11/9/2006
Democracia y seguridad
Manuel Suárez Mier

Con motivo del viaje del presidente electo Felipe Calderón a Washington, en mis últimos Aquelarres Económicos me he dedicado analizar el ambiente que encontrará al llegar a esta capital ahora que Estados Unidos se ha teñido de azul, color característico del partido demócrata.

 

La Cámara de Diputados pasó a control de los demócratas, como se había pronosticado, y el senado aún no se sabe pues los resultados en Montana y Virginia son demasiado cerrados, pero de confirmarse las tendencias los demócratas también tendrían su control.

 

Sin duda estas son peores noticias para George W. Bush de lo que la mayoría de los expertos pronosticaba pero como escribí en artículos previos, no lo son para México, pues la posibilidad de que se apruebe un convenio migratorio más favorable para nuestros paisanos es apreciablemente mayor.

 

Discutí también otros temas cruciales de la agenda bilateral como la preocupación en Washington con la seguridad nacional y la inflexible y a final de cuentas fallida estrategia de EU para combatir el narcotráfico, y cómo se pueden plantear estos asuntos de la mejor forma para los intereses de México.

 

Hay, además de los anteriores, otros temas que son del mayor interés en Estados Unidos y que, a mi juicio, Calderón debería plantear:

 

§         Consolidación democrática. Vicente Fox nunca aprovechó el “bono democrático” de haber sido elegido en comicios libres y equitativos, pero Felipe Calderón puede todavía sacar provecho de su indudable legitimidad, sobre todo cuando prevalece la posición golpista del candidato derrotado. A este respecto, hay que hacerle notar a las autoridades norteamericanas la estrecha relación del ex-candidato del PRD con los terroristas que han empezado a poner bombas en nuestro país en perjuicio precisamente de las instituciones a las que él “mandó al diablo.” Hay que tener presente que la administración de Bush da una importancia inmensa a las elecciones democráticas y que estará dispuesta a apoyar con decisión a un gobierno democráticamente electo que se vea en peligro.

 

§         Compartir análisis de “inteligencia.” Al gobierno de Bush le preocupan también los signos de ingobernabilidad y violencia que se han generalizado en México. Ellos hacen análisis de estas situaciones mediante el trabajo que realiza la Oficina Nacional de Inteligencia que agrupa a las 16 agencias que se dedican al espionaje y que dirige nada menos que John Negroponte, quien fuera embajador en México entre 1988 y 1993. En el pasado ha habido momentos en los que Estados Unidos se negó a compartir información y análisis con México cuando juzgaron que sus funcionarios no eran confiables, por lo que Felipe Calderón debe nombrar a personal conocedor e intachable en estas áreas y aprovechar su visita para discutir con Bush y Negroponte la posibilidad de una cooperación más cercana que permita no sólo ayudar a desactivar la violencia terrorista en nuestro país, sino también auxilie a combatir mejor a los narcotraficantes y a inmigrantes indeseables en México.

 

§         Nuevas iniciativas en materia de seguridad. En Estados Unidos se está discutiendo la posibilidad de incorporar a México a organismos que son sólo binacionales –Canadá-EU- hasta el momento, como NORAD, el Comando para la Defensa del Espacio Aéreo en Norteamérica, a cargo de monitorear y defender el espacio aéreo entre Alaska y Panamá; la posibilidad de crear fuerzas trinacionales que mantengan la paz en Norteamérica; y la conveniencia de organizar en Canadá y México agencias públicas que se asemejen a la secretaría de Seguridad Territorial que creó Estados Unidos después de los ataques terroristas del 9/11.

 

Estos son sólo algunos ejemplos adicionales a los que ya discutí de la amplia gama de temas que interesan en Estados Unidos y que parece oportuno aprovechar el viaje de Calderón para empezar a debatir.



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