¿Cuáles fueron las causas de la
crisis financiera de 1994 y bajo qué escenarios podría repetirse en las actuales
circunstancias? Como concluí en mi Aquelarre
Económico de ayer, el periodo previo al estallido de entonces y lo vivido
este año tienen en común amenazas y presiones que no son de origen económico.
Estas incluyeron en 1994 asesinatos
de políticos prominentes; la aparición de una guerrilla en Chiapas que
militarmente resultó inofensiva pero que sembró inquietud en la sociedad; y,
sobre todo, la pérdida de la brújula de un gobierno que se había caracterizado
hasta entonces por su aplomo y claridad de metas.
Si a todo esto se suma un sistema
cambiario de bandas y una abultada deuda pública de corto plazo en dólares,
ciertamente la economía parecía vulnerable aunque no hizo crisis sino hasta que
el Presidente entrante decidió violar la promesa del gobierno, hecha desde 1987,
de evitar devaluaciones abruptas.
Se puede concluir que el gatillo de
la crisis de ’94 fue el desencuentro entre autoridades salientes y entrantes con
visiones radicalmente distintas del papel de la política cambiaria en la
estabilidad del país y de su impacto sobre las expectativas y reacciones de la
gente y de los mercados financieros.
Las diferencias con el escenario de
hoy en el relevo gubernamental son muchas y vale la pena hacerlas explícitas:
·
El país no tiene la deuda de corto plazo denominada en
moneda extranjera que tenía en 1994. De hecho, todos los compromisos externos
del país están cubiertos hasta el final de 2007 y la deuda externa del sector
público como proporción del PIB, neta de reservas internacionales, es muy modesta.
·
El desequilibrio en la cuenta corriente de la balanza de
pagos, que en 1994 superaba el 5% del PIB y era motivo de preocupación, en este
año se estima que será de apenas de 0.6% del PIB.
·
La política cambiaria es esencialmente distinta, al estar hoy
en un régimen de libre flotación con interferencias mínimas de la autoridad
monetaria.
·
No hay ningún desencuentro entre funcionarios entrantes y
salientes en el manejo de los asuntos financieros, lo que garantiza que a este
respecto no habrá sobresaltos.
·
El Presidente Felipe
Calderón, a diferencia de Ernesto Zedillo,
no abriga la intención de dictar el manejo de las finanzas ni de interferir en
la política cambiaria. Queda claro de su discurso su firme propósito de delegar
esas responsabilidades en las autoridades apropiadas, con Agustín Carstens y Guillermo
Ortiz al frente de Hacienda y del banco central, respectivamente.
Entonces, ¿la solidez financiera y
en la transición de equipos expuesta aquí indican que el blindaje de nuestra
economía es hoy inexpugnable en cualquier escenario? Por desgracia, este no es
el caso. La creciente violencia que prevalece en el país podría desembocar en
una situación de ingobernabilidad.
En su afán por “mantener la paz
social,” para usar las palabras del Presidente Vicente Fox, el gobierno saliente dejó pasar impunemente
innumerables violaciones a la ley y dejó crecer conflictos como el de Oaxaca,
que plantean en estos días un reto frontal a las instituciones y al próximo
gobierno.
Si los movimientos antisistémicos
como
Ante una situación de esa naturaleza
no hay blindaje financiero que valga. Por fortuna, el discurso de Felipe
Calderón ha privilegiado siempre la restauración del orden y la paz, y la
necesidad de hacer cumplir la ley. Para ello, cuenta con una plena legitimidad
e instituciones que no se han usado cabalmente.