Madrid (AIPE)- El martes 17 de octubre se produjo uno de esos
datos redondos que ofrece la estadística. Era el día en que la población de los
Estados Unidos alcanzaba los 300 millones de almas. Por mandato constitucional,
se realiza un censo cada 10 años, y el primero tuvo lugar en 1790. Poco después
se realizó uno en Gran Bretaña, y la población temía que fuera un paso previo a
una dictadura militar. La población de Estados Unidos creció a niveles
sorprendentes en el cambio del siglo XVIII al XIX, que despertaron los miedos y
la imaginación de Malthus.
No es mala ocasión para hacer una breve
reflexión sobre la población, especialmente cuando ciertos ecologistas se
plantean (como expresión de su insaciable inquina por el género humano) qué
bueno sería para
La de Estados Unidos es una buena noticia. No es
que estén creciendo a un ritmo alto, ya que, como el resto de países
desarrollados, su población ha ido moderando su ritmo natural de crecimiento
con el paso de las décadas. Pero el resultado es que seguramente nunca había
vivido una población tan grande en un entorno de libertad tan amplio. Tenemos
la suerte, además, de que los Estados Unidos importan a numerosos pobres (y no
tan pobres), que acuden a esa sociedad en la que su trabajo es mucho más
productivo. ¿Qué es lo que hace que una población amplia sea más una bendición
que la causa de desastres sin fin?
Adam Smith vio en la división del trabajo la causa
del desarrollo económico. Es cierto, como le reprochó Carl
Menger, que hay otra pata del desarrollo, que es la
acumulación de capital, que el primero no tuvo en cuenta. Pero entre sus
mejores hallazgos se encuentra que la división del trabajo está limitada por la
extensión del mercado. Si logramos engrandecer éste por el volumen de la
población o por la ampliación de las comunicaciones entre los ciudadanos,
estamos favoreciendo una de las causas del desarrollo económico. Con una mayor
población, se pueden hacer colaboraciones mucho más productivas. Mises explicó
en “
Esa desigualdad interpersonal no se limita a las
capacidades, sino también (como desarrolló Hayek) en
el conocimiento. Y cuanto mayor es la población, más pronunciadas son las
diferencias que explotar y más amplio es el conocimiento que se puede compartir
y coordinar. Dice Hayek en “
Se puede pensar que, de todos modos, tenemos que
crear riqueza con los medios materiales que tenemos, y éstos están dados. Pero
es un error, porque el valor que sepamos crear de ellos depende del uso que le
demos, y de la posición que le otorguemos en el proceso productivo. Y de cada
recurso podremos ampliar su productividad, bien incardinándolo en una sociedad
más amplia, con una división del trabajo más profunda, bien haciéndole
partícipe de un proceso productivo más capitalista. Cada nueva persona no es
sólo un nuevo devorador de bienes; es también un nuevo productor. Es más, dado
que la producción no es una cuestión física (recordemos a Lavoisier
y la ley de la conservación de la materia, luego materia-energía), sino de
valor, que es un fenómeno de la mente. Y "las mentes importan
económicamente tanto o más que las manos o la boca. Los seres humanos creamos
más de lo que utilizamos, de media".
Pero una población abundante no asegura nada.
Necesita poder cooperar en libertad, y no todos los entramados institucionales
sirven a esa libertad de igual manera. Por eso la llegada del estadounidense
300 millones es una excelente noticia.
___* Miembro del Instituto Juan de Mariana y
periodista de Libertad Digital.