El reciente proceso electoral de los EU, contiene
sabias lecciones que los mexicanos debemos de aprovechar. En Noviembre de 1994,
después de cuatro décadas, el partido Republicano arrebataba el control del
congreso a los demócratas, con el ejecutivo a cargo de un uno de sus miembros, Bill Clinton.
Los votantes protestaban cuando Clinton
intentaba derrumbar el edificio que Ronald Reagan construyera y, sorprendentemente, ante un congreso
de oposición. En Enero de 1995, Newt Gringrich asumía el liderazgo de la Cámara de
Representantes armado de su Contrato con América, un agresivo mapa para
rescatar el país del recurrente Keynesianismo.
Por primera vez, en décadas, el gobierno de los EU
se estructuraba con un presidente demócrata acotado por un congreso
republicano, pero con agenda diferente. Ante tal encrucijada, se pronosticaban
enfrentamientos que lanzaran al país a un abismo de negras profundidades. Pero
¿Qué sucedió? Bill Clinton,
entendiendo el mensaje de la sociedad, contrataba al asesor estrella, Dick Morris, para auxiliarlo ante
semejante "amenaza."
Clinton aceptaba la agenda de los Republicanos y, con gran
disimulo, actuaría como discípulo del Reganismo. Ante
las temerarias acciones requeridas por la agenda, cargaba la factura a los
Republicanos asumiendo los beneficios. ¿Los resultados? Una coordinada orquesta
produciendo años de bonanza pero, sin haber restaurado los daños a los
cimientos del edificio al inicio de su mandato, se gestaba ya la recesión del
2000.
Jefferson sabiamente afirmaba: "El precio de la libertad
es la eterna vigilancia." El mecanismo estructurado para evitar ese
enervante, la concentración del poder político, se rompía cuando George W. Bush era electo
presidente acompañado por un congreso controlado por su mismo partido. Se le
entregaba ese poder absoluto olvidando las palabras de Lord Acton:
"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente."
La revolución de Ronald Reagan parece haber terminado cuando los demócratas, llenos
de resentimientos, se adueñan del congreso. Uno de los protagonistas de aquella
revolución, Dick Armey, pregunta
¿Cómo llegamos a esta encrucijada? La respuesta es sencilla, los votantes se
hartaron de la cultura de corrupción gestada al perderse el "checks and balances." Los
republicanos archivaron las visiones de hombres como Reagan
y Goldwater.
El poder entregado a la administración Bush II, le permitía abandonar la disciplina fiscal que
fuera la identificación de su agenda. La visión de menos gobierno, impuestos
reducidos, gasto acotado, era remplazada por la infamemente llamaba
"fabrica de favores de Jack Abramoff."
Pero lo más confuso de este proceso, es que los republicanos hayan actuado como
demócratas tratando aferrarse al poder, mientras los demócratas actuaran como
republicanos para hacerse de él. El 90% de los nuevos congresistas demócratas,
parecen ser graduados del Reganismo.
El resultado de esta contienda no se debe de
considerar como triunfo de los demócratas, sino derrota de los republicanos. Lo
afirmo dándoles crédito por reclutamiento de sus candidatos que, repito,
parecieran graduados de la Universidad Ronald Reagan tanto que, el economista afro americano y gran
liberal, Tom Sowell, lo
califica como un "verdadero fraude electoral." Demócratas disfrazados
de abuelitas para devorar a la Caperucita Roja.
Los Demócratas explotaron las frustraciones de los
votantes, pero sin agenda o plan de vuelo. Ahora la gran duda es cómo
utilizarán ese poder adquirido. La nueva líder de la cámara de representantes,
Nancy Polosi, deberá decidir que tanto juego darles a
los viejos dinosaurios sobrevivientes de The Great Society, el verdadero
proceso socializante del país. Todos ellos producto de esa era y quienes
llevaron las administraciones de los años 70 y 80 al abismo de la Stagflación.
La semana pasada participé en la conferencia liberal
"The Freedom Summit." En ella, se debatieron dos temas que dividen
apasionadamente a la sociedad de EU, y causa principal de la debacle
republicana: La frontera entre nuestros países y la guerra en Iraq. Siendo problemas sumamente complicados, no voy a
tratar de agotar lo debatido y sólo describo las dos posiciones más extremas
expuestas puesto que, pienso representan pistas e intenciones.
Jacob Hornberger, abogado
liberal, apasionadamente afirma los EU no sólo deben de abandonar Iraq, deben de repatriar sus tropas regadas por el mundo
para concentrarse, y cada quien se rasque con sus uñas. Frosty
Wooldridga, profesor universitario, con la misma
pasión afirma EU debe sellar su frontera y, con argumentos apocalípticos
similares a los de Malthus alerta, el no hacerlo, en
menos de 50 años sumará a su población otros 100 millones, para hacer imposible
siquiera alimentarla.
Dick Armey, arremete contra
sus compañeros de partido sin entender no legislaran problemas tan importantes
como migración, la rehabilitación del comatoso sistema de seguridad social,
hacer permanentes los recortes de impuestos y, con el rumbo extraviado, se
dedicaran a debatir trivialidades como el matrimonio entre homosexuales.
Para los republicanos, ahora su reto es convencer a
la sociedad que ellos son el partido que los demócratas, con gran éxito,
pretendieron ser en esta elección. Si los republicanos regresan a sus políticas
sólidas, los votantes pro mercados libres, impuestos reducidos, menos gobierno
y más libertad, regresarán a ellos. No es posible tener un país en el cual lo
ofertado es lo malo y lo peor, que desemboque en una red estatista
similar a la de una Europa creciendo el 0.5%, gran sueño de los viejos
demócratas y, en mi opinión, el plato fuerte de su agenda.
Hay lecciones para México en este proceso, pero dos
muy importantes: Jamás permitir se vuelva a concentrar el poder estilo priista. Si nuestros congresistas no abandonan su posición
saboteadora para, como afinada orquesta, trabajar con el presidente en los
temas que le urgen al país, hay precios que pagar, y ahora si, apocalípticos.
Al presidente electo; ¡alerta! porque si el ala oxidada de los demócratas asume
el mando, se viene la euforia keynesiana del corto plazo, pero luego la cruda stagflacionaria que nos hizo perder 100 años, pues todavía
viajamos de polizones.
Finalmente, de las posiciones ganadas por los
demócratas, 80% fueron con márgenes de menos del 1% de los votos. Si los
republicanos hubieran decidido apejendejarse, el país
entero fuera un changolandia cuya capital Oaxashington, estuviera paralizada por los Sosa, Batres y Noroñas gueros acampados en el capitolio, otros violentamente
invadiendo la catedral se San Patricio, y un congreso paralelo legislando pendejadas.