Más de un lector dirá que, insensatamente, insisto, no sólo en el tema del dinero, sino en presentarlo, como lo dice el nombre de este artículo, como una herramienta maravillosa. ¿No estaré exagerando? Y ello, ¿no será consecuencia de algún prejuicio? Para responder hago, nuevamente, la pregunta ya hecha en otros Pesos y Contrapesos: ¿qué pasaría, con nuestro bienestar, si el dinero desapareciera, es decir, si no contáramos con un medio de intercambio, debiéndonos limitar al trueque? Imagínese cómo se le complicaría la vida en ausencia de ese medio de intercambio. Imagínese cuánto disminuiría su bienestar sin la ayuda que nos brinda el dinero.
Nuestro bienestar depende de la cantidad de bienes y servicios de los que podamos disponer, lo cual depende de la cantidad de intercambios que podamos realizar, lo cual depende de que contemos con un medio de intercambio, al cual le hemos dado el nombre de dinero. Si el dinero desapareciera los intercambios se limitarían al trueque, lo cual traería, como primera consecuencia, una reducción considerable en la cantidad de intercambios que podríamos realizar, lo cual traería, como segunda consecuencia, una disminución desmedida en la cantidad de bienes y servicios a nuestra disposición, lo cual traería, como tercera consecuencia, una baja importante en nuestro nivel de bienestar. Vistas así las cosas, y dado el papel crucial que el dinero juega como medio de intercambio, ¿es o no es una herramienta maravillosa?
Quien entendió la maravillosa herramienta que es el dinero fue Borges[1], quien en su cuento El Zahir –“que en Buenos Aires (…) es una moneda común de veinte centavos”– escribió lo que sigue: “El dinero es abstracto, (…), el dinero es tiempo futuro. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla de Pharos. Es tiempo imprevisible, tiempo de Bergson, no duro tiempo del Islam o del Pórtico. Los deterministas niegan que haya en el mundo un solo hecho posible, id est un hecho que pudo acontecer; una moneda simboliza nuestro libre albedrío”, y lo simboliza, precisamente, porque el dinero es medio de intercambio, de tal manera que se puede dar a cambio de todo aquello que tenga un precio, siendo que, contando con dinero, todo aquello que se ofrece a cambio de un precio puede ser objeto de nuestra elección.
El dinero es poder, poder de compra, y el poder de compra es la consecuencia de haber producido riqueza, de haber trabajado y haber generado un ingreso, fruto de nuestro trabajo que se deposita en el dinero, que entonces hace las veces de depósito de poder de compra, siempre y cuando no esté afectado por la inflación, que es al dinero lo que la criptonita a Superman: le resta poder, poder de compra.
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