5/6/2016
¿Qué es el mercado?
Santos Mercado

Uno de los conceptos más difíciles de entender de la ciencia económica es el que se refiere al mercado, es decir, esa actividad maravillosa que genera relaciones de armonía y paz entre los individuos aunque no se conozcan, aunque hayan sido antagónicos en otros tiempos.

Para entender al mercado, primero debemos saber que es un asunto de dos, no de tres, ni de una muchedumbre contra otra muchedumbre. Basta un oferente, quien lleva un bien que desea intercambiar y que a la vez es demandante pues desea otro bien diferente al que lleva en las manos. El demandante desea conseguir algo que le es útil, y que para tal propósito lleva un bien que no necesita tanto y pretende darlo a cambio. Entonces, podemos ver que un individuo es tanto demandante como oferente. Cuando ya entra la institución dinero, al que lleva monedas o billetes normalmente se le llama demandante y al que lleva un bien, oferente. En realidad el que lleva billetes, el demandante, también es oferente pues ofrece su dinero a cambio de algo. Y el que lleva el objeto, es oferente pero también demandante pues demanda dinero.

Pero sigamos en el caso de trueque. Dos individuos se encuentran y para facilitar el entendimiento, digamos que uno lleva naranjas y otro, carne de tapir. Para empezar el proceso de formación de mercado, necesitan un ambiente de paz, algo así como un PACTO DE NO AGRESIÓN. Significa que cada individuo verá a su contraparte con respeto, sin amenaza de agredirlo, coaccionarlo o violentarlo. Si no hubiera ese micro clima de paz, sería imposible crear el mercado. En segundo lugar, se da un reconocimiento de propiedad privada. Quiere decir que cada uno de los agentes acepta que el objeto que lleva su contraparte es de su propiedad. Ninguno de los dos va a investigar de dónde, cuándo o cómo lo obtuvo el otro. En tercer lugar, cada uno actúa de manera racional, es decir, tratarán de obtener lo más a cambio de ceder lo menos. En cuarto lugar, se sienten libres de negociar, presentar sus propuestas y regatear. Si la negociación llega a un acuerdo, hacen el intercambio, el QUID PRO QUO. Es importante resaltar que una vez que han acordado el precio, ya no pueden moverlo, pues eso generaría un problema. Por ejemplo, si acordaron tres naranjas a cambio de dos peras, a la hora de hacer el trueque no puede dar solo dos naranjas por dos peras. Un comportamiento así significaría un rompimiento de contrato. Romper contratos es una de las fuentes de violencia.

Nuestros dos agentes se encuentran en un lugar y en un tiempo. Originalmente nadie establecía el lugar donde se podían hacer los intercambios. Por ejemplo, en el caso del EKEKO, este personaje iba a las casas para dialogar, ofrecer, negociar y posiblemente intercambiar. Parecía magia lo que hacía, pues empezaba con un par de huevos de guajolote que intercambiaba por maíz; guardaba la mitad de maíz y el resto lo intercambiaba por frijol; guardaba la mitad y el resto lo intercambiaba por trigo y así seguía de casa en casa. Cuando regresaba a su hogar llevaba un cargamento maravilloso de diversos bienes. Lo interesante de esta actividad era la forma no violenta del contacto entre oferente y demandante.

Otra manera más desarrollada se dio cuando los oferentes y demandantes concurrían a un lugar específico, digamos, al centro de la aldea. Por una costumbre ancestral, al lugar de convergencia se le llamó “mercado”. Fue un término no muy afortunado porque escondía la esencia del proceso de mercado.

Ahora ya podemos definir lo que es un mercado. Se compone de dos individuos que desean intercambiar bienes, en un tiempo y en un lugar. El mercado se crea cuando los agentes llegan a un acuerdo en la tasa de intercambio y realizan el Quid pro Quo, es decir, el intercambio. En cuanto los bienes cambiaron de manos, se acabó el mercado. Los agentes se dan la vuelta y cada uno se va satisfecho por la operación realizada. ¿Cuánto tiempo dura el mercado? Se puede decir que menos de lo que dura un suspiro.

El trueque no es la única manifestación del mercado. Pensemos en una subasta, donde un bien queda en manos del mejor postor. También es un mercado, en virtud de que el subastador está tratando de conseguir el mejor precio, el más alto, y los demandantes igual quieren adquirir el objeto al menor precio. Cuando ya solo queda una mano levantada ofreciendo la mayor cantidad, cae el mazo para adjudicarle el bien y todos lo dan por bien adquirido. Es una operación civilizada, voluntaria y libre.

Otra manifestación del mercado es cuando acudimos a una tienda donde los productos están etiquetados con la cifra que el vendedor pretende obtener. Los clientes ven el objeto, lo miden, lo huelen, lo acarician y deciden si lo compran o no. El dueño de la tienda, por muy poderoso que sea, no puede obligar a que el cliente lo compre. Es una operación libre y voluntaria, es mercado.

La idea de mercado no se reduce al intercambio de bienes y servicios de manera libre y voluntaria entre los individuos. También se puede observar en el campo del amor. En efecto, cuando un hombre habla a una mujer para convencerla de que se case con él sin que haya violencia ni coacción, y la mujer esté en completa libertad para negarse, es posible que se esté formando un mercado. Si la dama accede, se formó el mercado y todos felices, si se niega, no se formó mercado y nadie debe reclamar.

Así pues, la idea de mercado recoge la relación civilizada entre los hombres, relación de libre y voluntario acuerdo exento de toda coacción y violencia. Es una relación que solo se puede dar, hasta donde se sabe, en la humanidad. No se ha visto que los perros, las hormigas u otros animales hayan aprendido a negociar para hacer trueque o comercio de bienes y servicios. Si los hombres no se relacionan mediante el mercado, la alternativa es una relación de violencia, coacción y dominio del más fuerte contra el más débil. Se le puede llamar relación de antimercado. El ladrón que te despoja de la cartera, el que engaña dando gato por liebre, el ladrón de autos, el falsificador de billetes, el cobrador de impuestos, todas estas actividades son anti-mercado. Por supuesto, las relaciones anti-mercado son ajenas al trato civilizado entre los hombres y terminan destruyendo a la sociedad. Así pues, es fundamental que una sociedad decida defender o destruir el sistema de mercado pues de ello depende su futuro.



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