Maldita,
maldita herencia presupuestal la que le están endosando a Felipe Calderón. Y
todo por no hacer cumplir la ley. Primero, lo comentábamos la semana pasada,
las dádivas que ya le prometieron al Sindicato Nacional de Maestros para el
próximo sexenio (un botín de 41 mil millones de pesos, ó cerca de 4 mil
millones de dólares) y que se planea pagar a lo largo del periodo presidencial
de Calderón. Este arreglo significa que el presupuesto a educación se
incrementará el próximo sexenio en 1.5% del PIB. Pero no amigo lector, no se
deje engañar, no es dinero para mejorar la infraestructura y los métodos
educativos proporcionados a los alumnos de educación básica. Son puras
reasignaciones a salarios (re-nivelación) de maestros y, por supuesto, cuotas
jugosas a los líderes sindicales. Todo claro, vendrá de los contribuyentes.
Luego, el
anuncio inmoral del pago del bono sexenal a los burócratas (agrupados en
Sí,
definitivamente, Fox sucumbió al viejo corporativismo que le heredó el PRI. No,
no seamos ingenuos, es obvio, en sólo seis años del primer gobierno federal no
priísta, no se iba a terminar con los viejos vicios corporativistas (y sus
respectivos buscadores de rentas) que han predominado durante poco más de 70
años en la vida política y económica de México. No, no esperábamos dicha hazaña
de Fox. Pero como primer gobierno federal no priísta, los ciudadanos
esperábamos al menos señales, señales de legalidad e intenciones humildes, pero
sólidas, de empezar a romper con los viejos grupos parasitarios incrustados en
toda la burocracia administrativa y sindical. Ahí está la decepción, la gran
decepción.
La
tolerancia por parte de Fox a la intransigencia y chantaje que los parásitos
buscadores de rentas, ya está teniendo nefastas secuelas. Ahora al SNTE y
En materia
macroeconómica, ya lo hemos señalado, el gobierno foxista
termina con 10 (sobre todo en materia de estabilidad, no tanto de crecimiento
económico, pues aquí la culpa la comparte el aparato legislativo al no haber
cooperado con el Ejecutivo para realizar las reformas estructurales que México
necesita para modernizar su economía), pero en materia de legalidad y respeto a
los derechos de propiedad, francamente la administración sale reprobada. Sólo
hay que ver a Oaxaca tomada ya por la guerrilla.
En fin, ya la historia juzgará a la presidencia actual. Por lo pronto,
Agustín Carstens tendrá que hacer malabares en el
próximo sexenio para no caer en excesos presupuestales que pongan en peligro la
estabilidad de la economía mexicana. El reto para la administración calderonista es que el próximo año es muy probable que el
precio del petróleo esté muy por debajo del nivel actual; asimismo, las
reservas petroleras de Cantarell (de donde se extrae
la mayoría de la producción petrolera mexicana) se están agotando, por lo que
serán imprescindibles nuevas inversiones para que México mantenga su actual
plataforma petrolera de producción y exportación; hay señales también de que la
economía norteamericana crecerá menos el próximo año. Todo lo anterior
significa que México no tendrá un año fácil en el 2007, por lo que será de
crucial importancia mantener finanzas públicas equilibradas. El cumplimiento de
las promesas a los parásitos corporativos puede complicar esto, pues el próximo
año se incrementarán las transferencias a las pensiones del sector público -como
año con año lo hacen. Necesitamos a un Carstens bien
concentrado y a un Calderón cancelando dádivas a los parásitos.
La
aplicación de la ley, el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica serán
los primeros pasos para que se mantenga la gobernabilidad en México. La
designación de Carstens confirma que a Calderón le
importa lo segundo. En declaraciones recientes también ha expresado que el
estado de derecho será una prioridad para su gobierno. Tendrá que demostrarlo.
Para este propósito será de vital importancia que Calderón, a diferencia de
Fox, sí de señales de separación de los parásitos corporativos, y de una vez
por todas se entienda que el futuro de México ya no estará ligado a los viejos
grupos buscadores de rentas ni, por supuesto, estará en peligro el equilibrio
de las finanzas públicas.