Una y otra vez se afirma que la causa de la pobreza en
México es la desigual distribución del ingreso, lo cual da como resultado la
injusta distribución del mismo, nada de lo cual es cierto.
A quienes señalan que la distribución del ingreso es injusta
les pregunto ¿a partir de qué peso el ingreso de alguien comienza a ser
injusto? Hay que tener presente que lo que puede ser injusto es la manera de
generar ingreso (robando, engañando, defraudando, etc.), pero no un determinado
nivel de remuneración, generada en el mercado libre, lo cual quiere decir sin
ninguna intervención del gobierno.
A quienes afirman que la causa de la pobreza en nuestro país
es la desigual distribución del ingreso les pregunto ¿quién distribuyó,
desigualmente, el ingreso? Lo que hay que tener presente es que el ingreso no
se distribuye, se genera a partir de la participación, de los factores de la
producción, en la producción, distribución y venta de mercancías.
La causa de la pobreza no es la desigual distribución del
ingreso, que da como resultado la injusta distribución del mismo, sino la incapacidad
de los pobres para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso
suficiente para, por lo menos, satisfacer correctamente sus necesidades básicas.
Esta verdad se olvida con frecuencia, lo cual da como resultado políticas
públicas equivocadas, que no solamente no resuelvan el problema, sino que lo
agravan, tal y como es el caso de las políticas redistributivas,
que tienen como objetivo quitarle a unos para darle a otros, igualando el
ingreso de la gente y, por ello, corrigiendo su injusta distribución, todo lo
cual apunta en la dirección equivocada, tanto desde el punto de vista de la
justicia (el gobierno quitándole a unos para darle a otros), como de la economía
(la redistribución no logra que los pobres sean capaces de generar ingresos
suficientes). El reto no es que los pobres tengan
dinero sino que generen ingreso.
El problema no es la desigualdad - la diferencia de ingresos
entre unos y otros -, sino la pobreza, es decir, la incapacidad de los pobres
para, por medio de un trabajo productivo, generar ingresos suficientes para,
por lo menos, satisfacer sus necesidades básicas, que son aquellas que, de
quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida.
Si el problema no es la desigualdad, entonces la solución no
es la igualdad, que bien puede conseguirse en medio de la pobreza. Si el
problema es la pobreza (y el problema ES
la pobreza), entonces la solución es la riqueza, entendida como la capacidad de
la gente para producir (o para colaborar en la producción), de bienes y
servicios por los cuales los consumidores estén dispuestos a pagar un precio
tal que permita generar un ingreso suficiente.
Si el problema no es la desigualdad, entonces la solución no es la redistribución del ingreso. Si el problema es la pobreza (y ese ES el problema), entonces la solución es la creación de riqueza de parte de los pobres. Este es el reto, creación de riqueza de parte de los pobres, para el cual contamos con una ventaja: el ejemplo de todos los países que han logrado, en los últimos doscientos cincuenta años, superar la pobreza y alcanzar un nivel de vida que, a mediados del siglo XVIII, hubiera parecido imposible. No lo fue, y la pregunta que debemos hacernos es ¿cómo le hicieron? La respuesta, en muy buena medida, está a la vista. Entonces, ¿por qué somos incapaces de verla?