1/22/2007
La mano invisible del mercado, la garra peluda del gobierno
Juan Pablo Roiz

La fotografía tomada por Ramón Mier en Tampico el domingo 14 de enero de 2007 es elocuente, puede verse en el weblog “Disiento, luego existo”.

 

En sus característicos anuncios, que comparan precios específicos de sus productos contra los precios de sus competidores del supermercado más cercano, Wal Mart anuncia: Tortilla de maíz $5.80 pesos el kilo en Wal Mart, $5.90 pesos el kilo en el supermercado HEB.

 

Es, como dijo muy acertadamente Ramón, la mano invisible del mercado, de la que escribió Adam Smith, actuando a la luz del día y con su habitual eficacia y contundencia.

 

Cinco días después, el viernes 19 de enero, cuando menos seis periódicos de influencia nacional (La Jornada, La Crónica, Excélsior, Milenio, El Sol de México, Ovaciones) ofrecen como información de primera plana: “Tortilla a $8.50… sólo hasta abril” o, con mayor crudeza: “Pactan alza de hasta 42% en la tortilla”.

 

Es la garra peluda del gobierno que, lleno de buenas intenciones y de retórica demagógica a favor de “los más necesitados”, ya logró –al menos en términos de información a los consumidores- hacer “ley” un precio 46.5% mayor que el que cualquier consumidor puede encontrar en Wal Mart o en otros supermercados en cualquier lugar del país, incluso en la frontera.

 

Wal Mart y los supermercados seguirán vendiendo el kilo de tortilla por debajo de los seis pesos…, pero –me imagino- el “pacto” tortillero busca evitar que los mexicanos pobres vayan a convertirse en clientes habituales de esas odiosas cadenas comerciales que compiten buscando precios bajos… Cada cual en su lugar: los pobres en la tortillería de nixtamal, haciendo cola para comprar el kilo a “precio pacto” de $8.50 y nosotros en el supermercado comprando tortillas más baratas a “precio libre” de $5.80 el kilo. Un logro más del intervencionismo socialista en los mercados: Las clases son las clases.

 

Supongo que ahora querrá el gobierno de Felipe Calderón que le aplaudamos, ahora sí hay Presidente, ahora sí el gobierno actúa rápido y mete su garra peluda a la primera provocación periodística. El gobierno de Calderón es “sensible”.

 

“¡Qué diferencia!”, exclaman con alborozo nuestros Keynes de pacotilla que anhelan el intervencionismo gubernamental en los mercados, “respecto de los insensibles neoliberales del pasado”.

 

Misión cumplida: Hemos rebasado por la izquierda a López y a sus feligreses.

 

Ejemplos del alborozo embobado por esta “oportuna” intervención del gobierno en los mercados, disfrazada al más rancio estilo del Pacto de Solidaridad Económica (15 de noviembre de 1987) cuando la inflación anual arañaba el 160 por ciento y se consideraba impensable que hubiese siquiera un gobernador de algún estado de la República que no fuese del PRI y al que no hubiese bendecido y “palomeado” el “Señor Presidente”:

 

“Lejos de dejar que el mercado y su mano invisible ajustaran el comportamiento de los precios, se usó la mano visible del Estado para incidir en el comportamiento de los agentes económicos (…) Es decir, se hizo política económica (…) Uno de los puntos más débiles del acuerdo es su alcance (…) no es delito vender el kilo de tortilla a diez pesos o más (…) mostró de nueva cuenta a un gobierno que intenta no ser rebasado y que toma decisiones. Tal vez éstas no serán perfectas y tengan puntos débiles, pero hay acción”. (Enrique Quintana, periódico “Reforma”)

 

“Es una buena salida al conflicto que se había generado por el aumento del precio de la tortilla y una demostración de que, en muchas ocasiones, el mercado no puede ser todo: no siempre se puede dejar librada a las vicisitudes del mercado la vida y el bienestar de las sociedades, sobre todo en aquéllas, como la nuestra, en la cual un alto porcentaje de la población vive en la pobreza”. (Jorge Fernández Menéndez, periódico “Excélsior”)

 

Así pues, es maravilloso que se haya resucitado “la concertación de sectores productivos”, que se haya “corregido” al mercado (que con su habitual impiedad permitía que la tortilla se siguiese vendiendo en los supermercados debajo de los seis pesos, ¡qué ironía!) y se haya puesto ese “tope” de $8.50 pesos el kilo. Lo malo, dicen nuestros Keynes de bolsillo, es que la corrección no fue más rápida ni fue tan contundente como sería deseable.

 

Quintana, por ejemplo, lamenta que no sea delito que alguien ofrezca el kilo a diez pesos (tal vez desea una persecución de “hambreadores del pueblo” al estilo de la Unión Soviética y del terror estalinista; no le alcanza su preclaro entendimiento para imaginar que es irrelevante que alguien ofrezca el kilo de tortilla a mil pesos cuando en cualquier supermercado se puede obtener por debajo de seis pesos; supone Quintana que como la gente es idiota comprará la tortilla donde se la vendan más cara y eso sólo se evitará encarcelando a los “malos comerciantes” gracias a la sapiente, benévola, oportuna e infalible garra peluda del gobierno haciendo y deshaciendo en los mercados).

 

Fernández, a su vez, repite la consigna favorita de los intervencionistas: “El Estado debe actuar, y rápido, para corregir las fallas de los mercados”.

 

Sí, claro, debe ser una tremenda falla del mercado que Wal Mart, sin necesidad de pactos, amenazas, desplantes demagógicos y parafernalia presidencialista de “sectores unidos fervorosamente en torno a nuestro líder máximo”, estuviese vendiendo el kilo de tortilla a $5.80.

 

Sólo algunas voces aisladas detectaron el terrible error y le llamaron por su nombre. Estas fueron las ocho columnas del periódico “El Economista” el mismo viernes 19 de enero:

 

“Rechazan empresarios el control de precios. Sólo genera más distorsiones y costos a empresas”.

 

Lo más triste del asunto, desde la perspectiva de la estrategia política, es que este tipo de “rebase por la izquierda” fracasa incluso como gesticulación populista para seducir al populacho. Si de ser populista e intervencionista se trata, los del PRD lo hacen más contundentemente y sin disfraces: Control de precios y punto. Racionamiento y punto. Cárcel a los especuladores y punto. Muera el libre mercado y punto. “La política económica se hace en Los Pinos” y punto.

 

Ya vamos entendiendo.



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