Triste,
muy triste es la aparente solución al conflicto oaxaqueño. Como siempre, al más
puro estilo tradicional priísta, se pretende solucionar los conflictos sociales
con dinero del contribuyente, nunca con la ley en la mano. Ya se le ofreció al
Sindicato Nacional de Maestros (lo que incluye a la rijosa Sección 22) un nuevo
botín de poco más de 40 mil millones de pesos (por lo menos es una promesa para
el próximo sexenio). Aparentemente, esta oferta ya le
gustó a los líderes sindicales y por lo pronto están planeando regresar a
clases. Habrá que ver si los radicales de
Una
pregunta al aire, ¿de dónde sacará Felipe Calderón 4 mil millones de pesos para
el SNTE? Su probable futuro Secretario de Hacienda, Carstens,
sabe bien que eso es un exceso para el presupuesto público. A ver si Calderón
se pone las pilas y corrige esta promesa demagógica.
Nuestro
sistema educativo público básico francamente está podrido. Se trata de un
sector que sólo vive de las prebendas y dádivas que los gobernantes en turno
les ofrecen. Lo de menos es la educación de los niños.
Sin base a
criterio productivo alguno, entre la presión que año con año lleva a cabo el
SNTE (y sus alas disidentes), de acuerdo a
Se trata
más bien de un triunfo de los buscadores de rentas encabezado por el Sindicato
magisterial. A continuación mostramos qué premios existen en
El premio "Maestro Altamirano" se entrega a quienes tienen 40
años o más de servicio y para el 2005 se incrementó en mil 800 pesos, para
quedar en 47 mil 250. La medalla "Rafael Ramírez", que se otorga a
los docentes con 30 años de servicio, el año pasado tuvo un aumento de mil 150
pesos y quedó en 29 mil 600.
Además, en el 2005, se instituyó el premio al mérito
académico "Maestro José Vasconcelos", para
el cual
Con la revisión de este año, seguro se incrementarán
estos premios a la “excelencia”.
También hay bonos e incentivos para la burocracia
educativa. Así, hay tres compensaciones anuales por desempeñar funciones de
director de doble turno, y en general bonos anuales para maestros, directores y
supervisores. Por supuesto, todos los funcionarios cuentan con fondo de
vivienda.
En teoría también hay premios al mérito académico, pero esos, esos
premios a la excelencia son los que menos peso tienen en
En Chile, a mediados de los años ochentas (1981-1986), el gobierno optó
por subsidiar a la demanda educativa y no a la oferta (a los burócratas
educativos ya no les caía el dinero del cielo). El resultado fue mayor
competencia en el servicio de educación básica. Las escuelas privadas se
multiplicaron y las públicas disminuyeron su matrícula y algunas hasta
cerraron. Por supuesto, hubo profesores despedidos. Las escuelas públicas que
sobrevivieron mejoraron notablemente su oferta educativa. Obvio, el sistema
daba a los participantes el incentivo a competir y, con ello, atraer a los
mejores alumnos. Es el período en que mejor competitividad tuvo Chile en su
sistema educativo básico. Con la llegada de la democracia y del primer gobierno
chileno de izquierda elegido en las urnas (después de la dictadura), las
presiones sindicales resurgieron y nuevamente se impidió despedir a los malos
profesores. Son los años que van de
¿Qué tiene de malo despedir a los malos maestros? ¿Qué tiene de malo
cerrar a las malas escuelas? En un mercado libre, los médicos y abogado malos
tienen que salir del mercado, pues nadie los recomienda. Claro, si pertenecen a
un sindicato, entonces la calidad pasa a segundo termino. Ahí está la
mediocridad. El sistema chileno volvió a tratar por igual a los elementos
buenos y malos.
Después de 1995, Chile trata de retomar el mecanismo de competencia,
pero ahora con subsidios parciales a las escuelas privadas (los padres de
familia soportan otra parte de la carga financiera). El problema, de acuerdo a
los expertos, es que el sistema sigue protegiendo a las escuelas públicas de la
competencia. El resultado, precios distorsionados que inhiben la adecuada
asignación de recursos para elegir un colegio en donde estudiar. Si no se
permite que las malas escuelas públicas cierren, ni despedir a los malos
maestros (sólo se permite despedir a lo maestros que están por honorarios; los
sindicalizados están fuera de toda presión de la competencia) entonces el
mercado no funciona, pues no emite las señales adecuadas a los participantes.
Aún con todo lo anterior, el sistema chileno tiene menos perversiones
que el sistema mexicano. Chile aún no obtiene calificaciones sobresalientes en
los exámenes internacionales, pero de volver al esquema de competencia libre
que predominó a inicios de los ochentas, la incompetencia actual se acabaría.
No se ve claro, pues hoy día
El sistema educativo mexicano es corrupto y deficiente. De no corregirlo
para meterle más competencia, seguiremos creando ciudadanos mediocres. En una
sociedad así, el retorno del populismo (y los mesiánicos) es una amenaza
latente. Asimismo, la ausencia de competencia en la educación básica, crea
incentivos para que prosigan los buscadores de rentas sindicales. Los más
perjudicados: los niños y los contribuyentes.
Con este esquema perverso de incentivos que premia a
la mediocridad educativa, el próximo año tendremos nuevamente otros conflictos
magisteriales. Y como siempre, otra vez, ¡que se jodan los niños!, ¡que se joda
el país!