11/16/2006
Énfasis en las instituciones
Arturo Damm

Calderón podría haber escrito, en el documento Temas Legislativos para la Agenda Nacional, que “las crecientes necesidades de nuestro país implican la urgencia de políticas económicas que nos permitan enfrentar la modernidad con las mejores herramientas e instrumentos”. Calderón podría haberlo escrito, pero no lo hizo, y en su lugar escribió lo siguiente: “Las crecientes necesidades de nuestro país implican la urgencia de reformas institucionales que nos permitan enfrentar la modernidad con las mejores herramientas e instrumentos”. Más que practicar determinadas políticas económicas (monetaria, fiscal, comercial, industrial, etc.), cuyo objetivo es siempre modificar los resultados obtenidos por los agentes económicos en los mercados, el gobierno debe dotar a los mercados de aquellas instituciones que les permitan funcionar de la mejor manera posible, con el fin de producir más y mejor para un mayor número de gente.

 

Calderón ha diagnosticado correctamente: el pobre desempeño de la economía en materia de crecimiento, empleos e ingresos no se debe a las pocas y/o malas políticas económicas gubernamentales, sino a lo inadecuado de sus instituciones, con relación a tres variables claves: libertad, propiedad y competencia. Es más, las políticas fiscal y monetaria se han manejado con relativa prudencia, y los resultados están a la vista: estabilidad. ¿Qué falta? Mayor crecimiento, más empleos y mejores ingresos, todo lo cual no depende de las políticas económicas sino de la instituciones. Es por eso que Calderón afirma que “las crecientes necesidades de nuestro país implican la urgencia de reformas institucionales que nos permitan enfrentar la modernidad con las mejores herramientas e instrumentos”, y que “el marco institucional debe estar ordenado de tal forma que propicie la productividad y la generación de empleos”.

 

¿Qué son las instituciones? Las reglas del juego, que determinan qué se puede hacer y qué no, y cómo se debe hacer lo que sí se puede hacer, reglas del juego que regulan las relaciones humanas, entre las cuales se encuentran las relaciones de mercado, es decir, de intercambio. “Es innegable – señala Douglass C. North, premio Nóbel de Economía 1993 -, que las instituciones afectan el desempeño de la economía”, y que “el desempeño diferencial de las economías a lo largo del tiempo está influido fundamentalmente por el modo en que evolucionan las instituciones”. (Un texto de North al respecto puede encontrarse en Letras Libertarias). Lo importante para lograr crecimiento, desarrollo y progreso económico son las instituciones y su evolución, no las políticas económicas y su aplicación. Lo importante es el institucionalismo, no el keynesianismo o, dicho de otra manera, lo importante es que las reglas del juego permitan el mejor funcionamiento de los mercados, no que las políticas económicas del gobierno modifiquen sus resultados.

 

Calderón ha dicho que “al Estado le corresponde crear las condiciones favorables y propicias para que los mercados puedan funcionar adecuadamente...”, lo cual demanda, en el caso de la economía mexicana, la puesta al día de su marco institucional, comenzando por el capítulo económico de la Constitución, artículos 25 al 28, fundamentalmente. La tarea no es fácil, pero resulta indispensable.

 

Para conseguir crecimiento, desarrollo y progreso económico se requiere que los mercados funcionen de la mejor manera posible, y para lograrlo hay que mejorar las instituciones, es decir, las reglas del juego, con relación a la libertad, la propiedad y la competencia. De entrada el diagnóstico es correcto. Lástima que es, solamente, el primer paso.



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