Manteniendo
las predicciones relacionadas con las tendencias político-electorales señalamos
que seguramente se iba a confirmar la corriente del centro a la izquierda que
viene barriendo la región hace aproximadamente un lustro.
También
dijimos que –fuera del seguro triunfo de Uribe en Colombia- había tres casos
con algunas dudas, que se fueron despejando con los meses. La primera era Perú,
donde finalmente se impuso alguien de centro izquierda: Alan García. La segunda
duda era Brasil, pero ya Lula camina tranquilo hacia su reelección. La tercera
era México, dado que el candidato del oficialista Partido Acción Nacional (PAN)
–de centro derecha- había ascendido al segundo puesto y finalmente logró
imponerse por una muy escasa diferencia. Esto no significa que este país no se
haya corrido a la izquierda, porque en realidad se produjo un empate técnico
por menos de un 1 % de diferencia, sino que formalmente va a asumir la
presidencia alguien que no representa ideológicamente aquella corriente.
El
presidente Fox en sus 5 años y medio de mandato siempre estuvo evaluado por lo
menos con una calificación de 6, estando en los últimos meses más cerca de los
7 puntos (según la prestigiosa consultora Consulta Mitofsky).
Estas cifras llevarían a pensar una importante aprobación de su gestión. Sin
embargo, durante la mayor parte de su administración, la mayoría creyó que el
país llevaba un rumbo equivocado, que nunca o casi nunca le creyó al presidente
cuando hablaba, que no llevaba las riendas del país, y que la situación
económica de México estaba peor o igual de mal comparada con meses previos. La
pregunta es entonces ¿cómo es que tiene casi 7 sobre 10 de calificación? La
respuesta es que a Fox no se lo evalúa globalmente tanto por lo que hizo, sino
más en términos históricos por ser el primer presidente post 70 años del PRI.
Es decir, tiene un plus que le otorgó la sociedad, con el que probablemente no
contará su sucesor Felipe Calderón.
Pero
además, esta elección, a diferencia de la de 2000 cuando se impuso Fox, no tuvo
como eje central si se iba o se quedaba el PRI. En cierto punto permitió una
competencia más genuina, no teñida por la sombra de los 70 años. En esta
ocasión, un candidato con una buena imagen y una gestión bien evaluada –AMLO-
casi se queda con la presidencia de uno de los dos países más grandes de la
región, pese a tener un partido con mucha menos estructura que sus dos
contendientes, y una consideración un tanto negativa –el PRD. Esto de por sí es
un aviso de que allá también los medios empiezan a pesar más que las
estructuras.
¿Qué es lo
importante ahora? Olvidar ya la tragedia electorera y rezar, para que, quienes
conforman el equipo de planeación económica, se arriesguen a transformar el país
en los primeros 100 días de tomado el poder. De lo contrario, México se unirá,
al resto de países latinoamericanos, donde las elecciones están mediatizadas y,
la estabilidad macroeconómica genera una mediocridad en términos de expansión económica.
Es tiempo de crecer, y de crecer rápido. Vivimos ya en democracia, ahora
vivamos en el primer mundo.