Todo fin de sexenio es turbulento. Pero
éste lo ha sido de una manera muy especial e inquietante. Mientras que otros mandatarios
hacían todo lo posible en las últimas semanas de sus períodos de gobierno por
mantener el poder hasta el último día, o incluso para llevarlo más allá del
mandato constitucional, el presidente Fox parece tener
prisa por abandonarlo.
En un momento de ingenuidad, antes de una
entrevista con la agencia española EFE, lo sugirió el propio Fox cuando dijo, quizá medio en broma: “Ya hoy hablo libre.
Ya digo cualquier tontería. Ya no importa. Ya total, yo ya me voy.” Semanas
antes, el mandatario había expresado una actitud similar cuando afirmó que ya
había bajado la cortina. La ha recalcado, de hecho, al reconocer que el
conflicto de Oaxaca lo heredará a Felipe Calderón.
La verdad es que la situación de México es
realmente complicada. En la madrugada del 6 de noviembre estallaron bombas en
el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en la sede nacional
del PRI y en una sucursal bancaria. Otras dos bombas fueron encontradas en
otros puntos. Cinco grupos guerrilleros se atribuyeron los atentados. Tres días
después se hallaron 17 dispositivos explosivos en una bolsa en Celaya, en el
propio estado del presidente, en Guanajuato.
El conflicto en Oaxaca, mientras tanto, se
encuentra en un momento muy complejo. La Policía Federal Preventiva ha
permitido un respiro a los agobiados habitantes de la capital del estado, pero
la tensión está a flor de piel, especialmente en un momento en que el PRD ha
dejado de lado las máscaras y ha movilizado sus fuerzas en apoyo de la APPO.
Éste es un momento en que se requiere un presidente
concentrado al 100 por ciento en sus labores. Pero Fox
programó para el periodo del 10 al 19 de noviembre una larga gira internacional
que lo llevaría a Australia, país en el que vive una de sus hijas, la cual está
a punto de dar a luz, y Vietnam, donde además de realizar una visita de estado
participaría en la reunión cumbre de la APEC, la Asociación de Países de la
Cuenca del Pacífico. Si bien el Senado le dio la autorización para realizar el
viaje, los diputados de oposición se lo negaron en la cámara baja, lo cual
generó un acre intercambio de acusaciones entre el presidente y los
legisladores.
A tres semanas del término del sexenio, Fox parece tener prisa por dejar el poder. Y es realmente
una lástima. La experiencia nos dice que en la política como en la naturaleza
todo hueco se llena de inmediato. Y hay muchos grupos políticos, algunos con
designios poco democráticos, que están dispuestos a hacer todo lo que sea
necesario para aprovechar los huecos que está dejando el presidente Fox.