10/26/2012
Economía y comunicación
Arturo Damm

En el último Pesos y Contrapesos, dedicado a Steve Jobs, y a su capacidad para inventar mejores maneras de satisfacer necesidades, afirmé que la necesidad de comunicarnos es básica, siendo básicas aquellas necesidades que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud o la vida, siendo el mejor ejemplo de ello la necesidad que tenemos de alimentarnos: si no nos alimentamos atentamos contra nuestra salud y, de persistir en ello, también lo hacemos contra nuestra vida.

Para entender mejor por qué la comunicación es una necesidad básica, centremos la atención en una de las condiciones que debe cumplirse para que, en una economía como la nuestra -basada en una amplísima, complejísima y profundísima división del trabajo, por la cual buena parte de los bienes y servicios que cada uno necesita fueron producidos por alguien más, siendo propiedad de alguien más- cada uno pueda satisfacer sus necesidades. ¿Cuál es esa condición necesaria? La comunicación.

La actividad económica central, en una economía en la que se ha alcanzado el grado de división del trabajo que se ha alcanzado en la nuestra, es el intercambio, en torno al cual giran todas las demás actividades económicas, en el sentido de que se produce para el intercambio (se trabaja y produce para vender), y se consume del intercambio (se compra para consumir), intercambio que resultaría imposible si la comunicación entre oferente y demandante fuera imposible: el comprador debe comunicarle al vendedor qué desea, de la misma manera que el vendedor debe comunicarle al comprador a qué precio está dispuesto a proveérselo. El intercambio es, antes que otra cosa, un ejercicio de comunicación, que en muchos casos supone toda una retórica, por demás sofisticada, como bien lo vio en su momento Adam Smith.

Imaginemos qué pasaría con nuestro nivel de bienestar si, por alguna extraña razón, no pudiéramos comunicarnos, de ninguna manera, con nadie más. En tales condiciones, dentro de seis meses, nuestro bienestar ¿sería igual, mayor o menor que el actual? Menor, sin duda alguna, y ello por una razón muy sencilla: si por alguna extraña razón no pudiéramos comunicarnos, de ningún a manera, con nadie más, no seríamos capaces de realizar ningún intercambio, y ello tendría como consecuencia, de golpe y porrazo, caer en la autarquía, es decir, en aquella condición en la cual cada quien tiene que producir, de manera aislada, todo lo que necesita para satisfacer sus necesidades, autarquía que corresponde a la economía robinsoncrusoeniana, es decir, a la economía del náufrago solitario, que debe valerse por sí mismo. Si usted, lector, tuviera que producir todo lo necesario para satisfacer sus necesidades, ¿cuál sería su nivel de bienestar? Si tuviera que hacerlo, ¿dispondría de los bienes y servicios de los que hoy dispone, y que son producto de esa amplísima, complejísima y profundísima división del trabajo, que tiene sentido gracias al intercambio, que es posible gracias a la comunicación entre el oferente y el demandante?

¿Es, o no es, la comunicación una necesidad básica, de la cual depende, entre otras cosas, el bienestar?



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