súmese
la gran ignorancia de la opinión ambiente (que identifica, con frecuencia, “ser
liberal” con “ser libertino”) y se comprenderá que deberíamos empezar por entender
qué es el liberalismo clásico y cómo se opone, por igual, al conservadurismo y
al socialismo.