Mi maestro de la Universidad de Chicago Robert J. Gordon acaba de publicar un ensayo titulado “¿Se acabó el crecimiento económico de Estados Unidos? Una innovación tambaleante confronta seis vientos en contra.”[1]
Este es un tema que ha venido trabajando Gordon de tiempo atrás y que se hizo notar cuando sus negros presagios salieron en The Economist, que tuvo la humorada de poner al Pensador de Rodin sentado en un retrete en su portada, lo que pretendía ilustrar que las innovaciones contemporáneas no se comparan a las del pasado.
Su tesis central es que el acelerado crecimiento económico ocurrido en los 250 años que van desde 1750 hasta finales del milenio pasado es un episodio extraordinario en la historia de la humanidad, que registra virtualmente cero crecimiento antes de ese año y que, de ser ciertas sus predicciones, regresará al estancamiento en el futuro.
Su análisis vincula los periodos de lento o rápido crecimiento a tres revoluciones industriales (RI): la primera, entre 1750 y 1830, aportó la máquina de vapor y el ferrocarril; la segunda, de 1870 a 1900, trajo la electricidad, el motor de combustión interna, agua corriente y baños en las casas, medios de comunicación y entretenimiento, productos químicos y el petróleo.
La tercera, de 1960 a la fecha, nos dio computadoras, internet y teléfonos celulares, pero destaca que la RI #2 fue la más importante al ser el motor de ocho décadas de acelerado crecimiento en la productividad entre 1890 y 1972.
Una vez que las invenciones derivadas de la RI #2, como aviones, aire acondicionado y el sistema de supercarreteras interestatales corrieron su curso, el crecimiento en la productividad durante el lapso 1976-96 fue mucho más lento, y la RI #3 sólo logró reavivarlo por un breve lapso entre 1996 y 2004.
Muchas de los inventos originales y derivadas de la RI #2 fueron sucesos no repetitivos, como la urbanización, el aumento en la velocidad del transporte, la liberación femenina de la infame labor de cargar toneladas de agua y el papel de la calefacción y el aire acondicionado para borrar las estaciones del clima.
Gordon ignora a propósito la Gran Recesión que aflige a la economía desde 2007 para no mezclar fenómenos de corto plazo con las tendencias seculares que él identifica. A pesar de ello, es pesimista respecto al porvenir pues a las invenciones sin crecimiento que describe, se suman seis “vientos en contra” que son:
En estas circunstancias, Gordon concluye que el ingreso del 99% de la población de su país crecerá a una tasa de 0.2% anual, es decir, virtualmente nada.
Ya habrá ocasión de presentar los argumentos contra esta negra visión del futuro económico de EU, y de paso del de México, con ciclos económicos en estrecha sincronía.
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