A diferencia del dicho popular “tengo
una buena y una mala noticias,” en el caso de los países más bien se trata de
conjuntos de circunstancias favorables y desfavorables que presentan un
arrastre vectorial muy similar al de las corrientes marinas, cuya fuerza y
resultados son difíciles de medir de antemano pero que sin duda pondrán a
prueba la habilidad del piloto.
Revisemos el vector de buenas
noticias que se le presenta a Felipe Calderón:
·
El desempeño postelectoral de López Obrador le ha arrancado el
antifaz que le impedía ver a buena parte de sus votantes el grave peligro que
representaba para México su “proyecto” de Nación, lleno de populismo, promotor
del odio de clases y eminentemente autoritario. Haber podido atisbar en la
obscura entraña del demagogo delirante, ha obligado a un buen número de sus
correligionarios a tomar distancia y reflexionar sobre lo que debe ser un
verdadero proyecto de izquierda.
Por supuesto que siempre
hubimos voces y plumas que advertimos del peligro que la eventual llegada del
caudillo representaba desde antes que se adueñara de la capital, tanto entre los
que se clasifican de izquierda como entre quiénes pertenecemos a otro meridiano
ideológico –el que esto escribe, inscrito en el liberalismo clásico, razón por
la cuál me ofende tanto que entre los disfraces del demagogo haya estado el de don
Benito Juárez.
Quiénes lo apoyaron y
ahora han visto la luz, se ven hoy obligados a repensar el proyecto de lo que
la izquierda puede y debe hacer si quiere presentarse como opción viable en un
país democrático, cuyas instituciones, para no hablar de la ciudadanía,
respondieron notablemente bien ante las reiteradas situaciones críticas que han
enfrentado.
A pesar de ruidos y
aspavientos, prevalecerá la sensatez entre las corrientes mayoritarias de las
organizaciones de izquierda, y cada vez será mayor el ridículo del “legítimo”
en su Ínsula de Baratija, bien lejana de
La completa deslegitimización del proyecto populista, que no del de una
auténtica izquierda que está por surgir, le abre enormes oportunidades de
diálogo y trabajo en común a un presidente astuto como está mostrando ser Felipe
Calderón.
·
La dinámica política del PRI es hoy radicalmente distinta a
la que tuvo en los últimos seis años. Jugaron a oponerse a todo –con la
reiterada y miope provocación del Presidente Fox- con vistas a recuperar Los
Pinos por la vía de presentar a la población la flagrante ineptitud del
gobierno. Fracasaron en el intento por la pequeñez de su líder y porque
independientemente de sus muchos errores la administración de Fox tuvo aciertos
notables, como la estabilidad de la economía.
Felipe Calderón hereda,
por tanto, la gran posibilidad de construir puentes que nunca supo o quiso
tender Vicente Fox ante un PRI que tiene la opción de redefinirse en términos propositivos o morir en el intento de seguir como el muro en
el que se estrellan todas las iniciativas que requiere México.
·
La posibilidad de reacomodar las piezas en su partido para
que juegue un papel central en la concepción, ejecución y promoción de los proyectos
de su gobierno. Las tensiones dentro del PAN han llegado a tal nivel de
escándalo público, que el Presidente Electo tiene la obligación y la
oportunidad de cambiar a sus cuadros fundamentales para que operen en perfecta
sincronía con su gobierno.
Estas buenas noticias requieren de
mucho trabajo y talento para conseguir traducirlas en ventajas operativas, pero
el discurso y las recientes decisiones que se le han visto a Felipe Calderón
permiten ser optimistas al respecto.
Si no, ¿qué tienen en común Agustín Carstens y Jorge Alcocer? Que ambos conocen bien su oficio
y concitan respeto generalizado.