10/31/2006
Oaxaca y los globafóbicos
Manuel Suárez Mier

Me pregunta un estimado lector cuál es la conexión entre la APPO e Indymedia, el conglomerado de periodistas y medios de comunicación que se oponen a la globalización y la economía de mercado, cuyo camarógrafo murió en una zacapela ocurrida en Oaxaca el viernes pasado.

 

Lo mismo que el mundo se ha encogido con la globalización del comercio, de las comunicaciones y la migración, los enemigos de la economía de mercado también se han globalizado como resulta evidente cada vez que hay una reunión internacional a la que acuden puntualmente a protestar.

 

El vínculo de globafóbicos extranjeros en los movimientos de protesta política de México quedó ampliamente documentada con la participación de grupos de choque como los “monos blancos” y otros turistas de la guerrilla.

 

De igual manera, en el caso de Oaxaca también hay un buen número de organizaciones y personas extranjeras involucradas no sólo en el apoyo propagandístico a nivel internacional del movimiento de protesta sino también en financiarlo y ofrecerle asesoría ideológica y técnica sobre cómo tomar ciudades y oponerse con mayor efectividad a las fuerzas del orden.

 

La pregunta resulta más difícil de responder es qué motiva a estos grupos a oponerse a la economía de mercado que ha probado sin lugar a dudas no sólo ser mejor como el mecanismo idóneo para que la sociedad pueda generar mayor riqueza sino también su superioridad moral al anteponer la libertad de las personas sobre cualquier otro principio.

 

El ilustre economista Jagdish Bhagwati ha calificado la filosofía de los grupos globafóbicos como el refugio de quienes carecen de otra opción desde la caída del comunismo que mientras existió permitía a muchos mantener viva la ilusión que ese gran esquema de ingeniería social produciría la felicidad social.

 

Al caer por los suelos el sueño comunista, quedó claro que el sistema no cumplió ninguna de sus promesas pero la desilusión no hizo que quienes se quedaron huérfanos ideológicamente aceptaran con mansedumbre el destino irremediable de tener que vivir en una economía de mercado globalizada.

 

Por el contrario, han construido una sólida y extendida red de protesta que se opone a cada paso y crea nuevos obstáculos a la marcha de la economía de mercado aunque no ofrece nunca una alternativa probada y viable de cómo organizar a la sociedad para vivir mejor de una manera efectiva.

 

Las “soluciones” que prometen los globafóbicos invariablemente pasan por un asambleismo obsesivo que ellos llaman democrático, reminiscente de los movimientos de protesta estudiantil, que resulta un mecanismo muy útil para la manipulación de las masas y la consolidación de liderazgos autoritarios.

 

Pero más allá de sus métodos, lo globafóbicos tarde o temprano acaban proponiendo soluciones y formas de acción que reproducen el paradigma colectivista, como si fuera posible recrear los ideales del sistema comunista pero haciéndolo, ahora sí, con muy buenas intenciones.

 

Para determinar el grado de involucramiento de organizaciones globafóbicas extranjeras en el caso de la APPO oaxaqueña, sería muy conveniente que las autoridades financieras, en estrecha colaboración con las de seguridad nacional, siguieran la ruta del dinero que les llega de fuera.

 

Una lección que deja la tragedia de Oaxaca es que no se pueden dejar pudrir problemas como el planteado por el secuestro de esa ciudad por casi medio año pues ello resulta en victorias propagandísticas para los transgresores de la ley y en permitirle hacer proselitismo abierto en la ciudad tomada.

 

Todo parece indicar que la recuperación de Oaxaca procedió con un gran orden y cuidado, por lo que hay que felicitar al gobierno federal, pero ahora empieza la labor más difícil que es la rehabilitar las heridas y restaurar un tejido social gravemente deteriorado.



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