Muchos
gobiernos en México se sienten herederos de la revolución, sean priístas o perredistas, pues de ellos es patrimonio la historia
nacional, y aplican de la manera más arbitraria los preceptos de la izquierda
revolucionaria y el nacionalismo más recalcitrante, de estos extremos lo que
nos queda es una visión patrimonialista y corporativista de la función del
gobierno.
Esta
política es la que hace concebir el servicio público como el uso y abuso del poder,
los ciudadanos no son más que un estorbo y una fuente de ingresos, legales o
no, pero a eso nos reducimos, a ser meros números o meros derechohabientes,
pero no hay nadie que respalde nuestros derechos pues la ley en esta visión es
muy flexible hacia la autoridad y muy ajustada hacia Juan Pueblo.
Los
devinieres de estos “gobernantes” son más que preocupantes pues su política se
basa en asegurar los votos para la próxima elección y no la de beneficiar a sus
votantes. De esta forma se aseguran de tener obras “listas” para las elecciones
de repartir licencias, legales o ilegales, antes de fechas políticas calve,
repartir ayudas asistencias a grupos sensibles o promover beneficios
gubernamentales a movimientos ilegales o extralegales que garanticen una cuota
fija de votos. Así lo demás es impunidad y desgobierno.
La impunidad
y el desgobierno se basan en la visión de que el triunfo electoral y por tanto
el gobierno y sus recursos son propiedad del ganador por el período que fue
electo. Así las cosas se valen los “quinazos” para perseguir o cortar los “subsidios”
a los socios de sus antecesores, se valen las corruptelas para beneficiar a sus
familiares en puestos públicos, se valen las obras faraónicas, los cambios
legales y todo aquello que los haga sentirse el “Cacique” del pueblo y que como
dice el dicho sus chicharrones sean los que truenan. Se construye pues un
gobierno autoritario y poco transparente, que no rinde cuentas a sus
gobernados.
Pero lo más
preocupante es que nos quieran imponer su agenda política o sus modos de ver la
vida, lo peor es su presencia mediática para hacer pública esta agenda. Así
atacan a los medios o a todo aquel que se atreva a señalarles sus obligaciones
como el caso de la seguridad, de las marchas o de las indemnizaciones, a esos
se los tacha de reaccionarios, conservadores, derechosos
y hasta confabuladores de planes contra sus gobiernos.
Los ejemplos
y los personajes abundan pero para muestra unos cuantos. Encinas y sus
invitaciones a poner plantones ajenos en la ciudad, vamos, hasta servicio
médico les ofrece; Ulises Ruiz y sus marchas “organizadas” para defender su
gobierno, el alcalde de Acapulco bañándose en sus mugres playas para desmentir
la contaminación, la policía de Playa del Carmen que quita placas o secuestra
documentos personales para obligar a los “turistas” a pagar multas, la hoy ex
delegada en Cuauhtémoc que clausura un hotel por
servir a Fidel Castro, que de los gobiernos variopintos que organizan “cumbres”
y eventos culturales con los excedentes petroleros.
El caso es
que estos gobiernos no son exitosos en competitividad, no desregulan,
no hacen cumplir la ley, no prestan servicios públicos adecuados, construyen
elefantes blancos, no persiguen a la delincuencia, pero refrenda los triunfos
para sus partidos, asegurando el dinero, los puestos y la impunidad. Así pues
lo público, propiedad, gobierno, leyes, medios, etc., en México se transforma
en privado por virtud de la política y de las elecciones. Así México sigue
siendo una utopía, los gobiernos locales y municipales se transforman en feudos
y los ciudadanos en meros súbditos de los caprichos de sus majestades nuestros
gobernantes.