En la ciudad de Aguascalientes la privatización (concesión a empresas privadas) del agua trajo como resultado lo siguiente:
¿Por qué quien escribe este artículo señala estos puntos? En primer lugar doy sustento a los datos arriba reportados. El estudio proviene del Dr. Otto Granados Roldán quien fue gobernador del estado de Aguascalientes y hoy es un académico destacado. Los datos y el estudio de la exitosa experiencia de privatización que el profesor Granados ejecutó cuando fue gobernador se pueden encontrar en este espacio virtual, publicado por la revista Nexos (por favor señores periodistas de la izquierda LEANLO http://www.nexos.com.mx/?p=24395, chequen que la privatización del agua bien hecha puede traer buenos resultados en el mediano y largo plazo.
¿A qué viene esto a colación? Hace poco fue cesado el director de Conagua, David Korenfeld. El motivo, usar un helicóptero del gobierno para fines privados de su familia. En cualquier país desarrollado, utilizar bienes públicos con fines privados acarrea sanciones severas. Tal vez este fue el pecado de Korenfeld. Aun así, ¿por qué tantos medios de comunicación se desgarraron las vestiduras pidiendo su destitución? Me temo que se debe a la ideología izquierdista que llevan dentro. Korenfeld iba a ser el operador de la propuesta de la Nueva Ley General de Aguas que promueve el Congreso mexicano. En dicha Ley se enfatiza la importancia de cobrar el agua a todos los usuarios. Quien consuma más, debe pagar más, como sucede con cualquier bien privado. En dicha Ley se enfatiza la importancia de definir más claramente los derechos privados de propiedad del agua. Lo ideal sería definir propiedad privada plena del agua para quien la posea en su terreno o rancho, pero eso queda lejos de la propuesta que se conforma con mejorar y ampliar las concesiones privadas.
El problema es que la izquierda mexicana, ignorante en temas económicos, cree que esto atenta contra los derechos humanos, que el agua debe ante todo ser un bien al que todo ser humano debe tener derecho universal y para nada un bien económico. Están en un craso error.
Llevar agua a las ciudades (de todos los tamaños), cuesta y cuesta muchísimo. Pensar que el agua debe ser un “bien gratuito” es una idiotez económica. Tal vez hace unos siglos el agua tuvo características de bien público puro (no era exclusiva de nadie y el consumo de unos no afectaba al de otros). Con el avance de la civilización humana, esto ya no es cierto. El consumo de agua de unos afecta al de otros. Por tanto, si el agua no se cobra, da pie a que el recurso hídrico se desperdicie, no se valore justamente y se haga mal uso de la misma. Agua gratuita significa cero incentivos a racionar su uso. Y por cierto, el gobierno mexicano que en su enorme mayoría opera el monopolio del agua, es un verdadero fracaso de negocio. No invierte adecuadamente en las redes hidráulicas de las regiones (si fuera así, no sería posible que en ciudades de estados como Tabasco o Veracruz escaseara el agua; increíble que el agua potable escasee en zonas de vastos recursos acuíferos).
Ojalá los izquierdistas que se oponen a la medida de darle un uso racional al agua leyeran el libro de la gran economista Elinor Ostrom, El Gobierno de los Bienes Comunes. En esta obra aprenderían la importancia de diseñar derechos privados sobre el agua (y en general sobre los recursos naturales) y no tonterías de que el agua debe ser de todos, lo que es de todos es en realidad de nadie. Si el agua es de “todos”, nadie tiene incentivo a cuidarla o a renovar su oferta, el incentivo perverso es sólo de utilizarla sin tomar en cuenta la importancia de que se regeneren los espacios acuíferos para que la misma se reproduzca.
Si la propuesta de Ley tiene errores o insuficiencias hay que corregirlos, pero oponerse por puras motivaciones ideológicas es un error que podría agravar la escasez de este recurso natural esencial para el ser humano.