La actual administración
municipal de la ciudad capital que encabeza Ernesto Gándara Camou,
mejor conocido como El Borrego, tiene dos tareas fundamentales o dicho de otra
forma y visto en perspectiva, tiene que trabajar en dos enormes vertientes.
De acuerdo a nuestra modesta
percepción el recién estrenado alcalde del antiguo Pitic
está obligado a, por un lado, remediar los enormes rezagos que le dejara su
intensamente publicitada antecesora, y por el otro, a promover la modernización
que la “capital del noroeste” pide a gritos. Veamos.
Hermosillo, después de casi
una década de administraciones del Partido Acción Nacional, luce como una
ciudad de infraestructura urbana obsoleta, deteriorada, deficiente y
conflictiva. Su aspecto es en
general descuidado y sucio y le caracteriza un enorme, inmenso, interminable
cinturón de pobreza, entreverado con fraccionamientos proyectados para familias
poco exigentes a quienes no le preocupan las estrechas callejuelas, los pavimentos
–cuando los hay- de bajísima calidad, los deficientes servicios de agua,
drenaje, energía, transporte y seguridad.
En este rubro Ernesto Gándara
tiene para entretenerse 48 horas al día y todavía le faltaría tiempo. Y
recursos ni se diga.
La segunda tarea que tiene
nuestro alcalde, como por ahí habrá escuchado estimado lector, lectora, consiste
en proyectar la infraestructura y equipamiento mínimo para un Hermosillo del
siglo XXI que ofrezca las condiciones básicas a una economía que se base en el
enorme potencial del recurso humano preparado en los no pocos centros de
educación superior disponibles.
En los dos gigantescos campos de acción que la administración
municipal actual tiene, se requiere de cantidades magníficas y calidades
altísimas de recursos, voluntad y habilidad, que según se dice, no le faltan a
nuestro presidente municipal.
La naturaleza fue pródiga con
Ernesto Gándara al acompañar su toma de posesión con una excelente racha de
lluvias que tuvieron la virtud de recargar acuíferos y presas, permitiendo
entre otras cosas que se suspendieran los molestos tandeos que la anterior
administración implantó para desagrado de los hermosillenses.
Recordemos, sin embargo, dos
de los grandes rezagos que en materia de agua potable dejaron los políticos y
políticas panistas que ocuparon el sillón municipal
por tres trienios. Uno, la rehabilitación de la red de distribución y, dos, la
implantación de una verdadera cultura del agua. Para el primero se necesitan
obras costosas que al terminarlas no se ven –de ahí su falta de atractivo- y
para el segundo se requiere de un esfuerzo colosal de educación y aplicación de
la ley que involucra desgaste político, lo cual ninguno de los presidentes
municipales quisieron enfrentar, puesto que en su corazoncito se albergaba el
anhelo de llegar al otro palacio, al del Gobierno del Estado.
Por razones de espacio no nos
extendemos en los otros temas sensibles para los hermosillenses como son los de
infraestructura urbana, vialidad, transporte, seguridad, cultura, deporte y
esparcimiento, pero que conste que cada uno de ellos por separado tiene un
significado enorme a la hora de visualizar a Hermosillo como la ciudad capital
que merece ser y como el centro de población que atraiga las inversiones
necesarias para que se convierta en el polo de desarrollo que por ahí se dice
que puede ser.