La fotografía tomada por Ramón Mier
en Tampico el domingo 14 de enero de 2007 es elocuente, puede verse en el weblog “Disiento,
luego existo”.
En sus característicos anuncios, que comparan precios
específicos de sus productos contra los precios de sus competidores del
supermercado más cercano, Wal Mart
anuncia: Tortilla de maíz $5.80 pesos el kilo en Wal Mart, $5.90 pesos el kilo en el supermercado HEB.
Es, como dijo muy acertadamente Ramón, la mano
invisible del mercado, de la que escribió Adam Smith, actuando a la luz del día y con su habitual eficacia
y contundencia.
Cinco días después, el viernes 19 de enero, cuando
menos seis periódicos de influencia nacional (
Es la garra peluda del gobierno que, lleno de buenas
intenciones y de retórica demagógica a favor de “los más necesitados”, ya logró
–al menos en términos de información a los consumidores- hacer “ley” un precio
46.5% mayor que el que cualquier consumidor puede encontrar en Wal Mart o en otros supermercados
en cualquier lugar del país, incluso en la frontera.
Wal Mart y
los supermercados seguirán vendiendo el kilo de tortilla por debajo de los seis
pesos…, pero –me imagino- el “pacto” tortillero busca
evitar que los mexicanos pobres vayan a convertirse en clientes habituales de
esas odiosas cadenas comerciales que compiten buscando precios bajos… Cada cual
en su lugar: los pobres en la tortillería de nixtamal, haciendo cola para
comprar el kilo a “precio pacto” de $8.50 y nosotros en el supermercado
comprando tortillas más baratas a “precio libre” de $5.80 el kilo. Un logro más
del intervencionismo socialista en los mercados: Las clases son las clases.
Supongo que ahora querrá el gobierno de Felipe
Calderón que le aplaudamos, ahora sí hay Presidente, ahora sí el gobierno actúa
rápido y mete su garra peluda a la primera provocación periodística. El
gobierno de Calderón es “sensible”.
“¡Qué diferencia!”, exclaman con alborozo nuestros Keynes de pacotilla que anhelan el intervencionismo
gubernamental en los mercados, “respecto de los insensibles neoliberales del
pasado”.
Misión cumplida: Hemos rebasado por la izquierda a
López y a sus feligreses.
Ejemplos del alborozo embobado por esta “oportuna”
intervención del gobierno en los mercados, disfrazada al más rancio estilo del
Pacto de Solidaridad Económica (15 de noviembre de 1987) cuando la inflación
anual arañaba el 160 por ciento y se consideraba impensable que hubiese
siquiera un gobernador de algún estado de
“Lejos de dejar que el mercado y su mano invisible ajustaran
el comportamiento de los precios, se usó la mano visible del Estado para
incidir en el comportamiento de los agentes económicos (…) Es decir, se hizo
política económica (…) Uno de los puntos más débiles del acuerdo es su alcance (…)
no es delito vender el kilo de tortilla a diez pesos o más (…) mostró de nueva
cuenta a un gobierno que intenta no ser rebasado y que toma decisiones. Tal vez
éstas no serán perfectas y tengan puntos débiles, pero hay acción”. (Enrique Quintana, periódico
“Reforma”)
“Es una buena salida al conflicto que se había
generado por el aumento del precio de la tortilla y una demostración de que, en
muchas ocasiones, el mercado no puede ser todo: no siempre se puede dejar
librada a las vicisitudes del mercado la vida y el bienestar de las sociedades,
sobre todo en aquéllas, como la nuestra, en la cual un alto porcentaje de la
población vive en la pobreza”. (Jorge Fernández Menéndez, periódico “Excélsior”)
Así pues, es maravilloso que se haya
resucitado “la concertación de sectores productivos”, que se haya “corregido”
al mercado (que con su habitual impiedad permitía que la tortilla se siguiese
vendiendo en los supermercados debajo de los seis pesos, ¡qué ironía!) y se
haya puesto ese “tope” de $8.50 pesos el kilo. Lo malo, dicen nuestros Keynes de bolsillo, es que la corrección no fue más rápida
ni fue tan contundente como sería deseable.
Quintana, por ejemplo, lamenta que no
sea delito que alguien ofrezca el kilo a diez pesos (tal vez desea una
persecución de “hambreadores del pueblo” al estilo de
Fernández, a su vez, repite la consigna
favorita de los intervencionistas: “El Estado debe actuar, y rápido, para
corregir las fallas de los mercados”.
Sí, claro, debe ser una tremenda falla
del mercado que Wal Mart,
sin necesidad de pactos, amenazas, desplantes demagógicos y parafernalia
presidencialista de “sectores unidos fervorosamente en torno a nuestro líder
máximo”, estuviese vendiendo el kilo de tortilla a $5.80.
Sólo algunas voces aisladas detectaron el
terrible error y le llamaron por su nombre. Estas fueron las ocho columnas del
periódico “El Economista” el mismo viernes 19 de enero:
“Rechazan
empresarios el control de precios. Sólo genera más distorsiones y costos a
empresas”.
Lo más triste del asunto, desde la
perspectiva de la estrategia política, es que este tipo de “rebase por la izquierda”
fracasa incluso como gesticulación populista para seducir al populacho. Si de
ser populista e intervencionista se trata, los del PRD lo hacen más
contundentemente y sin disfraces: Control de precios y punto. Racionamiento y
punto. Cárcel a los especuladores y punto. Muera el libre mercado y punto. “La
política económica se hace en Los Pinos” y punto.
Ya vamos entendiendo.