Inicié el viernes la revisión de las
políticas públicas revolucionarias concebidas por Milton Friedman empezando por el impuesto
sobre la renta con tasa única y reducida, complementado por un impuesto negativo
al ingreso, y los vales educativos para que los padres de familia escojan la
escuela de su preferencia.
Los principios rectores tras las
propuestas de Friedman son los de confiar en el buen
juicio de las personas para elegir lo que más les conviene, y las enormes
ventajas que conlleva promover una activa competencia en la oferta de
productos, servicios e ideas para mejor satisfacer los deseos de la sociedad.
Friedman entendía perfectamente
que el papel de un intelectual como él no era el de cambiar al mundo en forma
directa sino “…el de mantener las
opciones vivas hasta que las circunstancias hicieran el cambio posible…porque
hay una enorme tiranía del status quo…y sólo una crisis –ya iniciada o por
ocurrir- genera cambios reales. Cuando esa crisis sucede, las acciones que se
adopten para enfrentarla dependerán de las ideas que se encuentren vigentes.”
Además de las ya aludidas, Friedman discurrió privatizar el sistema de seguridad
social bajo el concepto que se puede confiar en que la gran mayoría de las
familias harán los arreglos necesarios para financiar su jubilación al tener
los incentivos correctos, y si pueden invertir sus ahorros libremente en empresas
privadas en competencia.
Paradójicamente, esta idea de Friedman que se ha adoptado parcial o totalmente con éxito en
Chile, Inglaterra y México, no ha progresado en Estados Unidos a pesar (¿o quizá
por ello?) que George W. Bush
hizo de esta propuesta la prioridad para su segundo período presidencial.
Nuestro sistema original de ahorro
para el retiro, maladministrado por el IMSS, se
convirtió en un mecanismo para esquilmar en forma sistemática a los “derechohabientes”
al fijarse los beneficios sin ajustes por inflación, lo que dejaba pensiones
ridículas al llegar la jubilación. ¡Benditas Afores!
Otra aportación práctica de la mayor
importancia fue la de abolir el sistema de paridades fijas instituido al
término de
La opinión prevaleciente en los años
cincuenta, cuando Friedman hizo su propuesta, era que
tal sistema sería terriblemente inestable. Finalmente, Estados Unidos se vio
obligado a desvincular el dólar del oro en 1973, lo que terminó con la era de paridades fijas.
Los tipos de cambio flotantes de las
principales monedas, junto con un eficiente mercado de futuros en
Después de las hecatombes cambiarias
de 1976, 1982, 1987 y 1994 cuyo común denominador fue tener una paridad
constante o semifija, nuestro país finalmente adoptó
también la propuesta friedmaniana. Ello ha sido, sin
duda, uno de los ingredientes esenciales de la última década de creciente
estabilidad y ausencia de crisis financieras que ha disfrutado México.
Pero quizá la contribución práctica más
importante de las muchas de Milton Friedman, haya
sido el vínculo causal que él percibió entre la libertad económica y la
libertad política, y que la segunda no se puede dar sin la primera:
“El tipo de organización de la economía que genera directamente
la libertad económica –la economía competitiva capitalista de mercado- también
promueve la libertad política pues separa el poder económico del poder
político, lo que permite que ambos se neutralicen mutuamente.”
Mañana seguiré analizando las
aportaciones prácticas de Friedman en temas como los
controles de precios, tan de moda en México por la crisis de las tortillas.