MIÉRCOLES, 24 DE OCTUBRE DE 2012
El empresario y las necesidades

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“Ideologías hay varias, ciencia económica solo una, cuyas leyes, como la de gravedad, funcionan en todo el mundo, no seguirlas genera miseria y escasez.”
Luis Pazos

Arturo Damm







“Los empresarios, al inventar mejores maneras de satisfacer las mismas necesidades de siempre, benefician a los seres humanos, beneficio que se transformaría en perjuicio si, en vez de ello, fueran capaces de crear nuevas necesidades.”


El otro día, relacionado con Steve Jobs, leí lo siguiente: “Fue un hombre que inventó aparatos que no necesitábamos, y de los cuales ahora no podemos prescindir”, afirmación que puede interpretarse, como de hecho la interpretan muchos, de la siguiente manera: “Steve Jobs se dedicó a crear necesidades, y la muestra es que hoy necesitamos los productos que su empresa produce”, afirmación que parece cierta pero que, bien vistas las cosas, no lo es (por más que él mismo lo haya creído).

Si los empresarios, y en más de un sentido Jobs lo fue por antonomasia, fueran capaces de crear necesidades, en vez de beneficiar a la humanidad (¡y no exagero al calificarlos de benefactores!), la perjudicarían, precisamente creando nuevas necesidades que vendrían a complicarle la vida a los seres humanos. No, los empresarios, los verdaderos empresarios, como lo fue Jobs, no crean necesidades: inventan mejores maneras de satisfacer las mismas necesidades de siempre. Ejemplo: yo no tengo necesidad de un iPhone, sino de comunicarme, y el iPhone, de la misma manera que todos los demás smartphones, lo que hace es permitirme satisfacer esa necesidad de manera más eficaz. Puntualizando: la necesidad primaria es la de comunicarnos, y de esa necesidad primaria surge una secundaria, la del satisfactor, que en este caso es el iPhone, o cualquier otro smartphone, satisfactor que es el medio para el logro de un fin: satisfacer la necesidad y, aquí está el detalle, satisfacerla, no de cualquier forma, sino de la mejor manera posible.

La necesidad del satisfactor es una necesidad derivada de la necesidad primaria y, por ello, dependienta de ésta, de tal manera que, satisfecha la necesidad primaria, desaparece la necesidad secundaria. Necesitamos el iPhone porque necesitamos comunicarnos de manera eficaz, y eso es precisamente lo que hace posible el iPhone: comunicación eficaz. Jobs, ¿inventó la necesidad que tenemos de comunicarnos? No, claro que no. Entonces, ¿qué inventó? Una manera más eficaz de satisfacer esa necesidad: el iPhone.

La primera parte de la mentada frase –Jobs inventó aparatos que no necesitábamos– es falsa: inventó aparatos que, al facilitar la satisfacción de ciertas necesidades, sí necesitábamos, y tan los necesitábamos que allí está su demanda para probarlo. La segunda parte de la frase –de los cuales ahora no podemos prescindir– es cierta, y lo es, no porque dependamos de ellos como el alcohólico depende del alcohol, de manera destructiva, sino porque dependemos de ellos de manera constructiva, en el sentido de que con el iPhone, y muchos otros aparatos, somos capaces de “construir” una vida mejor, como lo es aquella en la cual las necesidades, comenzando por las básicas –y la necesidad que tenemos de comunicarnos es básica– se satisfacen de mejor manera.

Los empresarios, al inventar mejores maneras de satisfacer las mismas necesidades de siempre (sí, las mismas de siempre: ¿qué necesidades nuevas tenemos nosotros que no hayan tenido nuestros abuelos?), benefician a los seres humanos, beneficio que se transformaría en perjuicio si, en vez de ello, fueran capaces de crear nuevas necesidades.

• Prosperidad • Steve Jobs

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