William Easterly ha sido el más
agudo crítico de las propuestas de Jeffrey Sachs para combatir la pobreza en el mundo. Ayer, en The Wall Street Journal la crítica de Easterly fue al corazón del problema: Las propuestas de Sachs, quien es asesor del Secretario General de las
Naciones Unidas, tienen la misma matriz que las de la economía centralmente
planificada que fracasó estrepitosamente.
Easterly argumenta:
Jeffrey Sachs en
su libro “The End of the
Poverty” ofrece su propia versión de la
planificación central –en 449 etapas- para terminar con la pobreza en el mundo,
en este caso dirigida por el Secretario General de
Y remata: Sachs, desde luego, no
está a favor de la economía centralmente planificada como sistema económico,
pero de cualquier forma ofrece como solución el mismo esquema para los
multifacéticos problemas de todos los pobres del mundo. “Si usted quiere el
mejor análisis de por qué el señor Sachs y sus
correligionarios en Hollywood y en
En su libro más reciente –“The White Man’s Burden”- Easterly explica que los programas y planes de ayuda a los
pobres del mundo –emprendidos por instituciones como el Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional y, desde luego, las Naciones Unidas- carecen de cuatro
cosas: 1. Retroalimentación de los beneficiarios (consumidores) de la ayuda, 2.
Incentivos, 3. Rendición de cuentas y escrutinio independiente (accountability) y, en consecuencia, carecen también de:
4. Buenos resultados.
La crítica de Easterly es
demoledora porque su libro reporta multitud de datos duros que no dejan lugar a
dudas: Conforme aumenta la “ayuda” de Occidente a los países más pobres del
mundo, tales países empobrecen más.
La polémica no es nueva, pero la irrupción del gran libro de
Hayek la enriquece –y, a mi juicio, la resuelve,
ahora en el terreno de las ideas, a favor de Easterly-
y la lleva a un asunto más amplio y acuciante: ¿Por qué
siguen nuestros políticos fascinados –enajenados- por las trasnochadas ideas de
la planificación económica central?, ¿por qué seguimos pariendo planes tan
ambiciosos, como vanos y caros, pretendiendo diseñar el futuro económico de
millones de personas desde un escritorio o detrás de una mesa de conferencias?