Los abundantes recursos fiscales que México ha obtenido en
los últimos años gracias a los precios elevados del petróleo fueron una de las
principales causas de la ausencia de reformas estructurales para incrementar la
productividad.
Sin tales reformas el crecimiento económico sigue padeciendo
una barrera infranqueable. En años afortunados, como el 2000, el crecimiento ha
llegado a la soñada cota de siete por ciento anual, pero se trató –como bien
pudimos comprobar apenas la economía estadounidense entró en una fase recesiva
en 2001- de un registro efímero producto de la acumulación de los beneficios
derivados del fuerte crecimiento de la economía estadounidense, que se
transmitieron a México gracias a la integración comercial con Estados Unidos.
Son varios los trabajos de investigación en el mundo que han
demostrado que la abundancia de recursos naturales –especialmente, petróleo- en
gran parte de los países en desarrollo actúan más como una barrera al
crecimiento sostenido que como un detonador del mismo.
La razón es clara y la expone el profesor Richard M. Auty, profesor de Geografía Económica en
Se trata de un asunto de incentivos perversos: La abundancia
natural genera grandes grupos de poder y de presión –cazadores de rentas- que
se convierten en el principal obstáculo a reformas que incrementen la
productividad, justo porque tales reformas ponen en riesgo la apropiación de
esas rentas exorbitantes.
Por contraste, los países en desarrollo con una pobre dotación
de recursos naturales –petróleo, cobre, carbón, tierras fértiles, entre otros-
tienen un fuerte incentivo a realizar reformas alineadas al interés de las
mayorías pobres; existe una fuerte presión social para generar riqueza a través
de mejoras sustanciales en la productividad.
Estas dos trayectorias contrapuestas –países en desarrollo
con ricos recursos naturales que incurren en crisis de balanza de pagos y
eluden hacer reformas estructurales contra países en desarrollo con una pobre
dotación de recursos que hacen reformas y sostienen políticas fiscales y
monetarias responsables y prudentes- las ejemplifica Auty
con los casos de decenas de países desde 1960 hasta la fecha de publicación de
su libro.
A la vista de estos contundentes malos resultados, el
relativamente próximo agotamiento de la riqueza petrolera de México no es tan mala
noticia. Lo cierto es que la bonanza gratuita nunca es buena consejera.
Ojalá los diputados reflexionaran sobre
las grandes ventajas –paradójicas ventajas que parecen ir contra la intuición-
de tener restricciones presupuestales de veras duras.