10/31/2006
Ingreso: Aclarando el punto
Arturo Damm

Una y otra vez se afirma que la causa de la pobreza en México es la desigual distribución del ingreso, lo cual da como resultado la injusta distribución del mismo, nada de lo cual es cierto.

 

A quienes señalan que la distribución del ingreso es injusta les pregunto ¿a partir de qué peso el ingreso de alguien comienza a ser injusto? Hay que tener presente que lo que puede ser injusto es la manera de generar ingreso (robando, engañando, defraudando, etc.), pero no un determinado nivel de remuneración, generada en el mercado libre, lo cual quiere decir sin ninguna intervención del gobierno.

 

A quienes afirman que la causa de la pobreza en nuestro país es la desigual distribución del ingreso les pregunto ¿quién distribuyó, desigualmente, el ingreso? Lo que hay que tener presente es que el ingreso no se distribuye, se genera a partir de la participación, de los factores de la producción, en la producción, distribución y venta de mercancías.

 

La causa de la pobreza no es la desigual distribución del ingreso, que da como resultado la injusta distribución del mismo, sino la incapacidad de los pobres para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso suficiente para, por lo menos, satisfacer correctamente sus necesidades básicas. Esta verdad se olvida con frecuencia, lo cual da como resultado políticas públicas equivocadas, que no solamente no resuelvan el problema, sino que lo agravan, tal y como es el caso de las políticas redistributivas, que tienen como objetivo quitarle a unos para darle a otros, igualando el ingreso de la gente y, por ello, corrigiendo su injusta distribución, todo lo cual apunta en la dirección equivocada, tanto desde el punto de vista de la justicia (el gobierno quitándole a unos para darle a otros), como de la economía (la redistribución no logra que los pobres sean capaces de generar ingresos suficientes). El reto no es que los pobres tengan dinero sino que generen ingreso.

 

El problema no es la desigualdad - la diferencia de ingresos entre unos y otros -, sino la pobreza, es decir, la incapacidad de los pobres para, por medio de un trabajo productivo, generar ingresos suficientes para, por lo menos, satisfacer sus necesidades básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida.

 

Si el problema no es la desigualdad, entonces la solución no es la igualdad, que bien puede conseguirse en medio de la pobreza. Si el problema es la pobreza (y el problema ES la pobreza), entonces la solución es la riqueza, entendida como la capacidad de la gente para producir (o para colaborar en la producción), de bienes y servicios por los cuales los consumidores estén dispuestos a pagar un precio tal que permita generar un ingreso suficiente.

 

Si el problema no es la desigualdad, entonces la solución no es la redistribución del ingreso. Si el problema es la pobreza (y ese ES el problema), entonces la solución es la creación de riqueza de parte de los pobres. Este es el reto, creación de riqueza de parte de los pobres, para el cual contamos con una ventaja: el ejemplo de todos los países que han logrado, en los últimos doscientos cincuenta años, superar la pobreza y alcanzar un nivel de vida que, a mediados del siglo XVIII, hubiera parecido imposible. No lo fue, y la pregunta que debemos hacernos es ¿cómo le hicieron? La respuesta, en muy buena medida, está a la vista. Entonces, ¿por qué somos incapaces de verla?



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